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OPINIÓN

Puñal y pistola

El ninguneo de Rajoy a Fabra es indicativo de por dónde van dichas encuestas

Un cierto aroma de fin de época entra por las ventanas de este otoño en el que languidecen los viejos discursos. Las peroratas de Alberto Fabra en las Cortes Valencianas, por ejemplo, suenan a réquiem. Las hiperbólicas promesas de quien se sabe un cadáver de permiso parecen un responso anticipado que el prócer se hubiera auto dedicado, en un curioso desdoblamiento, ante la inminencia de una muerte política prefigurada. Un final que puede venirle de las urnas, si finalmente fuera el candidato. O cosa más probable, de los suyos, que acaben forzándole a la retirada.

La renuncia a la candidatura a la alcaldía de Madrid de Ana Botella y la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón son dos indicadores precisos de por dónde va la estrategia de Mariano Rajoy: por lo que le digan las encuestas y los estudios demoscópicos que le prepara Pedro Arriola. Unas encuestas que para el presidente deben ser lo más parecido a lo que él denomina “el sentido común”. Y a partir de ahí, siguiendo con su retórica, “hacer lo que hay que hacer”, es decir, renunciar a los principios, como en el caso de la Ley del aborto, o liquidar a quien haga falta, aunque sea la santísima esposa de un Aznar que a fin de cuentas fue quien lo designó a él como su sucesor al frente de la derecha española. Con estos antecedentes pocos miramientos le cabe esperar a Alberto Fabra por parte de Rajoy, por mucho que fuera él quien lo aupó a la Generalitat tras la caída del denostado Camps. Todo dependerá de la horquilla que marquen las próximas encuestas entre Fabra y otro posible candidato. Si la diferencia a favor del nuevo es mínima, Rajoy evitará convulsiones internas y dejará que Fabra se estrelle, intentando minimizar los daños. Pero como las encuestas señalen que la renovación abre alguna posibilidad de mantener la Generalitat y con ella apoyos para las generales, Rajoy forzará su relevo.

De momento, el ninguneo de Rajoy a Fabra es indicativo de por dónde van dichas encuestas. Primero le deja cocerse en su propia salsa, manteniéndolo meses en la salita de espera del ministro Montoro, que demora y demora el encuentro pedido por una patronal valenciana quejosa con el trato del Gobierno central. A estas alturas no sólo es evidente que en esta legislatura no haber reforma de la financiación autonómica, sino que además cuando Montoro los reciba, los Presupuestos Generales del Estado estarán prácticamente cerrados y lo más que podrán aspirar es a una mísera limosna. Y el desprecio a Fabra se consuma cuando Rajoy recibe a Rita Barberá en la Moncloa y se cuida muy bien de que se difundan imágenes de la misma y de que se sepa que ha sido muy larga, pero sin que trascienda el contenido, con lo que se presta a todo tipo de especulaciones. Como la posibilidad de que la propia Barberá encabezara la lista de las autonómicas, o lo que sería más probable, que apoyara el desembarco de Esteban González Pons como candidato.

Así las cosas, no es de extrañar que la filtración del informe de la Conselleria de Hacienda sobre los desmanes económicos en Feria Valencia, cuyo patronato preside Barberá, haya sido interpretada como la respuesta de Fabra en esta sorda batalla interna. O como cantara Peret: “La noche del hawaiano, yo le dije a mi Lola, si tú llevas puñal, yo llevo pistola”.