Un millar de militares de la UME participan en las tareas de extinción

Los cambios de viento, las altas temperaturas y la sequedad del terreno dificultan la situación

Las llamas avanzan sin control en el término de Altura, en Castellón.
Las llamas avanzan sin control en el término de Altura, en Castellón.CARLES FRANCESC

La principal dificultad a la hora de hacer frente a los dos incendios que están arrasando Valencia son los bruscos cambios en la dirección del viento y la sequedad del terreno, a lo que se suman las altas temperaturas. Esto está haciendo que la situación sea “difícil”. Es la valoración que realizan fuentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Entre ambos fuegos, esta tiene desplazados a cerca de un millar de efectivos y más de 200 vehículos, a lo que se suman 10 medios aéreos.

Desde que llegaron el jueves no han parado de echar agua sobre las llamas. En turnos de unas ocho horas, están luchando contra el fuego las 24 horas del día. Las citadas fuentes explican a este diario que sus funciones son el ataque directo al fuego y la protección de “sitios sensibles”, es decir, zonas habitadas.

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Estos medios humanos y técnicos proceden de cuatro de los siete batallones que la UME tiene en España: los Torrejón de Ardoz (Madrid), Zaragoza, Morón de la Frontera (Sevilla) y Bétera (Valencia). Él va determinando los trabajos, pero aproximadamenteEn el incendio de Cortes de Pallás, el más grave, el dispositivo se compone de 606 militares y 147 vehículos, entre ellos 30 autobombas y diez nodriza. En el de Andilla hay 350 militares y 91 vehículos, de los que 18 son autobombas y seis nodriza. Además, dos helicópteros y ocho aviones actúan indistintamente sobre los dos focos.

Todo el dispositivo que está trabajando en las tareas de extinción está gestionado por la Generalitat valenciana, a través del Centro de Coordinación Operativa Integrado. Será el Ejecutivo autonómico el que determine hasta cuándo será necesaria la intervención de la unidad militar.

De momento, mientras la situación siga siendo complicada, todos trabajan en extinguir las llamas mientras miran al cielo y ponen sus esperanzas en que la meteorología cambie. Se encuentran a la espera de que las tormentas que están llegando a la región y las primeras gotas que están cayendo sean el preludio de precipitaciones mayores que les ayuden a controlar la tragedia.

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