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Las ayudas a emprendedores bajan pese a las promesas electorales

Las prestaciones dirigidas al autoempleo mermaron en un 49% en Galicia

Andrés Villamarín, en el vivero de empresas de la Cámara de Comercio de Santiago.  ANXO IGLESIAS
Andrés Villamarín, en el vivero de empresas de la Cámara de Comercio de Santiago. / ANXO IGLESIAS

Hasta las 19.00 horas Andrés Villamarín no atiende al teléfono. Trabaja a destajo para frenar el ímpetu con el que las empresas bajan sus persianas, para que persistan al vendaval aunque hayan perdido el paraguas del crédito. Incluso cuando no pueden guarnecerse en los soportales de las ayudas públicas. Su historia se desperezó con el derrumbe del ladrillo. Los números rojos desplomaron de un golpe 150 puestos de trabajo en la empresa de construcción que regentaba y lo avocaron a la nada. No hubo indemnización ni quien contratase a un licenciado en Empresariales próximo a los cincuenta. Comenzó a cavilar y de la vieja idea mutilada, urdió una nueva para “volver a crear algo en lo que creer”. Después hincó los codos para adiestrarse en la procura del rendimiento y buscó un hueco en una de las oficinas del vivero de empresas de la Cámara de Comercio de Santiago. En enero de 2012 Villamarín extendió sus raíces en la ciudad, amamantándose de los consejos de gente que, como él, había decidido inventarse su propia suerte. Al poco, la Consellería de Traballo le concedió una subvención pública destinada a autoempleo. Lleva seis meses sin recibir “un peso” de una ayuda a iniciativas emprendedoras.

Ese es el mal que achaca a las Administraciones públicas: el poco brío, la desidia, el dinero que no llega cuando hace falta. Las cifras de la Conferencia Sectorial de 2012 revelan que las ayudas a emprendedores y al autoempleo mermaron en un 49% en Galicia. Pese a ello, la facturación de su compañía, Villamarín Professional Group, una sociedad limitada, le hace perseverar. Sus clientes son micropymes a las que acicalar y asesorar si la crisis se vuelve “acentuada y perversa”. Y si todo sigue como hasta el momento, quizás para el año que viene alguien más se incorpore a su plan. Pero no quiere arriesgarse. Ahora no hay nada al respecto, y aun así conjetura que para el próximo ejercicio saldrán las ayudas de contratación a desempleados. Aunque, en la Conferencia Sectorial, la partida destinada a las oportunidades de empleo y fomento de la contratación se redujo un 99,7%. Tras echar un vistazo a anteriores solicitudes, su pronóstico es que las contribuciones serán pequeñas y un perfil del parado que, a veces, no se ciñe a las necesidades de la empresa. Al margen de las ataduras, ese dinero sería como un arnés para caminar por las alturas sin padecer el vértigo a una quiebra prematura.

Las Cámaras de Comercio son las que dirigen estos semilleros pero con financiación pública que, en su mayoría, llega del Fondo Social Europeo. El gerente de la asociación gremial de Vigo, José Manuel García Orois, defiende la eficacia de las políticas de empleo del Gobierno, por apoyar a la exportación o a la captación de inversión. En este sentido, Alberto Núñez Feijóo, el presidente de la Xunta en funciones, pujó por el autoempleo en su programa electoral de 2009, y revalidó la apuesta en los pasados comicios. Una idea que reverberó en el Gobierno central y que se materializaría con una Ley de Emprendedores de la que todavía no hay ni rastro. Una voluntad que contradice el dictamen de los números.

Pero no se trata solo de una cuestión de dinero. Para Roberto Bande, profesor de la USC que investiga sobre las relaciones entre inversión y desempleo, el cambio debería empezar por la mentalidad. “En España, el fracaso en el emprendimiento es una especie de estigma social que se arrastra durante mucho tiempo”. Contra ello, reivindica pedagogía social, pero sobre todo políticas públicas “que modifiquen las leyes de suspensión de pagos y quiebra”. De hecho, defiende que “los grandes éxitos de autoempleo llegan después de los dos o tres fracasos, de lo que se aprende de ellos”. Manoel Anxo García, de la CIG, considera que el emprendimiento es “un fraude político que esconde el ‘sálvese quien pueda”, a través del cual el Estado se desentiende de las necesidades sociales.

Por su parte, la profesora de Economía Financiera y Contabilidad Loreto Fernández expone que los datos del nacimiento de nuevas empresas deben compararse con sus índices de mortandad. Quizás la estrategia “de moda”, y que ha dado “buenos réditos políticos” a algunas formaciones, puso énfasis en la fase de creación de empleo, escatimando en la consolidación de las ideas.