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La titánica lucha contra el delito 2.0

Los ‘crímenes’ cometidos a través de Internet aumentan un 50% en Euskadi

Fiscalía y Ertzaintza persiguen una de las “más complejas y graves” infracciones

Captura de una página web alojada en la red Tor en la que se pueden comprar armas o drogas.
Captura de una página web alojada en la red Tor en la que se pueden comprar armas o drogas.

A Jorge Bermúdez, fiscal delegado en Criminalidad Informática de Gipuzkoa, en muchos de los cursos sobre la materia en los ha participado hasta hace poco le repetían que “salvo una violación y un homicidio, cualquier delito se puede cometer a través de Internet”. La máxima hace tiempo que dejó de ser cierta. Una persona puede controlar desde un móvil, con los pies sobre la tierra, las comunicaciones en la cabina de un avión en pleno vuelo. Otra puede acceder a los ordenadores de un hospital y cambiar la medicación del paciente que se le antoje.

No es ciencia ficción, es posible, y aunque ninguno de estos supuestos, hechos extremos, se haya producido hasta la fecha, lo cierto es que los delitos a través de Internet están creciendo de forma exponencial. Si en 2012 la Ertzaintza contabilizó 987 casos, en 2013 fueron, 1.480, un 50% más. El mismo incremento que las faltas registradas, que pasaron de 1.889, a 2.833. Casi cualquier cosa se puede hacer a través de la red y los delitos contra el patrimonio ocupan el top ten.

“Están creciendo de forma espectacular. Cada vez se cometen más por Internet y se dejan a un lado los delitos físicos. Todo se está convirtiendo en delito informático”, apunta el jefe de la Sección Central de Delitos en Tecnologías de la Información de la Ertzaintza, Manu, que prefiere identificarse sólo con su nombre de pila. A ello, se suma el amplio abanico de supuestos por los que un delito puede ser catalogado de informático. Están aquellos en los que “el medio o el objeto es puramente informático”, por ejemplo, la intrusión en sistemas ajenos o robos de correos electrónicos, luego, aquellos “tradicionales”, apunta el fiscal, como amenazas o coacciones, pero en los que “la utilización de medios telemáticos tiene especial importancia”, y un tercer tipo, que no cumple estas características, pero en los “que tenemos que intervenir a nivel de asesoramiento. Por ejemplo, casos de corrupción a alto nivel en los que la prueba puede estar en un soporte informático que se puede perder, tratar de destruir o manipular”.

Algo para el orgullo

“Cuando detienes a alguien, vas a juicio y ganas, siempre es motivo de alegría, pero no tiene nada que ver con el hecho de evitar un delito”. Manu, el jefe de la Sección Central de Delitos en Tecnologías de la Información de la Ertzaintza, no duda cuando se le pregunta del caso del que se siente más orgulloso. El equipo logró, ya hace unos años, evitar el suicidio de una joven. “Una chica nos alertó de que había estado chateando con otra, y que le había dicho que quería suicidarse”, recuerda. Cuando recibieron el aviso, los agentes sólo tenían el nick y un correo electrónico, pero consiguieron localizar a la joven en una dirección de Madrid, avisaron a la Policía Nacional, que a su vez comprobó que se acababa de mudar a Valencia. “En cuanto localizaron el domicilio dieron una patada en la puerta y encontraron a la joven tendida en el suelo. Había tomado pastillas, la llevaron al hospital y se salvó. Un verdadero subidón de adrenalina”.

La pandemia responde a muchos factores. El primero y obvio es la intrusión de las nuevas tecnologías en la vida diaria, en los hábitos y costumbres, en por ejemplo, comprar en Internet, consultar el extracto bancario a través de la web o hacer una transferencia. También, por el hecho de haber fiado a un ordenador una serie de funciones y controles sobre determinados aspectos del día a día de muchas personas que si fallaran o fuesen saboteados podría resultar catastrófico. El fiscal pone el trágico ejemplo del ordenador “infestado de virus” que debía chequear el avión de Spanair que el 20 de agosto de 2008 se estrelló en Barajas, provocando 154 muertes, y que aquel día “no pudo realizar los diagnósticos [del aparato]. Ese día diversos ataques a un ordenador hicieron que un avión que no estaba en condiciones de volar acabara estrellándose”.

Pero el auge de los delitos por Internet responde, en gran medida, a que “es más fácil cometerlos, hay mayor impunidad, porque es más difícil perseguirlos. Y hay una cosa añadida para los delincuentes, no tienen que encontrarse con la víctima. Si quiero robar a alguien con una navaja tengo que coincidir con ella, esperarle en un sitio oscuro, si hablamos de un delito informático puedo estar en China o en Croacia y estar estafando a una persona de aquí”, ilustra el ertzaina.

En la misma línea incide el fiscal, una referencia a cuanto delitos informáticos se refiere en toda España. La idea de que para que alguien pueda cometer un delito a través de Internet debe contar con una serie de conocimientos informáticos y técnicos avanzados es errónea. “Los sistemas se han automatizado. Lo mismo que antes para manejar un ordenador había que tener una serie de conocimientos, te enfrentabas a una pantalla en negro y debías saber manejar unos comandos, ahora tenemos teléfonos que se manejan con un dedo, arrastrando un icono de un sitio a otro. La delincuencia informática también se ha hecho amigable para el usuario”, explica el fiscal.

Así, en la red TOR, continúa el especialista, un sistema donde se aloja la Internet profunda u oscura y que, supuestamente, garantiza anonimato a quien navega a través de ella, si bien es uno de los lugares que puede servir como ventana de libertad a las personas perseguidas en los países dictatoriales, no es difícil encontrar páginas en las que cualquier otro vende y un tercero puede comprar armas, drogas, acceder a material pedófilo o hacerse con virus y una base de datos de potenciales víctimas y perpetrar una estafa de phishing —cuando un delincuente suplanta al cliente de un banco tras haberse hecho con sus contraseñas—. “Tienen”, destaca el fiscal, “hasta atención telefónica especializada, ‘oiga, que mi troyano no roba bien. No se preocupe que se lo arreglamos”.

La titánica lucha contra el delito 2.0

Luchar contra la ciberdelincuencia parece, escuchando a los especialistas, una tarea hercúlea, chocarse demasiadas veces contra una pared y volver a levantarse. “Tienen más dinero, más medios, más gente. Yo soy como un albañil que va tapando los huecos en la pared, hay muchos agujeros y muchas veces ni siquiera sabemos que están”, apunta el ertzaina. La última memoria de la fiscalía destacaba la “complejidad y gravedad de esta forma de delincuencia”, porque si por algo se caracterizan los que han hecho de Internet un lugar en el que robar o cometer cualquier otro tipo de ilícito es que corren mucho. Siempre parecen ir un paso por delante, o muchos, de los que les persiguen.

Otro ejemplo extraído de la memoria del Ministerio Público: el 8,7% de los casos registrados en 2012 —en total ese año se incoaron 7.957 procedimientos por delitos informáticos en toda España—, corresponden a supuestos de pornografía, corrupción de menores o acoso a estos. Un apartado que revela un “descenso notable” respecto a años precedentes, pero que, como alerta la Fiscalía, no responde a una disminución de la actividad delictiva, sino que “los pedófilos han abandonando los sistemas generalmente utilizados para el acceso y difusión de material pornográfico, sustituyéndolos por otros más seguros y de más difícil control policial”.

Las trabas son innumerables y muchas veces están provocadas por el propio sistema judicial y legislativo. La ley no avanza tan rápido como debiera, apunta el jefe de la sección de delitos informáticos de la Ertzaintza, que forma parte del área desde 1998, cuando se creó un equipo específico para perseguir estos casos. Entonces eran cinco agentes, hoy son siete, una cifra que el propio responsable del cuerpo reconoce insuficiente. El agente explica como, desde hace tiempo, ni él, ni cualquiera de los otros ertzainas que componen la sección navega por Internet, como quien patrulla por la calle, a la búsqueda de delincuentes de forma casual, sólo tienen tiempo para investigar lo que llega encima de su mesa. “Ahora no nos da tiempo, estamos tan saturados que no tenemos tiempo. Contamos con un correo electrónico a través del cual los ciudadanos nos envían cosas y es una fuente de información maravillosa”.

Tampoco la labor de la fiscalía está libre de obstáculos. Bermúdez destaca tres problemas fundamentales. El primero de ellos es la transnacionalidad, detrás de algunos delitos informáticos, de las estafas por phishing, fundamentalmente, se esconde una red criminal internacional, y un eslabón de la misma te puede llevar a “países como Ucrania, que se caracterizan por la poca colaboración en estas cuestiones y nunca llegamos a alcanzar al autor de estos delitos”. Otro “gran problema es la definición legal, las conductas avanzan más rápido que lo que prevé el legislador y muchas conductas directamente no están previstas”, además de “la incomprensión de la judicatura hacia este tipo de delitos, un juez no puede estar especializado, un día ve una estafa tradicional, al siguiente un caso de malos tratos y otro, una intrusión informática, lo que causa en ocasiones problemas de desconocimiento de la mecánica y dificultades para apreciar estos delitos”.