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La ausencia de candidatos a jurado popular obliga a aplazar un juicio

La vista por el asesinato de un senegalés en el barrio del Besòs se celebrará en abril

El juicio a un padre y su hijo por el asesinato de Ibrahima, un joven senegalés del barrio de Besòs (Barcelona) debía comenzar ayer ante un jurado popular. Pero la inusitada ausencia de una decena de las personas que habían sido elegidas como candidatas a jurado obligó a suspenderlo, al menos, hasta el próximo abril. Ibrahima murió el 3 de enero de 2012 de un disparo tras mantener una discusión con una familia de etnia gitana.

La vista oral debía comenzar, precisamente, con la elección de las nueve personas (de entre una treintena) que debían integrar el tribunal popular. Una decena de aspirantes, sin embargo, aportaron justificantes (debidamente motivados) que les permitieron eludir el proceso de selección. Los candidatos fallidos adujeron, en algunos casos, razones médicas; en otros, que habían formado parte, recientemente, de otros jurados populares.

Los candidatos fallidos adujeron, en algunos casos, razones médicas; en otros, que habían formado parte de otros jurados populares

Entre enfermedades y coincidencias, el caso es que la Audiencia de Barcelona se quedó sin candidatos suficientes. Aunque son solo nueve los ciudadanos que deciden sobre los hechos, las partes —la Fiscalía, el resto de acusaciones y la defensa— tienen derecho a recusar a algunos candidatos. El presidente de la sala consideró que, debido a las bajas, no había suficientes garantías para hacer esos descartes y optó por aplazar la vista. El juicio se celebrará, probablemente, el próximo mes de abril, según fuentes judiciales.

En el banquillo se sentarán cuatro miembros de la misma familia, aunque los principales acusados son el padre y uno de sus hijos. Este último fue el que disparó a Ibrahima, según la Fiscalía, que pide para ambos 20 años de prisión. El fiscal les aplica una agravante al considerar que actuaron movidos por el odio racial. Ambos están en prisión desde que fueron detenidos, tres días después de los hechos.

El crimen consternó al barrio del Besòs y tensionó la convivencia entre la comunidad gitana y la senegalesa. El suceso ocurrió cuando Ibrahima, de 32 años, se encontraba jugando a fútbol en la calle junto a unos compatriotas. El padre, Antonio F. P., le recriminó que jugaran cerca de su casa con expresiones racistas (“hijos de puta, negros de mierda”), lo que provocó la respuesta de los jóvenes. El padre conminó a sus hijos actuar —“estos negros me han faltado al respeto, hay que matarlos a todos”, dijo— y uno de ellos, Antonio F. G., disparó mortalmente contra el senegalés.