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18º Festival de Jerez

Todos fueron bienvenidos a la fiesta

Belén Maya se rodea de grandes figuras del cante para redondear un gozoso espectáculo

Belén Maya, durante un momento del espectáculo. Ampliar foto
Belén Maya, durante un momento del espectáculo.

LOS INVITADOS. COMPAÑÍA DE BELÉN MAYA

Baile: Belén Maya. Colaboración Especial: Carmen Linares. Artista invitado al baile: Manuel Liñán. Cante: Gema Caballero. Artistas invitados al cante: José Valencia, Tomás de Perrate, José Anillo. Guitarras: Javier Patino y Rafael Rodríguez. Palmas: Laura González y Marina Valiente. Actor: Javier Centeno. Colaboración: Coro Polifónico Ars Nova, de Espartinas. Música original: Javier Patino. Vídeo: Rocío Huertas. Diseño iluminación: Francisco López. Asesoramiento coreográfico: Juan Carlos Lérida. Coreografía: Belén Maya, Manuel Liñán (de su pieza), Manuel Liñán Chloe Brulé (cantiñas). Dramaturgia y dirección escénica: David Montero. Dirección artística: Belén Maya y David Montero

Teatro Villamarta, 24 de febrero de 2014.

La bailaora quería recibir en su casa, que es el baile, y con el arte como único ingrediente del menú. El arte propio, el de los invitados, y el resultante de sumar el de unos y otros. La anfitriona había elegido con mimo a sus visitantes y, aunque en la ficción se juegue siempre a la sorpresa (trin trin, a la puerta llaman, ¿quién será?), los encuentros anunciaban ya sobre el papel la deseada síntesis positiva a que se aspiraba. Y las expectativas se cumplieron con creces. La fiesta preparada resultó jugosa y gozosa, emocionante y divertida, una obra perfilada y ordenada en todos sus elementos que conduce sin desmayos hasta el brillante y emotivo final.

Los elementos eran los básicos y esenciales: cante, toque y palmas para la inspiración del baile. Con esos mimbres lo mismo se puede confeccionar una gala insípida que una obra redonda: basta con la intención, que marca la diferencia, y también con la intensidad y la comunicación, que se pueda dar entre los artistas. El espectáculo contaba, además, con una delgada línea argumental latente, un actor que conduce la trama de manera discreta y una iluminación cuidada y acertada. La guitarra de Javier Patino llenaba las transiciones y creaba atmósferas adecuadas para cada cuadro.

Gema Caballero puso la escena en situación con la vidalita, y fueron llegando los invitados. José Anillo fue el primero en acudir para dar la primera alegría a la fiesta junto con la guitarra de Rafael Rodríguez, su toque siempre abierto a la sorpresa. Bulerías arromanzás para un baile grácil y suelto, gustoso y encadenado en un espacio breve. Y para rematar, el gaditano culminó su presencia bordando la malagueña de El Mellizo.

Casi a continuación, volvía la voz de Gema Caballero para entonar el cante por caracoles cuando saltó la gran sorpresa de la noche: el invitado Manuel Liñan irrumpió en escena con bata de cola roja, mantón y un baile trepidante que arrasó en el patio de butacas. A él, con colores cambiados en asimétrico y complementario juego, se sumaría Belén Maya para el momento del guiño, de la complicidad y del desenfado, pero siempre dentro del ejercicio del estilo y de la bata con todo su amplio juego.

En toda fiesta de salón no puede faltar un toque de swing, y Belén tampoco quiso resistirse a él. Las notas la fueron envolviendo poco a poco: la trompeta con sordina de Centeno y, de pronto, un Tomás de Perrate convertido en crooner flamenco con registros que evocaban al mismo Louis Amstrong. Y luego, un coro, ideal para el vuelo de unos pasos. La distensión dio paso al cante grave y cavernoso de José Valencia con el que la bailaora se entregó a la soleá de manera muy contenida, por momentos reflexiva. En realidad, todo parecía encaminado a la emoción que habría de llegar. Porque también está en el guion de toda fiesta acordarse de quien no está. El recuerdo se llamó Carmen Mora, la madre de Belén, a quien Carmen Linares le cantó el taranto. Esta vez, la dama del arte se lo dijo a la hija, y los sentimientos inundaron la escena, saltaron a la platea. La última pincelada de una fiesta llena de colores; los de las voces del cante y el color con contrastes del baile de Belén Maya, anfitriona feliz, crecida entre los afectos que la rodearon.