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La estrella se divierte

Actuación de Thom Yorke, sin el resto de Radiohead, en la sala Razzmatazz de Barcelona

Ya se sabe, todo es relativo. El resultado de una velada musical puede depender de las expectativas que haya despertado en cada espectador, y a su vez éstas están en buena medida inducidas por el relumbrón de los nombres puestos en escena. Si se dice Thom Yorke, el inquieto líder de Radiohead, artista que quiere convencer de que es posible ser estrella mundial esquivando la grosería comercial, las expectativas se disparan. Pues bien, se dijo Thom Yorke a medias, ya que el músico actuaba bajo el paraguas de Atoms For Peace, su proyecto de superbanda ajeno a Radiohead. Aún con todo expectativas altas, incluso sabiéndose que la banda no comparecía al completo, ya que faltaban Flea (Red Hot Chili Peppers) al bajo, el batería y las guitarras: vamos, faltaba el grupo. Atoms quedaba así plasmado en formato electrónico y set de directo a cuatro manos, dos en realidad, las de Nigel Godrich. ¿Resultado? Depende, como decía aquel.

Atoms For Peace

Razzmatazz

17 Abril 2.013

No, no es que el concierto no pudiese ser juzgado en términos absolutos, es que si ese mismo set tiene otros nombres, se ubica en un contexto más anónimo y carece de aspiraciones más allá de su propia mismidad, la única actuación en España de Atoms For Peace hubiese resultado apañada, sin más. Música electrónica sin aspiraciones, ejecutada con cierto aseo, con una sonorización que al menos en su primer tramo, pongamos media hora, tuvo un sonido muy cuestionable, por no decir directamente de walkman, y con una duración excesiva para el ritmo y los clímax repartidos en lógica pop, no electrónica, a lo largo de sus casi 120 minutos. Pero dábase el caso que no era un cualquiera quien estaba en escena, sino el artista que parece no aceptar límites a su creatividad, Thom Yorke.

Puestas así las cosas, el viaje distó mucho del tamaño de las alforjas. En un terreno que puede colindar con Four Tet, James Blake o Darkstar entre otros; es decir una electrónica de texturas y ritmos angulosos que no amaga su vocación melódica, salmódica en el caso de Yorke y Atoms For Peace, los resultados del set fueron bastante humildes. Las texturas apenas se distinguían por la grosería del sonido; las transiciones entre piezas parecían haber sido suturadas no con hilo sino con maromas; la duración de los temas, engordados de forma artificial por un desarrollo de sesión electrónica, restaba interés a los mismos y la actitud de Yorke, mucho más expansivo que con Radiohead, como si Atoms For Peace le liberase de la desazón emocional que padece cuando canta con Radiohead, le acercaban más en lo gestual a David Guetta que a Richie Hawtin –paseillos por escena para ser aplaudido, bailoteo expansivo, sonrisas simpaticonas, saludos etc-. ¿Fue entonces un desastre?. No, tampoco, las piezas de su único disco más el añadido de algunas de su disco en solitario como Black swan o Harrowdown hill, resultan al menos estimables y gusten o disgusten tienen una arquitectura respetable. ¿Que lastró entonces el set?, por otra parte con visuales resultones, pues la ineludible sensación de que aquello, aquella noche, no pasaba de un divertimento de estrella.