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Clubes de ‘cannabis’ se anuncian por Internet para vender la droga

Detenidas tres personas de un local por dispensar marihuana de manera ilegal a turistas

El sector exige una regulación para acabar con estas prácticas

Asociación cannabica en la calle Aurora de Barcelona.
Asociación cannabica en la calle Aurora de Barcelona.

Basta con tener acceso a Internet, entrar en google y teclear “marijuana Barcelona”. Las diferentes opciones para comprar esta droga aparecen una detrás de la otra. Todas en inglés porque los clubes que se anuncian en la red buscan lo que ya se conoce como “turismo cannábico” y que está creciendo en la capital catalana mientras las administraciones prueban de encontrar la manera de regularlo.

Desde estas páginas de Internet cualquiera puede hacerse socio de un club por correo electrónico o por teléfono —hay varios para escoger— e incluso puede consultar los precios y los distintos tipos de marihuana que se pueden comprar. Por ejemplo, un gramo de AK47 cuesta 9 euros y un gramo de Silver Haze cuesta 10 euros.

Tras mandar un correo electrónico o llamar por teléfono, el vendedor facilita la dirección del club y avisa que para rematar la operación hace falta llevar el DNI y pagar 20 euros para hacerse socio, tal y como comprobó ayer este diario.

La ventana que han encontrado los clubes para poder dispensar cannabis es constituirse como asociaciones pero deben cumplir algunas condiciones: una es no tener ánimo de lucro y otra es dispensar solo a los socios, es decir, ser un grupo cerrado. “Esta condición permite cumplir la jurisprudencia y tiene el objetivo de garantizar que no hay un acceso indiscriminado”, explica Martí Cànoves, abogado penalista. En Cataluña hay unos 400 clubes de cannabis inscritos como asociaciones, la mitad de los cuales se encuentran en Barcelona. Muchos funcionan de manera legal, pero algunos otros no, como se puede comprobar entrando en la red.

La práctica está muy extendida y, de vez en cuando, los Mossos d'Esquadra intervienen. Ayer por la mañana, detuvieron a tres miembros de un club en Barcelona que captaba clientes en la calle para venderles droga.

La Federación de Asociaciones Cannábicas Autoreguladas de Cataluña (Fedcac) reclama desde hace años a la Generalitat algún tipo de regulación e insiste en distinguir los clubes que cumplen con la normativa y los que no. Han redactado incluso un manual de buenas prácticas y todas las entidades que entran a formar parte de la federación deben cumplirlo.

“Además de necesitar el aval de un socio, esperamos una semana antes de dar de alta al que quiere entrar, para evitar el turismo cannábico”, explica Albert Tió, portavoz de la Fedcac. La federación estima que entre todas las entidades pueden haber más de 165.000 asociados, 60.000 de las cuales consumen con asiduidad. La media de consumo entre estos últimos va de 50 a 100 euros al mes, así que estas entidades sin ánimo de lucro facturan unos cinco millones de euros al mes.

La marihuana que los clubes venden a sus socios se cultiva en naves industriales escondidas donde se acostumbra a manipular la conexión eléctrica para evitar levantar sospechas, ya que se consume mucha luz para acelerar el proceso de crecimiento de la planta.

El sector factura unos cinco millones de euros al mes en Cataluña

A pesar de tratarse de un sector muy sensible porque dispensa cannabis y de tener en sus manos tanto dinero, no está regulado. El Departamento de Salud redactó el año pasado una primera propuesta para iniciar este camino. Entre sus propuestas destaca fijar una edad mínima para poder hacerse miembro del club, limitar el número de socios y la cantidad que se puede dispensar al mes a cada uno y prohibir la promoción. “Desde entonces no se ha avanzado nada”, lamentó Tió. El Departamento de Interior, en cambio, ve riesgos en la regulación ya que teme que pueda animar todavía más al consumo de drogas.

El Ayuntamiento de Barcelona —que no tiene competencias para abordar esta actividad— está ultimando una normativa que permita al menos fijar algunas normas que tengan que cumplir los locales, sobre los que sí tiene capacidad reguladora. Además de las condiciones que ya baraja el Departamento de Salud, el Ayuntamiento también quiere establecer un perímetro para evitar que estén cerca de los colegios.

“Lo que nadie quiere regular es el tema de fondo, que es el acceso al cannabis”, lamenta Martí Cànoves.

 

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