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“No hay comida y tenemos escasas posibilidades de distribuirla”

El gallego Emilio Teixeira es el delegado de la Cruz Roja alemana en Filipinas

Trabaja en la coordinación de parte del dispositivo de ayuda a las víctimas

Emilio Teixeira trabajando en la sede de la Cruz Roja
Emilio Teixeira trabajando en la sede de la Cruz Roja

La noticia de que se acabe de producir un tifón no sorprendería, en condiciones normales, a Emilio Teixeira, un gallego de O Porriño (Pontevedra) que desde hace cuatro años trabaja en Manila como Jefe de la delegación de Cruz Roja alemana en Filipinas. Los tifones son algo habitual en esta zona pero nunca había visto uno de tal dimensión. “Todo esto es un golpe emocional muy fuerte, así como el impacto psicológico y social que está viviendo el país.

Calculamos que puede haber centenares de miles de afectados pero esto todavía está empezando”, dice Teixeira desde el otro lado del teléfono, sobre esta catástrofe que afectó a unos nueve millones de personas y de la que se baraja la escalofriante cifra de 10.000 muertos. La conversación tiene lugar a las 12,00 horas, horario español, que son alrededor de las 19,00 horas en Manila, y Teixeira acusa un cierto cansancio después de varios días durmiendo entre dos y cuatro horas. Además de la Cruz Roja alemana, en Filipinas también operan la delegación española, la finlandesa y la neerlandesa, que permanecen en contacto en las labores de coordinación del dispositivo de ayuda. “Activamos un modelo de respuesta inmediata a través de la Cruz Roja filipina, y cooperamos con técnicos y creando grupos de auxilio especializados”, explica Emilio Teixeira, quien subraya que “esta primera semana será una operación de logística muy dura, porque no hay comida pero aún peor son las escasas posibilidades de distribuirla”.

En estos momentos, las prioridades son restablecer las comunicaciones y los accesos al área afectada, en Leyte, donde no hay ni agua potable ni corriente, y más teniendo en cuenta la singular orografía en forma de archipiélago que posee Filipinas, un país que contabiliza más de 7.000 islas. “Lo normal es que de Manila a Leyte lleve una hora de avión, pero el aeropuerto está cortado. Hay que combinar como se pueda carretera y ferry de isla en isla y llegar ahora puede llevar unas 26 horas. Es que hay municipalidades con el 80% de sus servicios arrasados”, dice este experto en cooperación, que mientras aporta su testimonio está pendiente de un grupo que salió de Manila el domingo por la tarde y esperaba llegar este lunes por la noche. El dispositivo que coordina ha enviado de inicio tres equipos de rescate y emergencias de doce personas cada uno, dotados con teléfonos de satélite. También preparan 14 camiones cargados de mercancías que van desde agua a gasolina, y varios kits específicos de higiene y comida para cubrir a unas 3.000 familias. “Tratamos de acercarnos a núcleos importantes como Cebú o Leyte e ir desbloqueando las carreteras con motosierras y equipos especializados en recomponer estructuras ,como pueden ser los puentes”, explica este cooperante que ha trabajado antes en lugares tan complejos como los núcleos del área metropolitana de El Salvador o los campamentos de refugiados en Sudán.

En algunos de los núcleos de población principales se van instalando dispositivos de coordinación como el de Tacloban y uno de los más delicados es el de tratar de recuperar e identificar los cuerpos de las miles de víctimas. “Se les recupera y se les trata con la mayor dignidad posible de acuerdo con sus creencias, en concreto esta es una zona de mayoría católica. También tratando de localizar familiares, algo que a veces no es fácil”, indica Teixeira. Filipinas tiene una población de unos 94 millones de personas, de los cuales se estima que 11 millones viven fuera del país, con lo cual uno de los objetivos de este dispositivo de ayuda es lograr conectar a la gente que vive fuera del país con sus familiares. Hay cinco provincias muy afectadas, “no es solo Leyte, está también Roxxas o curiosamente una ciudad llamada Pontevedra, y estamos hablando inicialente de zonas urbanas sin llegar todavía a las zonas rurales”, añade este porriñés formado en Cooperación Internacional. Además de las diversas delegaciones de Cruz Roja presentes ahora mismo en Filipinas, en las labores participan varias ONG´s, Naciones Unidas, la Unión Europea y el propio Gobierno.

La solidaridad está creciendo cada día conforme se va percibiendo la dimensión de la catástrofe y una multitud de voluntarios se está sumando a las tareas de ayuda. “Hay cientos de personas echando una mano en lo que pueden. Aquí en Manila empaquetando comida, ordenando ropa o cargando mercancía, la gente está volcada” describe Teixeira, quien avanza que Cruz Roja “ha trazado un plan para asisitir a 100.000 familias en unos 18 meses”. En ese plan se contempla la reconstrucción de edificaciones básicas, reponer electricidad o recuperar el agua potable en zonas que han quedado arrasadas. Y Teixeira reflexiona también sobre un importante aspecto como es el medio de vida de estos castigados habitantes: “otro desastre son los cultivos, porque la mayoría son áreas agrícolas y podemos calcular que en unos tres años quedará arrasado su principal sustento”.

 

 

 

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