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Se acabó el viajar a Murcia

Ikea abre su tienda de Alfafar con centenares de personas en la cola.

El primer cliente fue un joven hipotecado, al borde del desahucio.

Iván Herrero celebra ser el primer cliente en entrar en la tienda Ikea de Alfafar. Ampliar foto
Iván Herrero celebra ser el primer cliente en entrar en la tienda Ikea de Alfafar.

El fin de semana IKEA en Murcia o Madrid se ha acabado para los valencianos. Entre banderas suecas y papelitos azules y amarillos, los colores de la casa, centenares de clientes fueron recibidos en la primera tienda Ikea en la Comunidad Valenciana, inaugurada ayer en el parque comercial de Alfafar, tras días de espera acampados en el aparcamiento exterior entre vallas, bolsas y tiendas de campaña. La jornada de inauguración la precedió un acto oficial al que asistió el presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, junto con otras autoridades locales y directivos de la firma sueca para visitar los 37.000 metros cuadrados de las nuevas instalaciones de su decimosexta sede en España.

Como “un día histórico y esperado”, Fabra celebró la jornada de inauguración que, según sus palabras, “demuestra que la Comunidad Valenciana es una tierra de oportunidades para atraer la inversión extranjera y generar empleo y riqueza”. Durante el desayuno institucional compartido con las directoras de Ikea Valencia e Ikea Ibérica, Carolina García y Belén Frau, y la embajadora de Suecia en España, Cecilia Julin, el presidente anunció que el pleno del Consell aprobará este viernes la Actuación Territorial Estratégica (ATE) para implantar una nueva tienda Ikea en Alicante, con una inversión prevista de 700 millones de euros que dará empleo a más de 4.000 personas.

Tras la inauguración oficial, que contó con actos diversos como el montaje de una silla, un recorrido guiado por las instalaciones, la plantación de un árbol y una mascletà, Iván Herrero recibía el cheque de 500 euros con el que la empresa sueca premió a su primer cliente. Con 23 años, hipotecado y al borde del desahucio, gana 495 euros al mes como pinche de cocina para ayudar a su madre y sus dos hermanos, todos desempleados. “Todos los que estamos aquí hemos venido porque no tenemos nada. Pero hoy, gracias a ser el primero, voy a poder comprar unas cortinas a mi madre, una cama a mi hermana y algunas cosas para reformar el comedor, lo que nunca hubiera podido hacer sin haber estado cuatro días en cola”.

Sin trabajo ni subsidio, Ana Belén López, vecina de Puçol de 28 años y madre de tres hijos, aguardaba detrás de Herrero desde la tarde del sábado, acompañada por su novio, su madre y su padrastro, a la espera de conseguir sus vales por 100 euros otorgados a los primeros cien clientes de la nueva planta. “Los cuatro estamos en paro. Tengo una hipoteca de 600 euros que no puedo pagar desde hace dos años. Entre los cuatro queremos comprar un sofá, pero cambiaríamos nuestros cheques por un puesto de trabajo”, confesaba antes de entrar en el nuevo complejo que emplea a más de 700 trabajadores.

Entre los primeros cien clientes también estaban Amparo Puchades, vecina de Sedaví de 53 años, en el paro desde hace tres años después de trabajar como comercial en una inmobiliaria, y su marido, Ariel Díaz, ex trabajador de la obra como fontanero, parado desde hace cinco. “Nuestro objetivo era conseguir 200 euros porque vienen muy bien para hacer cosas que no puedes alcanzar cuando cobras apenas 300 euros para pagar los gastos. La situación de todos los que hemos estado en la cola es fatal. Si tuviéramos dinero, no hubiéramos aguantado tres días de espera para poder entrar”, explicaba mientras paseaba para buscar regalos para sus dos nietos.

Durante el recorrido, diseñado para que el usuario visite todas las secciones de la firma antes de salir, Emilio Todolí, un joven de 25 años de Benetússer, buscaba vajillas con su hermano y unos amigos, tras esperar a entrar desde el sábado por la tarde. Estudiante de un grado medio y sin empleo tras haber trabajado en la hostelería y en fábricas durante siete años, reconocía haber mandado un currículum a la empresa sueca para emplearse en la nueva sede. “Vivimos con nuestros padres y la única que trabaja es mi madre como directora comercial de una empresa de muebles dedicada a la exportación. Yo no he tenido suerte, pero al menos algunos amigos han conseguido trabajar aquí”.