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Mas ignora los riesgos de Eurovegas y defiende que combatirá el paro

El equipo de Adelson visita hoy el Baix Llobregat, donde podría instalarse el proyecto

Mañana viaja Madrid. A Adelson le desagrada la cercanía del mar porque distraería a los jugadores

Una imagen de los terrenos donde podría instalarse el complejo de Eurovegas.
Una imagen de los terrenos donde podría instalarse el complejo de Eurovegas.

¿Madrid o Barcelona? ¿Barcelona o Madrid? El equipo de Sheldon Adelson, el magnate norteamericano que proyecta construir Eurovegas, decidirá de forma inminente —o al menos eso piensa el Gobierno catalán— dónde se instala la réplica europea del macrocasino de Las Vegas. El Ejecutivo de Artur Mas cruza los dedos para que el multimillonario estadounidense se deje seducir por Cataluña y su apuesta sirva como revulsivo a la maltrecha economía catalana. Todo indica que la delegación norteamericana se reunirá este mediodía con el consejero de Territorio, Lluís Recoder, y el de Economía, Andreu Mas-Colell. Por la tarde, están previstas sendas comparecencias del portavoz del Ejecutivo catalán, Francesc Homs, y otra de un representante del magnate para valorar la jornada. El proyecto ha recibido críticas feroces de la oposición y ha suscitado infinidad de manifiestos en contra, de urbanistas, arquitectos, agricultores y ecologistas, ante la indiferencia de Mas.

Adelson exige para instalar Eurovegas que se ponga patas arriba buena parte de la legislación: cambio en la ley de prevención de blanqueo de capitales, dos años de exención de cuotas de la Seguridad Social, devolución mensual del IVA, que se fume en el casino y que accedan a él menores. La cuestión es que se ignora hasta dónde cederá la Generalitat o qué líneas rojas está dispuesta a cruzar (o puede cruzar). En cualquier caso, el Ejecutivo ha elogiado Eurovegas vendiéndolo como un centro de convenciones y equiparando las críticas a las que levantó Port Aventura.

Iniciativa (ICV-EUiA) ha sido uno de los partidos más combativos contra Eurovegas, y su secretario general, Joan Herrera, alertó de que comportará la llegada de “blanqueo de capitales, prostitución, mafias y ludopatías”. Mas le replicó durante su gira estadounidense con esta crudeza: “Les sugeriría que vayan a llevar pancartas a las oficinas del paro, adonde va la gente a buscar trabajo. Que digan que no queremos inversiones extranjeras y lograremos ser un país cada vez más pobre y con más parados”. Las dos frases sintetizan la aspiración de la Generalitat: cree que el macrocasino reducirá el paro en el Baix Llobregat (16%) gracias a la construcción de una docena de rascacielos (36.000 habitaciones) y que generará 16.000 puestos de trabajo. La oposición afirma que eso supone el regreso a la cultura del ladrillo, lo que revela la impotencia de Mas para apostar por otro modelo de crecimiento.

La plataforma Aturem Eurovegas ha convocado para hoy una protesta en la T-1 y una cacerolada ante la sede de Convergència. Las voces de fastidio surgen en todos los partidos. El complejo divide a los socialistas —su máximo valedor es el alcalde de Cornellà, Antonio Balmón— y un pragmatismo descarnado impera en CiU. Ramon Espadaler, portavoz adjunto de CiU, reconoció en Catalunya Informació que Eurovegas no se adecua al “modelo catalán”, pero a renglón seguido añadió que no se puede rechazar “alegremente” porque la creación de empleo es “prioritaria”. “Presuponer y prejuzgar tanto las cosas, que la Generalitat no ha expuesto las líneas rojas sobre Eurovegas, es demasiado”, dijo.

Adelson asiste impasible a la carrera entre Barcelona y Madrid. La puja está en marcha: la Generalitat ha despejado las trabas urbanísticas por la altura de los rascacielos y la proximidad del aeropuerto, y Madrid ha ofrecido nuevos terrenos en Torrejón y Paracuellos. Si Barcelona gana la partida, no será por el mar. Al contrario: Adelson presume de que La Vegas está en el desierto, quiere que la ruleta ruede y cree que la playa puede distraer a los jugadores.