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Baile global y talento poético

'Haablk!' es una bella obra de danza urbana ligada a la poesía

Dos de los bailarines que intervienen en Haablk en una foto de promoción.
Dos de los bailarines que intervienen en Haablk en una foto de promoción.

No es fácil describir la emoción, compleja en sí misma, que transmite un artista que lo quiere dar todo de sí, que cree en lo que hace, que se promete vivir para lo que hará en el futuro. Este es el caso de los cinco b-boys con los que Pannullo ha armado su nuevo y sorprendente espectáculo.

Primero digamos que el espacio era inapropiado para la danza. Ingeniosamente, el coreógrafo ideó una proyección simultánea que hacía de fondo perspectivo y en cierta medida dinamizaba el poco fondo de escena, sus magras proporciones y la escasa visibilidad. La sala de la Casa Árabe es apta, y hasta quizás idónea para ver un filme u oír una conferencia, pero no para la danza. Sacando pecho de esa adversidad, Haablk! (en dialecto egipcio quiere decir ¡Nos vemos!) es una bella obra de danza urbana ligada a la poesía, y ojalá pueda verse de nuevo en un espacio generoso; con toda seguridad este experimento lo merece, y que más público sea sensibilizado por la propuesta muy estudiada, con una música soberbia y original, un vestuario meditado y un enfoque particular de las secuencias.

Haablk

Coreografía. Dani Pannullo; con Y. Doutroi, S. Yacoub E. Lamsiah, O. Chaikh, H. el Karroumi y H. H. Cherkaoui. Casa Árabe. 19 de noviembre.

Ya en 2008, Pannullo estrenó en la Casa Árabe otra pieza (era verano, montaron un escenario en el jardín) también con destellos y elementos orientalistas, en aquel caso, egipcios. Esta vez los chicos son de origen marroquí, pero algunos nacidos en España; hablan un castellano perfecto y dos de ellos escriben poesía y se autotraducen entre sus dos lenguas nativas. Es el caso de Yassir Doutroi y Oussama Chaikh, cuyos versos se escuchan dentro de la banda sonora dichos por ellos mismos en árabe y en castellano. Para los cinco danzantes, esta ha sido su primera experiencia escénica, llena de evocación, aderezando las rutinas globales propias del breakdance más evolucionado y actual con sus modos propios, donde hay una enorme carga sensorial y rítmica, sensual y expresiva, todo lo que les da carácter propio, diríase que el boceto de un estilo que los distinguiría en positivo. Sus cuerpos limpios y elásticos, muy entrenados y receptivos, creaban figuras casi escultóricas (como el símbolo emergente de la flor o el viaje a ninguna parte). Ni un tatuaje, ni una escarificación y ni siquiera un piercing o un aderezo. Sólo esa danza física y comunicativa donde no todo es alegría, donde a veces una ráfaga de oscura melancolía parecía apoderarse de ellos y transportarlos a una zona de éxtasis bailado. Sus solos fueron un sinuoso despliegue más emotivo que técnico y los dúos acertaban en coordinación. Son bailarines natos y versátiles en los que se nota la avidez por encontrar su sitio en el arte.

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