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Feijóo intenta salir de las cuerdas

La Xunta trata de recuperar la imagen del presidente, hundida por su amistad con Dorado.

Sondeos del PP le sitúan muy lejos de la mayoría

Feijóo intenta salir de las cuerdas

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, sabía lo que le esperaba a la vuelta de Navidades. Desde antes del verano pasado, las prospecciones económicas y sobre el paro que periódicamente le proporciona la conselleira de Traballo, Beatriz Mato, pintaban cada vez más negras. La situación de los astilleros solo podía empeorar y tampoco se vislumbraba una solución para la estafa de las preferentes, ya entonces el principal quebradero de cabeza del Gobierno. Así que de regreso de las vacaciones Feijóo prefirió no arriesgarse a esperar a marzo y firmó el decreto del adelanto electoral. Su inapelable triunfo el 21 de octubre y su mayoría absoluta ampliada apenas se celebró en los cuarteles del PP. El presidente configuró un equipo continuista, ascendió a Alfonso Rueda a vicepresidente y apuró para tener listos los Presupuestos en un mes.

No ha transcurrido medio año de su segundo mandato y su imagen se ha desplomado, igual que la de la Xunta, según las encuestas que maneja el PP. Los publicitadísimos contratos con Pemex no han logrado que en febrero las máquinas estuviesen cortando chapa, tal y como se había prometido, y el astillero más importante de la ría de Vigo, Barreras, ha caído en manos de la petrolera mexicana. Los cimientos tiemblan bajo firmas emblemáticas como Pescanova, Pórtico o Caramelo, por citar las más importantes. Los preferentistas se han instalado en algunos Ayuntamientos del PP clamando por las soluciones prometidas que tampoco acaban de llegar. Y del Gobierno amigo de Rajoy apenas llegan a Galicia más que disgustos. También ha trascendido la indecorosa amistad que a finales de los años noventa juntaba en yates y excursiones de montaña a Feijóo, ya entonces número dos de la Consellería de Sanidade, con el contrabandista y posteriormente condenado por narcotráfico Marcial Dorado. Los sondeos internos revelan que la valoración del presidente está por los suelos. Su puntuación no llega al 4 sobre 10 y la estimación directa de voto del PP tampoco alcanza el 40%, una anomalía en los registros demoscópicos del partido.

Las fotografías en el yate junto al capo arousano no solo han debilitado la imagen del presidente entre la sociedad. También puertas adentro. Por primera vez hay miembros de la dirección del PP que se atreven a cuestionar abiertamente la política de comunicación de la Xunta y especialmente la gestión del caso Dorado. Están quienes piensan que el presidente magnificó con su gira inicial por las televisiones y radios un asunto ya de por sí grave —como es su vieja amistad, cuando ya era cargo público, con un conocido delincuente— pero sobre todo los que consideran que el departamento de comunicación del Gobierno no estaba preparado para afrontar una crisis de esta envergadura. “Son gente joven, todos muy leales al presidente, pero no es lo mismo escribir frases para mítines que enfrentarse a un problema de este tipo”, admite un miembro del comité ejecutivo del PP.

El discurso de la ética y la regeneración que abanderó desde el momento en que sucedió a Fraga está hecho añicos. “¿Cómo va a decir que se avergüenza de Bárcenas o pedir ética al alcalde de Boqueixón después de esas fotos?”, se pregunta un alcalde popular con 20 años en el cargo. La impresión general entre los dirigentes del PP es que el presidente ha quedado tocado pero que eso no le impedirá agotar el mandato.

En el entorno de la Presidencia han saltado todas las alarmas y el gabinete ha optado por emprender el contraataque. Para tratar de recuperar la iniciativa política, el Gobierno ha desempolvado el recorte de diputados, un mensaje que tolera bien la ciudadanía asfixiada por la crisis. Y además se ha planeado una foto de Feijóo con el resto de expresidentes e incluso se ha citado a uno de los demonios del PP, Emilio Pérez Touriño, junto a Fernando González Laxe y Gerardo Fernández Albor, para que arrimen el hombro contra la crisis. Las preocupaciones del Gobierno se extienden hasta los medios de comunicación públicos y sobre todo a los picos de audiencia que alcanzan en Galicia televisiones más críticas con el PP como La Sexta y Cuatro. La pérdida de audiencia de los telexornais que tanto inquieta al presidente ha propiciado ya varias reuniones de directivos de TVG que tratan de recuperar el rumbo.

Para colmo, Internet y las redes sociales se inundan estos días de parodias y chistes no solo la relación de Feijóo con el contrabandista, también sobre su último patinazo, cuando no supo pronunciar el nombre de la banda The Chieftains a la que acabababa de distinguir con una medalla Castelao. Y ni siquiera los internautas que el director general de Xuventude, Ovidio Rodeiro, ha reclutado entre los voluntarios de la Xunta y Nuevas Generaciones logran contener la sangría en las redes a base de comentarios en los foros de los periódicos.

 

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