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Alma de diva, espíritu de rock

Luz Casal inicia la gira 'Almas gemelas' en el Palau de les Arts con un auditorio cómplice

Luz Casal, durante el concierto.
Luz Casal, durante el concierto.

El Palau de les Arts de Valencia fue el lugar escogido para el debut de la gira de Luz Casal presentando las canciones de su nuevo disco Almas gemelas (Parlaphone Music). Una tournée que la llevará por teatros y auditorios con destacadas citas internacionales. A juzgar por su primer encuentro y obertura, la gira promete grandes pasiones y calurosos aplausos por parte del respetable. Y no es para menos. Cerca de dos horas sobre el escenario y una comunicación total con el público que llenaba el auditorio. Quitando algunos problemas de sonido, el concierto tuvo todos los ingredientes necesarios: Alma, corazón y vida.

Sobre esos puntos cardinales fue evolucionando la noche que se abría con las canciones del nuevo trabajo mezcladas con temas más conocidos que como suele ser en este tipo de recitales y mandan los cánones. Es el momento que se desliza esa pequeña joya Si pudiera escrita junto con Pablo Guerrero -un día habrá que hacerle un monumento en la plaza mayor de la canción de autor a este creador- entre otras piezas en un repertorio que se balancea los paisajes del pop-rock.

Luz Casal

Luz Casal.

Palau de les Arts. Valencia. 1 de marzo.

Para el siguiente tramo, la cantante abandona el uniforme de amazona-hada Campanilla y se transforma en una estilizada rockera, aquí conjunto cazadora Perfecto y pantalón en blanco inmaculado y Luz invoca su cara y alma más enérgica. Y el personal se lo agradece y se olvida del respeto que siempre imponen los auditorios de la lírica y hasta se deja llevar por el ritmo y los pies. Y en eso llega otro momento sublime de la noche: la interpretación del tema Boig per tu del dúo Sau que Luz ha hecho suya en su versión Es por ti. Y el público corresponde con aplausos de agradecimiento el fragmento que intercala en catalán de la versión original. Es la canción que señala ese amor correspondido entre público e intérprete, Y el auditorio donde se mezclan las edades de la vida vuelve a darle una ovación de gala. Como diría la cantante francesa Barbara, Ma plus belle histoire d’amour. Hay momentos para recuperar viejos temas de guardarropa musical y la fiesta y la alegría entre el escenario y el patio de butacas sigue los cauces previstos.

Ya hemos visto y oído la Luz pop, la Luz rockera y ahora es el momento, no sé si más esperado de la noche pero sin duda de los más aplaudidos: Es la hora de la diva de la música. De la diva de la escena. Y Luz se pone la máscara de la trágica y le hace un guiño aquella petite robe noire que inmortalizó Edith Piaf sobre los escenarios apareciendo con un elegante vestido negro. Y lo que habíamos ido intuyendo a lo largo del concierto se nos revela: El rostro de la cantante se ha transfigurado en una de esas grandes intérpretes dramáticas, primeras damas de la escena que recorren la canción europea a lo largo del siglo XX. Luz recuerda al grande Luigi Tenco -no estaría mal para futuros conciertos que lo diera un poquito más a conocer- interpretando esa pieza maestra de la canción italiana del siglo XX, Mi sonno inmmorata di te. Recordemos que Tenco ha tenido entre otras, dos voces mayores de la canción italiana como medio de comunicación, Mina y Ornella Vanoni.

Hay también un tiempo para refugiarse en el recuerdo de Henri Salvador y aquel Jardin d’hiver que le ofreció en bandeja Benjamin Biolay y que el cantante ya desaparecido reivindicaba haciendo suyo, ese género bautizado como jazz mediterráneo. Alguien también tendría que comentarle que a estas alturas del partido y de la vida excusarse por cantar en francés o en italiano, está de más, sobre todo a la vista de la globalización que hace tiempo nos ha caído encima. Y hasta se agradece una cierta pluralidad musical.

En esta recta final no podía faltar el tema de Agustín Lara que Almodóvar puso de moda en todo el mundo y que la voz de Luz volvió a iluminar. Y el bolero Piensa en mí se hizo voz y se hizo carne. Y tampoco aquel Un año de amor que en el original de su autor, el grande Nino Ferrer -y a menudo creador subvalorado- se llamó C’est irreparable y que la traducción italiana y la voz de Mina, dejó en Un anno d’amore. Y otro pequeño consejo. Si hacemos uso de ese complemento sofisticado del vestuario que es la boa de plumas, esa pieza estupenda y la que las vedettes de la revista y cantantes de cabaret le sacan tanto partido, juguemos un poco más con ella, sino queda como un engorrosa pieza que no se sabe bien que hacer con ella. Imagino que el rodaje de la gira acabará por darle su explendor y movimento escénico.

Luz llegó, cantó y venció en lo que era su primera cita musical. Ahora y en estos momentos nadie le puede negar ese primer puesto de primera dama de la canción. Aquí y también fuera. Una distinción que se le ha ganado a pulso y sin que le hayan regalado nada. Con trabajo y honestidad. Y eso el público lo percibe. Y llena los teatros y auditorios y para los tiempos que corren esta sin duda es una buena noticia. Cuando la canción por culpa de la televisión está desapareciendo como contenido musical o creativo y siendo sustituida por su representación icónica, el ejemplo de Luz y de otros cantantes, nos señala el camino de la esperanza.