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OPINIÓN | ANTÓN LOSADA

La hora de Pikachu

El candidado que resuelva mejor la crisis habrá puesto un pie en Monte Pío

Seguro que la querencia de algunas judicaturas por su recurrente irrupción estelar en precampañas electorales es pura casualidad. El gusto por las pasarelas ya no resulta exclusivo de Tino Casal o Lady Gaga. Se ha democratizado. Figura en la declaración universal de los derechos modernos de Andy Warhol: todo el mundo tiene derecho a sus 15 minutos de fama en la nueva sociedad multimedia. Además, ya decía Voltaire que eso que llamamos casualidad solo es la causa ignorada de un efecto desconocido.

En su momento, el juzgado dirá…. o no, dada esta megatendencia judicial tan fashion donde se arrancan espectaculares procesos empleando formatos que los convierten en un mezcla apabullante entre un episodio de CSI Miami y Los Soprano, para luego, cuando se van las cámaras, acabar como Walking dead procesales, zombis judiciales vagando por los pasillos de salas, juzgados y audiencias sin que nadie los cierre, termine o archive. Incluso tanta estulticia procesal carece de importancia hoy. Da igual. Ahora no es la justicia, “es la política, estúpido”. A unos días de las elecciones, lo que realmente cuenta de la Operación Pokémon reside en su vertiente política, en su potencial como arma de destrucción electoral masiva. Y aquí, amig@s, se acabaron las bromas. Que comiencen los juegos. El duelo es a primera sangre.

Dos alcaldes, dos pesos pesados, ponen a prueba el temple y la capacidad de los dos candidatos que aspiran a presidir la Xunta de Galicia. Pachi Vázquez y Núñez Feijóo. Al socialista Paco Rodríguez le otorga su relevancia presidir el consistorio de una de las cinco capitales. Al regidor de Boqueixón, Adolfo Gacio, la categoría se la concede haber sido y ser el hombre de confianza del todopoderoso Romay Beccaría en el bien engrasado Partido Popular de A Coruña.

El candidato que resuelva mejor y más rápido su respectivo marrón habrá puesto un pie en Monte Pío. Es el momento para mostrarse eléctrico, audaz y valiente como el Pokémon más famoso, el pequeño pero resuelto Pikachu. Vaya por delante que a ambos acusados no les queda más remedio que abandonar sus puestos. Es pura ley de la gravedad. Ninguna democracia homologable puede soportar que permanezcan en sus cargos y en libertad bajo fianza dos acusados de delitos impropios de un servidor público. Su final está escrito. La cuestión es quién lo redacta y cómo se pone en escena.

El dilema de Pachi Vázquez se plantea arriesgado. Tiene mucho que ganar y mucho que perder. Si logra forzar la dimisión del alcalde Rodríguez, habrá acreditado mando en plaza y dispondrá de un ariete para golpear directamente contra el pecho de la Democracia Feijoniana. Si tiene que tirar de autoridad, la incógnita residirá en ver cómo lo encaja un partido que, como todas las organizaciones políticas, prefiere siempre un enemigo exterior. La inacción no parece una alternativa tras todos los trabajos pasados por Pachi Vázquez para llegar a la candidatura a la Presidencia. Se sustancia una cuestión de credibilidad en los mensajes de quien aspira a gobernar un país. Pachi Vázquez tiene ante sí una crisis, pero también una oportunidad para visualizar ante mucha audiencia qué tipo de presidente puede ser.

El dilema de Núñez Feijóo se antojaba menos arriesgado, pero también más severo. Tenía poco que ganar ante la opinión pública si entregaba o ejecutaba la cabeza de un alcalde desconocido. Pero podía perder mucho ante los ojos vigilantes de un PP donde ese discreto regidor operaba como primus inter pares. Seguramente por eso le pidió en público al alcalde Gacio que reflexionase sobre su futuro y ha tragado con que siga de concejal. Un detalle fino y sensible que no tuvo con la fiscalidad creativa de su candidato por Ourense en 2009, Luis Carrera, o la afición a los coches deportivos del exdiputado Javier Escribano. Entonces tenía que ejecutar y ejecutó porque pudo. Si tardó en cazarlo fue porque la pieza podía resistirse y se resistió. La Democracia Feijoniana ha dado muestras de conocer sobradamente el precio de la inacción ante este tipo de líos turbios. En política, como en la vida o en el amor, el tiempo siempre es el bien más escaso.

@antonlosada