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CRÍTICA | CIRCO

Por las (cuatro) esquinas del Hexágono

‘La Meute’ es una bien orquestada opera prima de formato pequeño, veteada de humor cóncavo

El grupo de acróbatas 'La Meute' en un tejado de la ciudad de Auch (Francia) Ampliar foto
El grupo de acróbatas 'La Meute' en un tejado de la ciudad de Auch (Francia)

Semidesnudos, con una toalla blanca a la cintura, como en un jamán (aunque parecen también luchadores de sumo ascéticos o niños grandes en pañales), los seis jovencísimos acróbatas de La Meute levantan torres humanas y vuelan hasta su cima; pero si el salto no es perfecto, recomponen su figura cómicamente, porque todos ellos llevan un bufón en el alma. Algunos son, además, compositores y creadores en vivo de la música que acompasa sus piruetas, y faquires evolucionados, cuya mortificación consiste no en tumbarse sobre un lecho de púas, sino en soportar que sus compañeros salten alegre y elegantemente, desde el suelo o lanzándose desde un columpio, de a uno o en grupo, sobre sus vientres desprotegidos y sobre sus partes pudendas. Unos reciben con estoicismo el aterrizaje del resto; otros, lo esquivan, como Charlot boxeador los golpes de su adversario.

LA MEUTE (LA JAURÍA)

Autores e intérpretes: Julien Auger, Thibaut Brignier, Mathieu Lagaillarde, Sidney Pin, Arnau Serra Vila y Bahoz Temaux. Luz: Yves Marie Corfa. Mirada exterior: Dominique Bettenfeld. Teatro Circo Price. Del 12 al 16 de marzo.

La Meute es una bien orquestada ópera prima de formato entre pequeño y medio, veteada por el humor cóncavo de un hexágono francés (cuyo vértice catalán es Arnau Serra Vila), que entreteje con imaginación tres especialidades circenses: la banquina, los saltos en la báscula y el salto acrobático desde el columpio, transformado aquí ora en metrónomo implacable, ora en versión bufa del péndulo de la muerte. Bienvenidos sean espectáculos tales, que dan idea de la excelente formación circense que se ofrece en Francia y Suecia (estos chavales se licenciaron en la École Nationale de Cirque de Rosny y en la Universidad de Danza y Circo de Estocolmo), pero algún Gobierno por venir tendrá que plantearse la conveniencia de ofrecer una enseñanza similar en España, para no seguir exportando capital humano mientras importamos en igual medida productos artísticos elaborados. También cabe formular el problema siguiente: si el Ayuntamiento levanta un coliseo como el Price, con 2.000 localidades y foso para elefantes, y le recorta luego el pelo presupuestario por la laringe, ¿qué modelo o modelos de gestión garantizarían que el circo tenga presencia en nuestra capital durante toda la temporada, como la tiene en La Villette parisiense?

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