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Celso Emilio fuera del sepulcro

Arraianos homenajea al poeta en Celanova y ultima un documental sobre él. Alonso Montero: "El PP no es republicano, marxista ni ateo, por eso no le gustan sus versos"

Celda del monasterio de Celanova en la que estuvo recluido Celso Emilio, con la instalación de Baldomero Moreiras en primer plano.
Celda del monasterio de Celanova en la que estuvo recluido Celso Emilio, con la instalación de Baldomero Moreiras en primer plano.

Tres días y tres noches de 1937, entre el techo y el suelo de piedra del viejo archivo del monasterio de Celanova, pudieron ser la raíz de Longa noite de pedra (1962), uno de los poemarios fetiche del antifranquismo. En esa celda de cúpula abovedada estuvo recluido Celso Emilio Ferreiro (Celanova, 1914-Vigo, 1979) durante la guerra, tras un permiso que lo devolvió del frente de Asturias a casa para ver a la madre enferma. La mujer se recuperó y al poeta se le escapó algún Viva Rusia mientras celebraba su salud en las tabernas. En ese espacio inició su viaje el pasado viernes, 33º aniversario de su muerte, la asociación cultural Arraianos, punta de lanza de los homenajes civiles al poeta gallego más traducido desde Rosalía tras la sorpresiva declaración de 2012 como Ano Celso Emilio por parte de la Xunta.

Una estructura cúbica de Baldomero Moreiras, cubierta de lonas negras, y el libro de artista del también poeta Baldo Ramos sirvieron de plástica conmemorativa en el monasterio durante la mañana. No había allí muchos celanovenses, cuestión difícil de zanjar en pocas palabras, aunque sí decidió acercarse, como vicario de la corporación municipal, el baltarista Maximino Rodríguez (PP), en UCD cuando muere CEF y uno de los responsables de que tuviese una calle con su nombre ese mismo año. Fue Ramos el primero en exponer la relación con el origen del autor de Onde o mundo se chama Celanova. Recurriendo a otro poeta del mismo pueblo, y al que Celso Emilio Ferreiro (CEF) sucedió en los libros de texto como poeta civil (o social) de Galicia: “Hacia el final se acordaba de aquellas palabras de Curros: Galicia desviste aos seus fillos para vestir aos seus xenros”.

Por “devolver a Celso Emilio una pequeña parte de lo que él dio a Celanova”, insistió Aser Álvarez, de Arraianos, se concibieron los actos del viernes. El profesor Xesús Alonso Montero esgrimió razones políticas: “Celso Emilio no le gusta a más del 50% de los vecinos, son votantes del PP y el PP no es republicano, marxista ni ateo, por eso no le gustan sus versos”. Después, en el cementerio de San Breixo donde están enterrados el poeta y su esposa, sobre la férrea admonición que graba el sepulcro —“mais o lume que alampea xamáis o veredes morto”—, el octogenario catedrático fue ungido como arraiano maior y leyó un discurso anticapitalista encaramado al túmulo. Con referencias a Ignacio Sánchez Gordillo, la Transición como disfunción o a la Medalla Castelao que recibió de Fraga, en 1990, Luís Moure Mariño, “un fascista no arrepentido”. O Leo y Daniel Salgado pusieron después guitarra y voces a Libremente, uno de los poemas de Longa noite... que justifican el rechazo del autor a la poesía social como cliché de sí mismo —“soy un poeta beligerante”, corregía él—. Allí estaban dos de los tres hijos vivos de CEF, Luís e Isabel, académicos como Francisco Fernández Rei, que se acercó a Celanova a título personal, como Pepe Álvarez Cáccamo, Amancio Prada o Cynthia Leborne, una profesora de Rennes que conoció al poeta en 1978 y decidió consagrarle su investigación Celso Emilio Ferreiro, poeta do pobo galego.

El recorrido siguió en la Taberna de O Galo, ahora bar de copas, y por la noche, con la fiesta de fin de rodaje del documental Celso Emilio fai cen anos, unha biografía 100%, dirigido por Aser Álvarez y con más de 40 entrevistas —se presentará a finales de año para su emisión en TVG—. A falta de exprimir el esfuerzo biográfico de Ramón Nicolás, autor del reciente Onde o mundo se chama Celso Emilio Ferreiro (Xerais), en el documental se evidencian algunas de las líneas de corte de la literatura de posguerra y la compleja relación entre Celso Emilio y Galaxia, quizá marcada por la presencia del poeta en la UPG iniciática de 1964.

“Formalmente fue respetuosa”, resumió apresuradamente Luís Ferreiro. “Ramón Piñeiro nunca dijo nada que desfigurase públicamente a Celso Emilio, como sí hicieron del Riego o Cunqueiro”. La correspondencia del poeta con Álvarez Blázquez, editor en Castrelos de Longa noite de pedra tras la publicación inicial de Galaxia en 1962 —el editor catalán Josep Batlló, que la recuperó después en bilingüe, reconoce que gracias a Longa noite... pudo publicar “a muchos poetas catalanes”—, aún se publicará en 2013.