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XVII BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

Verso, cante y canción

Las composiciones de Luis Pastor marcaron la pauta en lo mejor del concierto

Carmen Linares durante su espectáculo, en la noche del domingo, en la Maestranza de Sevilla. Ampliar foto
Carmen Linares durante su espectáculo, en la noche del domingo, en la Maestranza de Sevilla.

El reto es transmitir la esencia, el mensaje o la emoción de los versos del poeta. A Carmen Linares le bastó, mediado el espectáculo, con arrimarse al piano de Pablo Suárez para ponernos el corazón en un puño. De ese íntimo recinto que los dos crearon surgieron los versos y la música hermanados en la garganta rozá de la cantaora, que parece dulcificarse y adquiere matices nuevos cuando abandona la vereda flamenca. Fueron cuatro hermosas canciones, aunque dos de ellas respondieran al patrón flamenco, como el del martinete (yunque pianístico de Suárez) para El Sol, la rosa y el niño o la malagueña con su abandolao para El niño yuntero. Pero las composiciones de Luis Pastor -Casida del sediento y Mis ojos sin tus ojos-, interpretadas previamente, habían marcado la pauta y los versos salieron por fin de una manera más clara, su mensaje más entendible y apegado a la música que los transporta.

Oasis abierto. Miguel Hernández flamenco.

Cante: Carmen Linares. Guitarras: Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco. Percusión: Tino di Geraldo. Coros: Ana María González, Rosario Amador y Carmen Amaya. Piano: Pablo Suárez. Artista invitado: Tomasito. Dirección musical: Carmen Linares. Música: Luis Pastor y Carmen Linares. Dirección escénica: Emilio Hernández.

Teatro de la Maestranza. 23 de septiembre de 2012.

Tras Lorca, con el maestro Sanlúcar, y Juan Ramón -Raíces y Alas, su trabajo junto a Juan Carlos Romero que se estrenó en la Bienal de 2008-, Linares aborda su tercer monográfico de poetas con Miguel Hernández. De él ya había adelantado precisamente los cuatro temas citados dentro del espectáculo Ensayo flamenco siglo XXI, donde también repasaba poemas de los autores anteriores, además de José Ángel Valente, Carmen Santoja y José Luis Ortiz Nuevo. Fue un Hernández inédito, que tenía que ver con el redescubrimiento que de su obra había hecho Luis Pastor. En Oasis Abierto, Carmen ha ampliado la aportación del cantautor madrileño y ha mantenido sus propias creaciones del poeta de Orihuela adaptados a la métrica flamenca. El conjunto configura una obra con aspiración de espectáculo, dirección escénica incluida, que goza del cuidado habitual en los trabajos de la cantaora. Musicalmente, las frescas armonías de Salvador Gutiérrez desde la guitarra y los colores que pone Di Geraldo constituyen un ancla de seguridad. El piano de Suárez es el contrapunto perfecto para ese nuevo Hernández redescubierto, mientras que las aportaciones de Tomasito abundan en su línea habitual: desenfado y desparpajo con muchísimo compás. Expresión y extroversión, justo la otra cara del intimismo señalado al principio.

En la primera parte, la interpretación de los poemas en clave flamenca no contribuyó precisamente a que el espectáculo despegase. Los versos no llegaban y su mensaje se perdía en la quebrada garganta de Carmen, que defendía los cantes con su acostumbrada entrega. Tomasito había arrancado por bulerías con el Solo del Dale y regresaría para prologar con sus pies la seguiriya. En medio, taranta y cartagenera, soleá por bulerías o bamberas pasaban sin pena ni gloria. Otro arreón de Tomasito, esta vez rapeando por bulerías, lograba elevar el tono. Así, hasta el momento señalado. Ya después, los versos sobrecogedores de la impotencia –No puedo olvidar que no tengo alas-, dichos a palo seco, marcarían la senda de un final en clave ascendente. Esos mismos versos con el coro convirtiéndolo en una suerte de marcha, imágenes de una guerra de fondo, constituyeron un emocionante colofón. La propina, tema compartido con el mismo Luis Pastor en escena, prolongó las mismas sensaciones.