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La Roldana sube a los escenarios

La Tarasca estrena en el Teatro Lope de Vega de Sevilla una obra sobre la dificil vida de la escultora de finales del siglo XVII

De izquierda a derecha, María Varod, Celia Vioque y Cristina Almazán que encarnan a La Roldana. Ampliar foto
De izquierda a derecha, María Varod, Celia Vioque y Cristina Almazán que encarnan a La Roldana.

Ser mujer trabajadora no era nada fácil en el siglo XVII, pero la situación se complicaba aún más si al género se añadía el oficio de artista y la intención de poder vivir de su trabajo. Eso fue lo que le ocurrió a Luisa Roldán (Sevilla, 1652-Madrid, 1706), hija del famoso escultor Pedro Rolán y una de las artistas más destacadas de su época, quien luchó contra una sociedad que pretendía relegarla a la sombra de su padre y de su marido. La azarosa existencia de la artista, que logró ser escultora de cámara de Carlos II y Felipe V, sube ahora a los escenarios de la mano de la compañía La Tarasca. La soledad (de La Roldana) se estrena este martes, día 8, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, donde podrá verse hasta el 11 de abril, en una versión dramática de la novela Por los sombríos corredores del Alcázar, de Arsenio Moreno, novelista, historiador del Arte y ex director de los museos de Bellas Artes de Sevilla y Granada.

El montaje, con adaptación y dirección de Ramón Bocanegra, desdobla el personaje de La Roldana a quien representan tres actrices, Cristina Almazán, María Varod, Celia Vioque, quienes aportan distintas cualidades del carácter de la artista: espiritualidad, pasión y constancia, respectivamente. El elenco lo completan Juanjo Macías, Inma Font, Pablo Gómez.

El montaje de la compañía sevillana se basa en una novela de Arsenio Moreno

La obra, que podrá verse también en Úbeda, Puerto Real y Cádiz, ahonda en los sentimientos de una mujer que eligió un oficio de hombres y que, además, decidió gobernar su propia vida desde muy joven, cuando con apenas 20 años se casó con el escultor Luis Antonio de los Arcos sin el consentimiento de su padre. Sus esculturas de temática religiosa y, muchas de ellas, tamaño natural —que al principio realizó junto a su marido—, transmiten humanidad, una cualidad que muchos artistas perseguían a finales del siglo XVII para que su obra conectara con los fieles.

La Roldana, que trabajó durante dos años en Cádiz y después marchó a la corte donde fue la primera mujer en llegar a ser artista de cámara real, murió en la pobreza pero consiguió abrirse camino en un mundo de hombres en el que, además, fue la primera española en ser acogida en la Academia de Virtuosos de San Lucas de Roma.