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Personalísimo Ferrera

El extremeño se agigantó, se sintió toreo total, en plena madurez y sorprendente progresión

Antonio Ferrera banderillea su primer toro. Ampliar foto
Antonio Ferrera banderillea su primer toro.

La apuesta la hizo Fandiño, pero la ganó Antonio Ferrera. Bien es cierto que la corrida de Adolfo Martín no se movió y la decisión del torero vasco se estrelló contra los imponderables de la ausencia de casta, pero fue el extremeño el que se agigantó, se sintió toreo total, en plena madurez y sorprendente progresión, y dictó una lección de torería que entusiasmó a la plaza.

Fue el milagro de la ilusión, la confianza, la firmeza y el poderío lo que permitió que Ferrera, muy seguro ante su dificultoso primero, aprovechara de principio a fin la sosa nobleza del cuarto, con el que se sintió héroe y artista en una actuación completísima. Lo recibió a la verónica, lo sacó del caballo por airosas chicuelinas, banderilleó con facilidad e inteligencia, y dibujó una faena de menos a más que alcanzó su punto culminante cuando abandonó el estoque simulado, se relajó, muy asentado en la arena, los pitones oliéndole los muslos, y dibujó muletazos por ambos lados templadísimos, largos, preñados de gracia y empaque, y tres naturales brillantes, enterrada ya la espada, un instante antes de que el animal exhalara su último suspiro.

Fue toda una secuencia bellísima, un chispazo de genialidad de un torero que mejora sensiblemente con el paso del tiempo.

Martín/Ferrera, Castaño, Fandiño

Toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, mansos, descastados y deslucidos. Noble el cuarto.

Antonio Ferrera: casi entera (palmas); pinchazo _aviso_ y estocada (oreja).

Javier Castaño: pinchazo, bajonazo y tres descabellos (silencio); cuatro pinchazos y un descabello (silencio).

Iván Fandiño: tres pinchazos y dos descabellos (silencio); dos pinchazos y media (silencio).

Plaza de las Ventas. 6 de octubre. Tercera y última corrida de la Feria de Otoño. Lleno.

No tuvieron suerte sus compañeros de cartel. Fandiño apostó por la feria de Otoño y sale de ella con un sabor agridulce por culpa de los toros. La oreja del viernes es un triunfo menor para sus altas aspiraciones; ayer volvió a intentarlo, pero se le vio desinflado ante las muy escasas opciones de sus oponentes. Y Castaño tiene un serio problema: mientras él interesa cada vez menos, su cuadrilla brilla con más luz. Mientras Tito Sandoval, a caballo, David Adalid y Fernando Sánchez, con las banderillas, y Marco Galán, con el capote, volvieron a triunfar, el jefe de filas naufragó peligrosamente. Como no cambie, los contratados serán sus hombres de plata.

 

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