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Tesoros del ‘underground’

Mastodontes, goyas, cataratas digitales, planetas, tranvías de cine y humanos de cuatro metros

El Metro de Madrid, además de ser un lugar de paso, está lleno de secretos por descubrir

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Figuras humanas en la estación del Hospital 12 de Octubre.

En el viaje, dicen los sabios, también importa el trayecto y no solo el destino. Aunque a veces, en los viajes cotidianos en metro lo olvidamos, mirando al suelo, al viajero de enfrente o, sobre todo, al ubicuo smartphone. Pero el propio metro también tiene sus lugares de interés, ya sean vestigios de otros tiempos, restos encontrados durante la construcción de las estaciones o creaciones específicas, incluso obras de arte. Mastodontes, goyas, cataratas, planetas, tranvías, bosques de pinos, motores de barco… bajo tierra hay más de cien murales y elementos ornamentales relacionados con el contexto de las estaciones. “Lo cierto es que la gente está cada vez más interesada en estos lugares especiales del metro”, explica Luis María González, responsable de Anden Cero, centro de interpretación del Metro de Madrid, que se ocupa de las partes musealizadas del subterráneo. “Desde su apertura en 2008 hasta el comienzo de este año, la Nave de Motores de Pacífico y la estación de Chamberí han recibido 274.184 visitantes, y la fuente de Caños del Peral, 178.500 desde 2011”. Este es un paseo por algunos de ellos.

Un mastodonte que usa el metro

Recreación de un mastodonte en Carpetana. ampliar foto
Recreación de un mastodonte en Carpetana.

Hubo un tiempo en el que no había metro, ni ninguna otra construcción humana. Pero, ya en el mioceno, por la zona de la estación de Carpetana pululaban algunos animales. “En unas obras recientes para mejorar la accesibilidad encontramos más de 15.000 piezas de animales procedentes de hace 14 millones de años” cuenta González. Los restos de estos inopinados usuarios del subterráneo (roedores, rinocerontes, tortugas gigantes entre otras especies) han sido llevados al Museo Nacional de Ciencias Naturales, y sustituidos (tras la finalización de las obras en 2008) por réplicas que se pueden ver en la propia estación junto con unos paneles explicativos en forma de cómic. Una gran reproducción de un mastodonte de potentes colmillos recibe (y puede llegar a asustar) a los viajeros. Por cierto, unos kilómetros al sur (ya fuera del metro) se encuentra otro nutrido yacimiento paleontológico, el del Cerro de los Batallones.

Un tranvía cinematográfico

En la estación de Pinar de Chamartín se expone un tranvía: el tranvía 477. Circuló de 1908 a 1972, cuando la ciudad dijo adiós a este medio de transporte. Aquí tiene su reposo heroico como homenaje a una época ya extinta. “Este tranvía participó en el rodaje de películas como Doctor Zhivago, de David Lean, o Las bicicletas son para el verano, de Jaime Chávarri”, explica Eduardo Gallego, presidente de la Asociación de Amigos del Metro, “aunque hay quien dice que es una réplica”. En esta estación hay también un enorme mural panorámico que simula un bosque de pinos.

Uno de los pasillos de la estación fantasma de Chamberí. ampliar foto
Uno de los pasillos de la estación fantasma de Chamberí.

Metro Matrix

“La estación de Chamartín solo por sus dimensiones ya es de las más espectaculares”, opina Gallego, “pero además hay un mural electrónico que parece sacado de la película Matrix”. Esta obra abrumadora de Vicente Patón y Alberto Tellería, llamada Iguazú, tiene 21 metros de altura y 50 de anchura en curva, y simula, como su nombre indica, una enorme catarata azul cibernética.

La Nave de Motores de Pacífico. ampliar foto
La Nave de Motores de Pacífico.

Motores de barco para mover el metro

Aunque varias compañías se encargaban de proveer de electricidad al metro neonato, a veces el suministro no estaba garantizado. Así que, en 1923, la compañía se trajo tres motores de barco (diesel, alemanes, de 1.500 c.v. cada uno) para mantener el sistema circulatorio de la ciudad en caso de falta de energía. Eso sí, con la condición de no hacer la competencia a las eléctricas que, como se ve, ya debían de ser muy poderosas. “Sin embargo, hubo momentos de crisis energética y el metro, mediante estos motores, acabó suministrando energía a la ciudad”, dice González con cierto orgullo. Se dejaron de utilizar en 1972 y desde 2008 se pueden visitar. “Creemos que es un patrimonio industrial único en el mundo”, dice el responsable. La Nave de Motores tomó fama por acoger un mercadillo de corte hipster, que el septiembre pasado fue trasladado al Museo del Ferrocarril de Delicias.

De Goya a Mingote

Reproducciones de grabados de Goya de las series Desastres de la guerra y Tauromaquia protagonizan la estación homónima, además de otra del cuadro La Vendimia y un autorretrato de 1795. El ambiente lúdico y relaxing del Retiro es reflejado por el dibujante Antonio Mingote en unos murales de azulejo en la estación que desemboca en el parque. Hablando de azulejos: en un vestíbulo Tirso de Molina está el vestigio artístico más antiguo de la red, que data de 1919: sobre un plafón de azulejos se encuentra un escudo en bronce de la ciudad. En Herrera Oria, una placa conmemora los 100 primeros kilómetros de línea, alcanzados en 1983. Hoy, tras la euforia de los gobiernos de Aguirre y Gallardón, son alrededor de 300.

La estación de Planetario-Arganzuela. ampliar foto
La estación de Planetario-Arganzuela.

Trozos de cielo

Unos luminosos planetas de ensueño reciben al usuario en la estación de Arganzuela-Planetario (muy cerca se pueden aprender más cosas sobre el cosmos en el propio Planetario de Madrid), entre ellos el gran Planeta Arganzuela que da nombre a la obra del ceramista Carlos Alonso y el diseñador Luis Sardá. En la estación del Aeropuerto de Barajas se ve la obra Un cruce de miradas, una visión aérea de Madrid diurna y nocturna, por si el viajero que llega se ha olvidado de mirar por la ventanilla del avión.

La estación perdida

Entre Sol y Cuatro Caminos se inauguró en 1919 la primera línea de metro. “En los sesenta se decidió, ante la creciente demanda, alargar los trenes con más vagones”, explica González. “La curva de la estación de Chamberí era demasiado pronunciada para estos trenes y se cerró”. También se dice que esta estación, entre Bilbao e Iglesia, se cerró por la cercanía a ambas estaciones, pero esta no es la versión oficial. La clausura ocurrió en 1966, “aunque se ve como estaba en el 19 porque no se habían hecho muchos cambios”. Desde 2008 se puede visitar esta estación fantasma y admirar, sobre todo, los anuncios publicitarios en cerámica y azulejo sevillano que aún promocionan cosas del pasado (o no tanto): Cafés La Estrella, Phillips, Cementos Portland o Aguas de Carabaña (el mejor purgante). La estación es un vestigio de la obra del gran arquitecto Antonio Palacios, que, además, levantó el Palacio de Comunicaciones o el Círculo de Bellas Artes.

Fuente del pasado

En la plaza de Ópera había un peral y bajo el peral había una fuente. Pasó el tiempo y la fuente quedó enterrada hasta las obras de mejora de la estación de metro, cuando se redescubrió y se fundó un pequeño museo arqueológico en 2011. Allí se ven los vestigios hidráulicos del siglo XVI y XVII, la alcantarilla del Arenal, que ayudó a paliar los graves problemas que tradicionalmente ha tenido Madrid en su historia con sus aguas negras y su “agua va”, y el acueducto de Amaniel, un viaje de agua que surtía a la ciudad y al Palacio Real y que procedía de Fuencarral.

Los otros habitantes del metro

Una docena de cuerpos humanos de casi cuatro metros de altura, sobre un fondo de láminas de anatomía decimonónicas, se ven en la estación del Hospital 12 de Octubre, son obra de Carlos Alonso Pérez y Luis Sardá titulada Humani Corpore. En Villaverde Alto hay más gente: los 20.000 vecinos que han participado con su foto de carnet en el mosaico mural de Natalia Belén Sánchez. Al juntar todos estos rostros, abracadabra, se ve una foto aérea de la zona. La propia gente que forma su propio barrio.

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