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La televisión gallega anuncia a los trabajadores el control de sus correos

La compañía aprueba unilateralmente una norma para vigilar los usos informáticos

Plató de la TVG
Plató de la TVG

Los sindicatos con representación en la Compañía da Radio Televisión de Galicia (CRTVG) hablan de “fascistización” en el ente público, de un “intento de reprimir y sembrar el terror entre el personal para “acabar” con actividades en la Red como Eu non manipulo, una iniciativa de los trabajadores que denuncia una y otra vez maniobras de la empresa para ocultar o maquillar la realidad. La CRTVG podrá en adelante, en virtud de una norma que fue aprobada “unilateralmente” y “sin consulta alguna”, según critica un portavoz del comité de empresa, “revisar” los correos electrónicos y los archivos de los servidores de sus empleados e incluso de los colaboradores que utilicen ordenadores y móviles corporativos. Además, la compañía “se reserva el derecho de monitorizar y comprobar, de forma aleatoria, cualquier sesión de acceso a internet iniciada por un usuario dentro de la red” de CRTVG. Sin autorización expresa, los trabajadores tampoco podrán entrar en las instalaciones de la empresa con equipos informáticos particulares, tales como “ordenadores portátiles, discos duros o tabletas” ajenos a la propiedad de la compañía.

Los representantes del personal critican la “imposición sin negociación”, el caracter “autoritario” de unas medidas que “a la vista de un juez pueden ser lícitas” pero cuya finalidad parece ser la de “amedrentar”, avanzar en la cada vez mayor “jerarquización del ente” y “bloquear” el quehacer diario de los empleados, incómodos y “temerosos” en la realización de su propio trabajo por el “gran hermano” que los vigila.

La dirección de la radio y la televisión pública aprobó el pasado día 10 la Normativa de uso de los sistemas de información y, por si fuera poco, una semana antes difundió entre la plantilla una circular sobre vestimenta, presencia y actitud para los trabajadores que aparecen ante la cámara y, por extensión, los que en su labor representen la imagen de la empresa, incluso en una modesta rueda de prensa.

La compañía justifica las medidas con el argumento de que la rápida evolución y expansión de las tecnologías informáticas “incrementa sensiblemente el riesgo de robo o fuga de información” de la empresa. Por eso, el uso de los ordenadores, el acceso a páginas web y el intercambio de correos debe limitarse al uso estrictamente laboral, bajo la lupa de los mandos. Está prohibido “enviar o reenviar mensajes en cadena o de tipo piramidal”, y está vetada también la participación en foros de discusión, listas de distribución o grupos de noticias que comprometan la reputación de la CRTVG”. Esto, entre otras muchas cosas.

La CIG critica la “falta de rigor y claridad” de la que adolecen las dos nuevas instrucciones laborales que ha comunicado la empresa a sus empleados. Según el sindicato, “esto no hace más que generar gran incertidumbre e inseguridad entre los profesionales” de la televisión y la radio. “Este proceder unilateral, y más en un contexto de negociación colectiva, refleja la concepción jerárquica y autoritaria de las relaciones laborales” que tiene el director general de la CRTVG, Alfonso Sánchez Izquierdo. Por otra parte, a la empresa le “proporciona un arma contra expresiones de carácter social, político o laboral de los trabajadores”. La Central Unitaria de Traballadores (CUT), va todavía más allá y describe lo que se vive dentro del ente como una “escalada de fascistización de las relaciones laborales”.

Sobre la circular acerca de la presencia física, a buena parte de los trabajadores de informativos les ha molestado que les recuerden algo de “sentido común”, y más que el fondo, critican “los términos” y “la forma” en que se les advierte del estilo de empresa que deben transmitir al público. La CRTVG indica en su comunicado que la gesticulación debe ser “amable” y el vestuario “sobrio, correcto y moderado” para mostrar una imagen “neutra”. En este sentido, abunda la nota de la dirección, “se deben descartar las estridencias” y las “innovaciones estilísticas osadas en los programas informativos, por impropias, aunque resulten acordes a la realidad social”. Tampoco podrán llevarse prendas con marcas comerciales visibles ni utilizar “símbolos que pongan de manifiesto su filiación o proximidad con una opción política, sindical, social, deportiva o económica”. “La inobservancia o incumplimiento por parte de los trabajadores de las anteriores instrucciones será corregida disciplinariamente”, concluye la circular de la dirección.

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