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‘Don Geraldo’ estrena su nueva casa

La residencia de Gerald Brenan en Churriana reabre como centro cultural

Gerald Brenan (derecha) y su amigo Ernest Hemingway en 1959. Ampliar foto
Gerald Brenan (derecha) y su amigo Ernest Hemingway en 1959.

Hace 13 años, Málaga le rindió el último homenaje hasta la fecha a uno de sus vecinos más ilustres. Fue en enero de 2001, cuando las cenizas del escritor e hispanista Gerald Brenan (Malta, 1894-Málaga, 1987) reposaron por fin junto a su esposa, la poeta estadounidense Gamel Woolsey, en el cementerio inglés de Málaga. Habían pasado 14 años de su muerte, a los 92 años en su casa de Alhaurín el Grande, tiempo en el que, por propia voluntad, su cuerpo había servido para la investigación médica.

Ahora, tras años de retrasos, la casa del siglo XIX en Churriana (Málaga) en la que el autor de Al sur de Granada vivió entre 1935 y 1969, en la que escribió sus mejores obras y que fue refugio de buena parte de sus amigos, como Bertrand Russell, Arthur Waley, Luis Miguel Dominguín o Ernest Hemingway, reabre sus puertas convertida en un centro cultural que pretende “unir lo cosmopolita con lo local, que es lo que hizo Brenan en su casa”, según apunta la periodista y novelista Silvia Grijalba, directora de la Casa Gerald Brenan de Churriana.

Brenan soñaba desde las trincheras con su futura casa mediterránea, donde poder leer y leer…

Ian Gibson, hispanista

Mientras se dan los últimos toques a la programación para 2015, que incluirá recitales poéticos, música, microteatro y seminarios, la casa del escritor se inaugura oficialmente este miércoles con unas jornadas dedicadas a la figura y obra de Brenan y a la de uno de sus íntimos amigos, el historiador y antropólogo Julio Caro Baroja (Madrid, 1914-Navarra, 1995).

El periodista y ensayista Tom Burns Marañón, nieto del científico e historiador Gregorio Marañón, será el encargado de abrir los actos inaugurales con una conferencia (12.30). La jornada de la tarde, también dedicada exclusivamente a la figura del hispanista, tendrá como protagonistas al escritor Carlos Pranger, albacea del legado de Brenan e hijo de Lynda Nicholson, su secretaria; el veterano periodista televisivo Alfredo Amestoy y, por último, el hispanista irlandés Ian Gibson, principal biógrafo de García Lorca y amigo de Brenan.

La voz del cantaor Juan Pinilla cerrará el primer día de andadura de la Casa Gerald Brenan. “Para mí ha sido todo un honor que me invitasen a la inauguración. Sentí una fuerte emoción porque yo siempre me consideré un discípulo del maestro Brenan y lo sigo siendo”, explica el hispanista Ian Gibson. “Recordaré lo que yo creo que le debemos todos, y que es su capacidad de transmitir esa curiosidad que él sentía por todo, sus ganas de aprender, su fascinación”, añade Gibson, que como el escritor, está a punto de cumplir su sueño de vivir en una casa frente al Mediterráneo, en el barrio de La Malagueta de la capital malagueña.

“Brenan buscó su propia liberación, huyendo de un padre muy estricto y, después, luchando en Flandes en la I Guerra Mundial. Soñaba desde las trincheras con su futura casa mediterránea, donde poder leer y leer… Era un hombre del Renacimiento; le interesaba todo. Nos contagiaba a hacer lo mismo”, recuerda el hispanista.

La última jornada, el jueves 30, estará dedicada a Julio Caro Baroja, íntimo amigo de Brenan, quien le convenció para que comprara una casa en Churriana, donde pasó largas temporadas.

Coincidiendo con la celebración del centenario de su nacimiento, el poeta Luis Alberto de Cuenca ahondará en su figura (11.30). Tras ella, la mañana dedicada al sobrino del escritor Pío Baroja, contará con la participación de dos de sus familiares: su hermano, Pío Caro Baroja, y su sobrina, Carmen Caro Jaureguialzo, hija del anterior. La sesión de la tarde tendrá como protagonistas al granadino Antonio José López López, investigador de la figura de Brenan, y al escritor Fernando Sánchez Dragó.

“Mostraré su relevancia en la antropología de la historia, ya que Julio Caro Baroja se consideraba un historiador. En lo personal, era un ser entrañable y muy generoso con los jóvenes que se le acercaban en busca de consejo. Recuerdo que me lo encontré en una librería, de viejo, en Madrid en los años 70 y no dudó en invitarme a que lo visitase en su casa. Así pasé 10 años, intercambiando opiniones y hablando sobre todo de libros. Él era un bibliófilo como lo soy yo”, recuerda Luis Alberto de Cuenca.