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La cabeza de la Mancomunitat

El Museo de Historia de Cataluña recoge la labor cultural de la entidad, primera de las exposiciones que conmemorarán el centenario de la mítica institución

Escuela de Enfermeras de Santa Madrona, en 1921.
Escuela de Enfermeras de Santa Madrona, en 1921.

De él dijo Eugeni d’Ors que era “el seny ordenador de Cataluña”; sí, en su cabeza estaba todo lo que debía hacer Cataluña para ser. Entonces y hoy, que aún vive mucho el territorio de aquello que plantó. La fuerza de esa mente privilegiada que fue Enric Prat de la Riba quedó bien plasmada en la notable, por grande y expresiva, testa que Ismael Smith esculpió en yeso policromado pero que se dio por perdida a causa de la guerra civil. Jugadas del azar, la escultura reapareció a finales del año pasado en manos de un anticuario de los Encantes de Barcelona, que acabó vendiéndola por 15.000 euros al Museo de Historia de Cataluña (MHC). Con acierto, ayer sacaron esa cabeza, aún por restaurar, de los almacenes para que parezca que mire buena parte de lo que salió de ella y que se recoge en la exposición La Mancomunitat de Catalunya. Cultura i pedagogia, que hasta el 27 de abril puede verse, con la colaboración de la Diputación de Barcelona, en el MHC.

Primera muestra de las que conmemorarán el centenario de la seminal institución, la modesta exposición (que viajará por toda Cataluña) se centra sólo en la labor cultural de la entidad que presidió Prat de la Riba apenas tres años. Y a pesar de lo acotado en la temática y el tiempo, la exhibición causa asombro y envidia vista con los ojos de hoy.

Cabeza Enric Prat de la Riba, obra de Ismael Smith de 1917 en yeso policromado y que se creía perdida.
Cabeza Enric Prat de la Riba, obra de Ismael Smith de 1917 en yeso policromado y que se creía perdida.

Sólo se recogen dos frases del carismático dirigente: “Ni cap poble sense escola, ni cap escola sense mestres” y “Les institucions d’investigació científica són la base fonamental de l’ensenyament. Cercar ensenyança on no hi ha investigació és cercar l’aigua allà on no raja, allà on les deus són estrocandes”. Pero funcionan como consignas: a su alrededor, el visitante, en unos expositores inspirados en el modernísimo mobiliario diseñado para la mítica Escuela de Bibliotecarias creada por la Mancomunitat, se cruza a las primeras de cambio con Albert Einstein, invitado en 1923 por el Servicio Meteorológico de Cataluña en el marco de un programa de intercambio, mientras se constatan los trabajos de arranque de las pinturas murales románicas en 1922 en la política de protección del patrimonio. Al lado, una ficha, rellenada a mano, de catalogación de monumentos. “Son registros de finales de la década de los años 10 del siglo pasado, un modelo que se ha estado utilizando exactamente igual hasta hace cuatro días, en los años 70”, constatan los comisarios de la muestra, los historiadores Ferran Aisa y Domènec Ribot, como constatación de la feina ben feta de la Mancomunidad hasta en eso.

“La carrera de bibliotecaria comprende los estudios más idóneos para la superior cultura femenina y su profesión es una de las más nobles ocupaciones a que puede consagrarse una señorita”, reza un cartel de la Mancomunitat para incentivar la inscripción en la Escuela de Bibliotecarias que arrancaba en 1915, apenas una doble pieza más en la política cultural del que fue el primer organismo de gobierno de toda Cataluña desde 1714. Por un lado, el sistema bibliotecario, con la apertura al público de su faro, la Biblioteca de Cataluña (creada en 1907 por el Institut d’Estudis Catalans) y unos satélites a través de la red de bibliotecas populares, en edificios neoclásicos construidos para la ocasión --el primero de los cuales en Valls (1918)— en lugares como Pineda de Mar, Olot, Canet…

Por otro, la escuela que dirigió el propio D’Ors era sólo una de las salidas laborales que la Mancomunitat ofrecía a las mujeres, obsesionada la institución en dar formación a la mujer, ya fuera en el campo del textil (con cursos de confección de sombreros de primavera y verano” o en el ámbito sanitario, con la modélica Escuela de Enfermeras de Santa Madrona. La potenciación del Consejo de Pedagogía (para evaluar la renovación educativa que se hacía en los países más avanzados y estudiar su incorporación al sistema catalán) fue la otra gran pata cultural de la Mancomunitat, que en la muestra se refleja a partir de elementos tan dispares como piezas de juegos para visualizar conceptos espaciales y abecedarios en cartulinas grandes del mítico sistema Montessori hasta las dietas de la inspección de cátedras de catalán que supervisaba el mismísimo Pompeu Fabra (a razón de 50 pesetas cuando salía de Barcelona, gastos de “viatge i fonda” aparte).

Trabajos de arranque de las pinturas murales de la iglesia de Santa Maria de Taüll, en 1922. ampliar foto
Trabajos de arranque de las pinturas murales de la iglesia de Santa Maria de Taüll, en 1922.

El abanico de posibilidades que promovió el Consejo de Pedagogía (que gestionaba una bolsa de becas para enviar maestros y personal al extranjero a observar y reciclarse) fue inmenso: desde la creación de la primera Escuela de Verano para profesores a la organización de un curso de estudio, en 1921, sobre la metamorfosis de los insectos fundamentado en la cría de gusanos de seda. En ese contexto, la creación de la Escuela Elemental del Trabajo, aún hoy en la Escuela Industrial de Barcelona --donde se enseñaban oficios como los de paleta, carpintero, impresor o enólogo-- parece una cosa hasta elemental.

La Mancomunitat de Catalunya. Cultura i pedagogia es sólo la primera de las exposiciones que en los próximos meses conmemorarán el centenario de la institución. Dio para tanto su labor que genera, sectorialmente, un sinfín de muestras: la primera, el 1 de abril, en la Diputación de Barcelona; una segunda, una semana después, en el CCCB, mirada global a la institución, que tendrá subsedes temáticas en el Institut d’Estudis Catalans y en la Escola de Treball. Y otras tres más en Tarragona (sobre el sistema bibliotecario), Lleida (infraestructuras telefónicas y ferroviarias) y Girona (normalización lingüística). Mientras, el IEC ultima un gran simposio con expertos como Albert Balcells, Jordi Santiago Izquierdo, Andreu Mayayo, Josep Massot, Josep Maria Roig Rosich y Jordi Casassas, entre otros. Los apenas 11 años de la Mancomunitat (la disolvió Primo de Rivera en 1925) y la cabeza de Prat de la Riba dan para todo eso y más.