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La OBC celebra su 70 aniversario con un regalo para el público

La orquesta invitó a abonados al Auditori y les sorprendió interpretando su obra preferida

 

Aparecen en el escenario de la sala Pau Casals del Auditori, sentados de espaldas. Un entrevistador les pregunta desde cuándo van a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Barcelona (OBC), cómo se iniciaron en la música, qué recuerdos les evoca. Desaparece el entrevistador, se giran y se encuentran con los 100 músicos y el director de la OBC, Pablo González, que les saluda y les dedica su obra preferida. La sorpresa es mayúscula, la emoción, incontenible. Se trata de un especialísimo regalo que ha querido hacer la OBC en la celebración de su 70 aniversario a los amigos de la orquesta y abonados. Con motivo de ello, la orquesta y el Auditori pidieron a 200 seguidores habituales que explicaran su particular relación, su historia. De todos los relatos, seleccionaron a cuatro y les invitaron, por separado, para ser entrevistados.

Los seleccionados fueron un hombre de 59 años que explica que su mejor recuerdo fue el primer concierto al que asistió cuando tenía 13 años, un domingo al mediodía con su profesor de música. Ahora lleva casi un millar de conciertos en su haber.

Una mujer de 21 asegura, rotunda que su vida "cambió el día que fui al Auditori”. Interpretaban el Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorak y el impacto fue tal que decidió dedicarse a la música y asegura: “mi vida es y será el violonchelo”.

Otro de los relatos es el de una mujer de 47 años que define el descubrimiento de la OBC como algo “mágico” que le llevó a descubrir la música clásica. El último relato es también, especial, porque es el de una mujer de 66 años que llegó a la OBC hace 10, después de sufrir una desgracia que afectó también a un grupo de amigos. Desde entonces ese grupo –son 12 personas- se abonaron a los conciertos de la orquesta a la que califica de una “compañía amiga”.

Ninguno de ellos se dio cuenta del montaje. No entendieron porque la entrevistadora, repentinamente, les decía que salía un momento de la sala y que, mientras, se pusieran unos cascos para hacer una prueba de sonido. Todos obedecieron y mientras aguardaban el regreso de la entrevistadora escuchaban la potente música a través de los cascos para evitar que se dieran cuenta de lo que pasaba a sus espaldas: era retirado un biombo mientras el centenar de músicos de la OBC ocupaban sus sillas con el director al frente. La música cesaba en los cascos, alguien aparecía en la sala y les decía que se girasen. Entonces.... la sorpresa.