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El hermano de Bretón alega indefensión por las insinuaciones del juez del ‘caso Ruth y José’

El instructor sugiere su colaboración en una presunta ocultación de pruebas pero no le imputa

Rafael Bretón pide que "se le dé cabida" en el proceso para así poder defenderse

Rafael Bretón y sus padres, camino de la Audiencia de Córdoba en mayo pasado.
Rafael Bretón y sus padres, camino de la Audiencia de Córdoba en mayo pasado.

Rafael Bretón ha presentado un escrito ante el juez José Luis Rodríguez Lainz que investiga el presunto asesinato de sus sobrinos Ruth y José a manos de su padre, José Bretón, en el que asegura sentirse legalmente indefenso ante las afirmaciones del magistrado en el último auto sobre el caso. En el escrito fechado el 17 de septiembre, el juez no acusa formalmente al hermano de José Bretón, pero sí insinúa la presunta colaboración de este y del esposo de su hermana Catalina, José Ortega, en una hipotética ocultación de pruebas.

En el auto relativo a los mensajes de teléfono móvil intercambiados entre José y Rafael Bretón tras la conclusión de una inspección policial en la finca Las Quemadillas en la madrugada del 11 de octubre de 2011, Rodríguez Lainz sugiere la cooperación de ambos para una supuesta destrucción de pruebas. Sugiere pero no imputa. Y Rafael Bretón le solicita ahora que “le dé cabida en el procedimiento” para poder así ejercer su legítimo derecho de defensa.

Las insinuaciones sobre el papel jugado por Rafael Bretón amenazan con cubrir de dudas los testimonios de su hermana Catalina, del marido de esta, y de sus padres, Bartolomé y Antonia, a lo largo de los once meses de investigación. Los cuatro volverán a declarar ante el magistrado mañana. Lo hacen a petición de la acusación particular que representa a la madre de los niños, Ruth Ortiz. Será la primera vez que lo hagan con José Bretón acusado de doble asesinato.

El juez sospecha de un cruce de mensajes de móvil entre los dos hermanos, coincidentes con la terminación de las diligencias policiales ese día en la parcela. La policía ya creía entonces que el padre podía haber hecho desaparecer allí a sus hijos. La conversación de texto de la que Rodríguez Laínz considera “pudiera determinarse una posible connivencia en la ocultación de pruebas”, se limita a tres mensajes de Rafael: “Ya estamos”, “Estoy localizado” y “Estoy en primer cruce después de doblar a la derecha por la parcela las petacas, como dijiste”.

La única “explicación razonable” que encuentra el juez es bastante compleja. El magistrado insinúa que la madrugada del 11 de octubre Bretón citó a su hermano Rafael en las cercanías de la finca familiar con el objeto de recoger “algún objeto, resto o efecto” del que no hubiera podido desprenderse la tarde en que, presuntamente, asesinó a sus hijos. Rodríguez Lainz cree que Rafael podría haber estado acompañado de su cuñado, José Ortega. Por ello, ha ordenado el rastreo de las llamadas y mensajes que ese día hizo este desde su móvil.

Por su parte, la explicación de Rafael es sencilla. “En una actuación de evidente normalidad y dado que el imputado —mi hermano—, quedó solo en la citada parcela, a esa hora y con los medios de comunicación a su acecho, llamó al que suscribe para que lo recogiera por la parte de atrás de la parcela, única forma de evitar el acoso de los medios”. La madrugada del día 11, Bretón no estaba detenido y había acompañado a los agentes durante el registro. Al irse la policía, Bretón quedó a expensas de ser abordado.

Rafael explica al juez que él y, efectivamente, su cuñado se desplazaron en coche al camino trasero de la parcela. Dieron varias vueltas para asegurarse de despistar a los medios y en esas circunstancias se cruzaron los mensajes. El hermano de Bretón afirma que cuando escribió “ya estamos”, se refería a él y a Ortega, que tecleó “estoy localizado”, para indicar que había activado la función de localización que envía al destinatario su posición, y que con la frase “estoy en primer cruce después de doblar a la derecha por la parcela las petacas, como dijiste” mostró “un actuar normal, propio de quien ha quedado con alguien para recogerlo y quiere evitar el acoso de la prensa”.

Rafael se queja de que “tras once meses”, el juez decida “averiguar algo que ya se sabe y, lo peor, extendiendo una injusta e injustificada sombra de dudas sobre el dicente”.