Crónica
Texto informativo con interpretación

Las últimas notas de ‘Tio Canya’

Al Tall se despide de Barcelona con una actuación exultante, clamorosa, llena de la mejor música y con un puñado de buenos amigos

Al Tall, acompañados en su despedida en el Auditori.
Al Tall, acompañados en su despedida en el Auditori.j. m. morales

Convertirse en una banda esencial de nuestro panorama musical no significa, ni lo ha significado en las últimas décadas, tener las cosas fáciles. Casi podría afirmarse lo contrario. Al Tall sería un buen ejemplo: en sus 38 años de vida se ha convertido en un grupo esencial para el desarrollo de la música mediterránea pero no ha avanzado nunca por un camino de rosas. El reconocimiento a sus méritos ha ido, a menudo, parejo a los problemas para grabar o actuar. Y ahora de repente, cuando han decidido plegar velas, probablemente fatigados por las dificultades, todo el mundo parece haberse dado cuenta del inmenso vacío que va a quedar tras su marcha.

 En la noche del jueves en el Auditori de Barcelona y en el marco de Barnasants, Al Tall dijo su adiós definitivo. Pasaban pocos minutos de las 23 horas cuando las notas de Tio Canya sonaron por última vez, como mínimo en sus voces y como grupo. Una despedida exultante, clamorosa, llena de la mejor música y con un puñado de buenos amigos, tanto en el escenario como casi abarrotando el Auditori, que no quisieron pasar por alto la última ocasión.

Al Tall dijo adiós con un concierto memorable en el que repasó su larga trayectoria, desde la primera canción de su primer disco en 1975, Obriu cabretes, hasta un tema que ya quedará inédito solicitando la jubilación de la alcaldesa de Valencia, Liberanos Domine. Temas anclados en la tierra valenciana e impregnados generalmente de denuncia social entre los que no faltaron ninguno de sus éxitos: Lladres, A Miquel asesinaren, Xavier el coixo, Cant de Maulets, Cançó de la llum y la ya mencionada e indispensable (y desgraciadamente más viva que nunca) Tio Canya.

El escenario estuvo en continuo movimiento toda la noche, lleno de invitados que entraban y salían según los temas. En un momento llegaron a reunirse 27 músicos sobre la tarima y, cosa impensable, consiguieron sonar conjuntados. Se trataba de algo más que de un concierto y se notaba. Miquel Gil, uno de los fundadores de la banda, quiso estar al lado de sus compañeros en esa noche pero también pasaron por el escenario, entre otros, Jaume Arnella, Obrint Pas, Titot, Jordi Fàbregas, Nova Euterpe, Jan-Maria Carlotti o un grupo de dulzaineras y una sección de viento jazzística.

Hubo recuerdos, muchos recuerdos, para personas y lugares. Recuerdos en su mayor parte positivos (el ministro Wert cargó con los otros) que no dejaron lugar a las lamentaciones. Esas vendrán más tarde porque decididamente en un panorama como el nuestro no se debería permitir que un grupo como Al Tall desapareciera, no podemos permitírnoslo pero, hoy por hoy, las instituciones (sobre todo, las valencianas) andan embarcadas en otras guerras.

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