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Películas de ida y vuelta

La ópera prima de Claudia Llosa (‘Madeinusa’) y el último filme de Viggo Mortensen, ‘Todos tenemos un plan’, nacieron en un curso de Madrid, una fábrica de guiones que une las dos orillas del Atlántico

Viggo Mortensen, en un fotograma de 'Todos tenemos un plan'.
Viggo Mortensen, en un fotograma de 'Todos tenemos un plan'.

Cuando la peruana Claudia Llosa, sobrina del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, tuvo medio claro su proyecto, se plantó en Madrid en busca de que alguien le ayudara a desarrollarlo. Tras mes y medio viviendo un Gran Hermano con 20 personas en la Residencia de Estudiantes y acudiendo cuatro horas al día a la Casa de América para cuestionar y discutir sus ideas con un tutor, se fue con Madeinusa (2005) bajo el brazo, su ópera prima, anterior a La teta asustada, por la que después se llevó un Oso de Oro en el Festival de cine de Berlín de 2009 y fue nominada al Oscar en 2010.

Tráiler de Madeinusa.

Cuando la argentina Ana Piterbarg empezó a darle forma a la recién estrenada Todos tenemos un plan, ya pensaba en Viggo Mortensen, pero lo dio por imposible. Sin embargo, tras pasar por Madrid, la Residencia de Estudiantes y el curso de guion y producción en el paseo de Recoletos, él acabó siendo el protagonista. “Salí de allí con el texto casi definitivo y luego me encontré a Viggo en la puerta del Club San Lorenzo de Buenos Aires, cuando iba a recoger a mi hijo de natación. Me atreví a comentarle lo del guion y me dijo que se lo enviara. A los pocos meses me devolvió la llamada y empecé a buscar productor. Funcionó. Mi paso por Madrid ha marcado un antes y un después”.

Yo también (2009), el filme sobre el primer joven europeo con síndrome de Down que obtiene una licenciatura, dirigida por Álvaro Pastor y Antonio Naharro, empezó también en esa fábrica de proyectos, y fue Concha de Plata al mejor actor (Pablo Pineda) y a la mejor actriz (Lola Dueñas) en el Festival de San Sebastián; además, ganó el Goya a la mejor canción original y a la mejor actriz, y se llevó el premio del público en el Festival de Rotterdam en 2010...

Tráiler de Todos tenemos un plan.

La fábrica de cine iberoamericano

En Madrid hay una fábrica de proyectos cinematográficos iberoamericanos que arranca el lunes y que este año cumple —milagrosamente, en medio de la tempestad que sufren la industria del cine y la cultura— su décimo aniversario. Un ovillo de sinergias que han ido y vuelto de un lado a otro del Atlántico año a año, primero desde la Casa de América con los fondos aportados por la Fundación Carolina y ahora, crisis mediante, desde la Academia de Cine (calle de Zurbano) con la ayuda de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), entre otras instituciones europeas y españolas. Su nombre lo explica todo: Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos.

Cada año, una veintena de proyectos son seleccionados por personas relevantes del sector, como Mercedes Ortiz de Solórzano este año, y asesorados por otros, como Jorge Goldenberg, Ángeles González Sinde, Belén Gopegui, Manuel Gutiérrez Aragón... Llegan vírgenes y salen preñados: con un guion sólido y con una vía de producción en vistas, “porque se trata no solamente de conseguir una buena estructura de guion, sino de profundizar en la viabilidad de la película, por lo que se crean encuentros con productores españoles”, explica el cineasta, productor y director del curso, Gerardo Herrero.

Desde 2003 han dado a luz 58 películas que han corrido, como todos los hijos, mejor y peor suerte. Eso sí, todos sus padres hablan en español, ya sea desde Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, España... Películas de ida y vuelta que unen las dos orillas del Atlántico.

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