La vida subterránea

No se corta en afirmar que allá donde tenga café, copas, libros o música es donde habita El cantante gaditano prefiere los sótanos a las terrazas

Javier Ruibal en la librería La Central de Callao.
Javier Ruibal en la librería La Central de Callao.CARLOS ROSILLO

1. Café Central. Me gusta por lo que significa, por su solera, porque es bonito, porque está en un sitio excelente y porque llevan 30 años haciendo conciertos cada día. Tengo recuerdos inolvidables ya que he tocado muchas veces. Suelen venir a verme amigos porque es íntimo y entrañable. No tienes la distancia con el público. Vuelvo allí en marzo (plaza del Ángel, 10).

2. Filmoteca. Viví una temporada en una casa que tenía cerca Joaquín Sabina. No me la alquilaba, se la usurpaba. Solía componer allí e iba a ver alguna película de las antiguas o a tomar un café. Todo a finales de los ochenta, mientras grababa La piel de Sara (calle de Santa Isabel, 3).

3. La Casa Encendida. Es muy bonita por lo que contiene y por lo que representa. He visto obras de teatro de todo tipo. Es muy alternativa y tiene ese punto experimental que Madrid está perdiendo a marchas forzadas. Está, encima, entre Embajadores y Lavapiés, unos barrios muy alternativos (Ronda de Valencia, 2).

4. El Candela. He tenido noches inolvidables compartidas con artistas maravillosos como Martirio, Jorge Pardo o el maestro Enrique Morente. El sitio era como era gracias a Miguel, el dueño, al que aún echamos de menos. Él era el alma mater (calle del Olmo, 2).

5. La Central de Callao. Me gusta mucho por recuperar un edificio en Callao y no convertirlo en una franquicia de hamburguesas. ¿Qué mejor que coger un piso con solera y llenarlo de libros? ¿Hay algo más bonito? Aunque, eso sí, es un sitio muy peligroso: dan ganas de dejarse los ahorros (calle del Postigo de San Martín, 8).

Se queda con todos

Grabó Contrabando, mirando al estrecho de Gibraltar. De ahí la brisa y la salitre que impregna sus letras. Ahora lo hace con su propia compañía en un estudio casero y con la producción de su hijo. Su último álbum es Quédate conmigo.

6. Café de Oriente. Es un espacio muy al estilo de los grandes cafés europeos que está a espaldas de la Ópera y frente al palacio de Oriente. Da la casualidad de que me han citado mucho últimamente allí para entrevistas. La estética en sí no es lo que más me apasiona, pero sí la sensación que me transmite, parecida a estar en Bruselas o París (plaza de Oriente, 2).

7. Círculo de Bellas Artes. De arriba abajo y de dentro a fuera. Lo que significa y su historia. Para los artistas es un sitio emblemático que tiene buen café y buena comida. Me gustan las dos terrazas: la que está a pie de calle y la del tejado. También la radio. Es otro de los tesoros que no se puede perder. Me gusta la sala de teatro del semisótano. También la de arriba, pero soy más de sótanos (calle de Alcalá, 42).

8. Cervecería La Alemana. Mis lugares preferidos suelen tener cerveza, copas, música y libros. Para estar en esta plaza no hace falta ninguna excusa, pero si encima tienes una buena cerveza es un regalo para todos (plaza de Santa Ana, 6).

9. Café Berlín. He acabado allí después de muchos conciertos. Siempre tienen afterhour o jam de música. Se juntan muchos músicos y como estoy dividido entre el jazz y el flamenco, me he repartido entre este y el Candela (Jacometrezo, 4).

10. Restaurante El Viajero. Está en la plaza de la Cebada. Hay que dejar a un lado la vista del mercado y fijarse en la iglesia de San Francisco y el perfil que marca. Me encanta su proximidad al barrio de los Austrias y su terraza. Últimamente está muy frecuentada por extranjeros. Pero también tienen derecho, las criaturas (plaza de la Cebada, 11).

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