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¿Quién tiene la llave de la sede de San Vicente, 37?

Mario Jiménez se perfila como el nuevo ‘número dos’ del PSOE andaluz

José Antonio Griñán, Mario Jiménez y Susana Díaz.
José Antonio Griñán, Mario Jiménez y Susana Díaz.

El próximo viernes, el PSOE abrirá en Almería su 12º congreso regional, el de la confirmación de José Antonio Griñán como líder del partido. Tiene manos libres para elegir a su número dos, pero no para hacer lo que le dé la gana, como sin duda hizo cuando nombró a los consejeros socialistas del primer Gobierno de coalición con Izquierda Unida. En ese trance, Griñán hizo lo que ninguno de sus antecesores consiguió: prescindir de las cuotas territoriales, escoger a los que él consideró mejores y dejar a cuatro provincias (Almería, Granada, Cádiz y Huelva) sin representantes en la sala del Consejo de Gobierno.

El partido es otra cosa. Hacer una ejecutiva es como hacer un puzzle donde todas las sensibilidades territoriales y de tribus deben encajar con cierta confortabilidad. Griñán no va a tener problemas para obtener un respaldo búlgaro, como ya sacó hace tres años cuando fue elegido secretario general por el 99,8% de los votos. Todos síes salvo un voto en blanco que fue el suyo.

El sector crítico andaluz no tiene margen para plantear batalla, más allá de que no se descarta que puedan presentar lista alternativa al comité director y federal si hay nula integración y mucho cabreo. Este sector está integrado —salvo la imponente mayoría de Jaén, que va a jugar a lo suyo— por minorías descontentas con sus direcciones provinciales y lo que les unió en el pasado fue que apoyaron a Alfredo Pérez Rubalcaba como líder federal frente a Carme Chacón, la aspirante que apoyó Griñán y que perdió, entre otros motivos, porque Andalucía acudió dividida a ese congreso. El cónclave generó una crisis desconocida desde 1994, pero que se aplacó, que no diluyó, de la misma manera: con el curativo de los resultados electorales. En este sentido, el caso de Griñán es bastante extraño. Como secretario general del PSOE andaluz ha perdido las tres elecciones a las que se ha enfrentado (municipales, generales y autonómicas) y pese a esos números rojos es el principal referente del socialismo español. Los críticos se quedaron sin argumento para pasar a la pelea cuando sobre las nueve y media de la noche del 25 de marzo, el recuento de votos autonómicos confirmó que Javier Arenas iba a tener su victoria electoral más dolorosa, al ganar en Andalucía pero lejos de la mayoría absoluta. El pacto PSOE-IU fortaleció aún más a Griñán al retener la presidencia de la Junta.

Las direcciones provinciales quieren participar en la toma de decisiones

Es curioso que en una organización política que ha perdido tres elecciones consecutivas este asunto se considere un tema tabú. Y suenan a broma frívola las explicaciones de sus dirigentes de culpar a las encuestas de haber perdido 650.373 votos respecto a hace cuatro años. El deterioro electoral del PSOE, un partido muy institucionalizado, se debe, según sus dirigentes, a causas exógenas (Zapatero y la crisis; la crisis y Zapatero; y la crisis y las encuestas). En este sentido, la ponencia marco del PSOE que se debatirá en el congreso es una muestra no solo de una escuálida capacidad autocrítica, sino de falta de ideas para el presente y el futuro.

Griñán intentó hace tres años crear una nueva estructura de ejecutiva dividida en tres grandes áreas con múltiples voces hacia el exterior. No lo hizo porque no le dejaron. En un partido que tiene 133 años y una cadena de mando muy piramidal, la pregunta es: ¿quién abre y cierra todos los días la puerta de la casa de San Vicente número 37? En esa estrecha calle sevillana está la sede del poderoso PSOE de Andalucía. Y la llave de la puerta, además de poseerla el secretario general, tiene que tener otro dueño, alguien que se ocupe del partido las 24 horas, alguien que decida, al que se oiga y que hable como número dos del PSOE. Según todas las fuentes consultadas, el portavoz del grupo socialista, Mario Jiménez, es ese alguien. Los dirigentes consultados dan por hecho que será el futuro vicesecretario general y que compaginará la portavocía parlamentaria. Eso sí, dejará la secretaría general del PSOE de Huelva, en un congreso que ha convocado el último fin de semana de julio, tiempo suficiente para aunar consensos sobre el relevo.

La acumulación de poder de Susana Díaz “preocupa” a algunos dirigentes

El granadino Francisco Álvarez de la Chica tendrá un papel relevante en la ejecutiva. Griñán quiere que sea la “voz social” del partido, aunque todavía se desconocen los galones orgánicos que implica esa expresión. También acaricia, como hace tres años, darle un vuelco a la secretaría de Organización para que tenga más proyección hacia el interior del partido que al exterior. Lo que ocurre es que en el centenario PSOE, el secretario de Organización es el que controla la sala de máquinas del partido, el número dos de facto si no hay vicesecretario, y el interlocutor con las estructuras inferiores y superiores del PSOE. “A lo mejor quiere un gerente en Organización”, ironiza un crítico.

A partir de este lunes, José Antonio Griñán iniciará la ronda de consultas con los secretarios generales provinciales. Esta semana ha pedido opiniones a algunos dirigentes y ha escuchado de viva voz la “preocupación” que genera en algunas provincias que la consejera de la Presidencia, Susana Díaz, que dejará la secretaría regional de Organización, acumule más poder si accede a la secretaría general del PSOE de Sevilla. Las provincias quieren que la mesa de camilla del PSOE se amplíe, con independencia del número de ejecutivos que tengan, y formar parte de la toma de decisiones en la que ahora no están. Esa va a ser una de las claves del congreso de un partido cada vez más pendiente de los crujidos internos de sus socios de IU y de la falta de tono de la oposición de Rubalcaba. Aunque no hay que perder de vista que los congresos del PSOE se saben cómo empiezan, pero no cómo acaban.