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Aparcar un coche viejo en hora punta costará un 20% más

Los parquímetros penalizarán a partir de 2014 a los vehículos contaminantes

Subirán de precio también cuanto mayor sea la demanda de aparcamiento

Parquímetros en la calle Juan Bravo. Ampliar foto
Parquímetros en la calle Juan Bravo.

La regidora, Ana Botella (PP), considera que la batalla contra la contaminación va bien encaminada. Los indicadores le dan la razón, aunque en gran medida gracias a los elementos: la crisis ha reducido el tráfico, y las lluvias han limpiado el aire. De las 24 estaciones de medición de dióxido de nitrógeno, 15 superaron el límite legal en 2011, y otras cuatro se quedaron al límite. Un año después, lo sobrepasaron 10, y otra lo rozó. El grueso del plan municipal contra la contaminación ya está en marcha, pero hay medidas pendientes, como el protocolo de alta contaminación y la regulación medioambiental de los parquímetros.

El protocolo, en estudio y sin fecha aún, permitirá decidir por la velocidad del viento los días en los que restringir el tráfico por motivos medioambientales. En 2011, por ejemplo, se dieron dos, en enero. Pero queda por ver a quién afectaría, pues no se desea dañar la actividad económica.

Respecto a los cambios en el Servicio de Estacionamiento Regulado (anunciados para 2012 y luego pospuestos), Botella prevé licitar el nuevo contrato para el 1 de noviembre; dará seis meses para el cambio progresivo de los 4.200 parquímetros. Los nuevos aparatos permitirán penalizar o bonificar hasta un 10% el recibo a los coches más o menos contaminantes (en general, según su antigüedad). Además, elevarán un 10% el tique en las horas de mayor demanda de aparcamiento. La primera medida afectará también a los residentes (plazas verdes). El objetivo es fomentar la renovación de los vehículos; el dinero extra recaudado se destinará a políticas medioambientales.

Los coches, factor clave

  • Ruth Porta(PSM): “La contaminación baja, pero por la reducción del tráfico y la climatología. Botella no ha tomado ninguna medida”.
  • Raquel López (IU) lamenta que Botella no se centre en el principal problema, el uso de vehículo privado por un modelo de ciudad que fomenta la dispersión.
  • Ecologistas en Acción: “Pese a las condiciones favorables, Madrid está aún muy lejos de cumplir el límite. Debería limitar el uso del automóvil”

Botella presentó ayer el informe que evalúa sí sus medidas contra la contaminación están surtiendo efecto. El documento, fechado en enero, analiza el plan de calidad del aire en los años 2011 y 2012, pese a que éste fue aprobado en abril de 2012. De hecho, el anterior plan había caducado en 2010. Durante esos dos años y medio, el Ayuntamiento careció de estrategia, pese a incumplir la ley por exceso de dióxido de nitrógeno. La Unión Europea responderá en julio a su petición para contar con dos años de moratoria.

El plan de abril de 2012 contaba con 70 medidas: 47 para 2011, 20 para 2012, y 3 para 2013. En total, ya hay 48 concluidas y 15 en marcha; siguen congeladas siete. El plan tiene de plazo hasta 2015.

De esas siete, la mayoría están relacionadas con el tráfico (peatonalizaciones, áreas de prioridad residencial), la principal fuente de dióxido de nitrógeno, pero también la más costosa de evitar. El gasto total ha sido de 98,3 millones, un 10% más de lo planeado.

En las medidas relacionadas con el tráfico se han gastado 90,3 millones; de ellos, 82 en la renovación de 373 de los 1.338 autobuses urbanos del centro. Estos vehículos son responsables del 16% de la contaminación por dióxido de nitrógeno; los taxis, del 14%, según cifras de 2010. Otros tres millones de euros han ido a peatonalizaciones (3.445 metros cuadrados) y al incremento del horario del SER.

En cuanto a combustibles limpios, el Ayuntamiento presume de fomentar el vehículo eléctrico; sin embargo, ya ha admitido que su estrategia de puntos de recarga fue equivocada; en 2012 se matricularon 550 coches eléctricos. Destaca además los incentivos fiscales y la renovación de la flota municipal (el 45,5% ya es verde).

En cuanto a transporte público, la ordenanza del taxi aprobada en octubre impone un estricto límite de emisiones, pero de forma progresiva (de 2015 a 2020). Solo 213 taxistas recibieron ayuda municipal (1.000 euros) para cambiar de vehículo, aunque hay que sumar los que obtuvieron subvenciones regionales (2.000 euros).

El Ayuntamiento presume del mayor uso de la moto en la almendra central (del 12% al 16% del total de vehículos) y de la bicicleta (con 283 kilómetros de carriles, aunque en 2012 solo se hizo el del centro, sin inaugurar). Respecto al transporte de mercancías, acordó con decenas de empresas la renovación del 6% de sus flotas, que se ha traducido en 381 vehículos menos contaminantes.

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