crítica | música
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un torbellino en escena

El acercamiento a la copla de Mariola Cantarero está lleno de respeto y de admiración, y el público que aceptó las reglas del juego disfrutó de lo lindo

La soprano Mariola Cantarero.
La soprano Mariola Cantarero.

No es por tesitura la voz de soprano la ideal para un recital de coplas. Mariola Cantarero lo suplió ayer en el teatro de La Zarzuela con una entrega y un sentido del espectáculo excepcionales. Es granadina y se vuelca en sus raíces familiares, homenajeando en particular a sus abuelos que la iniciaron en este tipo de música folclórica. En un diálogo fresco con el público dijo con claridad que su acercamiento a la copla está lleno de respeto y de admiración. Pero la voz es la que es y con eso no hay remedio. Acostumbrada a la ópera y a la zarzuela, cantó canciones instaladas en la memoria colectiva como Tatuaje, Ojos verdes, Romance de valentía, Por el camino verde y otras. María de la O se la dedicó a la gran Marifé de Triana recientemente fallecida.

MARIOLA CANTARERO (Soprano)

Con Rubén Fernández Aguirre al piano. Coplas de Manuel-López Quiroga, José Padilla y Juan Solano. Teatro de La Zarzuela, 24 de febrero.

Fue un gesto elegante. La versión de Mariola sobre la copla más emblemática de Marifé alcanzó una gran intensidad emocional. En realidad, todo el recital desprendió alma, corazón y vida. La soprano tiene gracia por arrobas y un sentido innato de la comunicación. Lució dos batas de cola, bailó, se adornó con las inevitables pataitas y con un gran abanico rojo. Estuvo artista en todo momento, aún con las limitaciones de estilo. Su generosidad fue inmensa y el público acabó en pleno delirio final en una apoteosis de palmas por bulerías al más puro estilo sevillano. Antes, la granadina cantó a dúo con el pianista baracaldés Rubén Fernández Aguirre —cuyo acompañamiento fue ejemplar toda la noche— la conocida copla de Las cosas del querer en una versión llena de humor y naturalidad.

El público que aceptó las reglas del juego disfrutó de lo lindo. La valiente soprano fue un torbellino en todo momento y el pianista un cómplice perfecto de esta loca aventura. En la sala abundaban los cantantes: Pedro Lavirgen, Josep Bros, Carmen Romeu… El recital estaba organizado como acto complementario en torno a la ópera Marina, que se estrena el 15 de marzo y de la que Cantarero asume el papel protagonista. Fue una noche divertida, diferente y con grandes dosis de creatividad y espontaneidad.

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