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La policía investiga al entorno del marido de la mujer rociada con ácido

“Todo hace suponer que esté relacionado con el marido y su entorno”, dice Cifuentes

La víctima declaró a la policía que no fue su esposo pero que sospecha de su entorno

El marido, un turco de 29 años, asegura que no tiene nada que ver con la agresión

ATLAS

La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha confirmado esta mañana que la policía ha centrado las investigaciones en torno al marido de la mujer de 29 años que fue atacada ayer con ácido sulfúrico en el distrito de Ciudad Lineal de la capital. “Los agentes de Homicidios no han descartado ninguna posibilidad, pero creen que el autor puede estar en ese ámbito”, ha destacado Cifuentes. La propia María Ángeles R.G. declaró ayer a los investigadores que no pudo ver al hombre que lo hizo, pero que sospecha que "sea del entorno" de su marido, quien se encuentra en libertad tras prestar declaración ante la Policía y negar cualquier relación con lo hechos.

Cifuentes ha condenado la brutal agresión y ha recordado que la investigación está en fase inicial, por lo que aún es muy pronto para obtener resultados. “No se puede descartar ninguna hipótesis, pero todo hace suponer a los investigadores que este ataque esté relacionado con el marido y su entorno”, ha reiterado Cifuentes, para quien “lo importante es que se ponga al culpable de este crimen delante de la justicia”.

La delegada ha recordado que la mujer continúa grave tras sufrir quemaduras profundas en toda la cara. Su estado, según una portavoz del hospital La Paz donde se encuentra ingresada, no ha variado en las últimas horas y su pronóstico continúa siendo grave. Su vida, en principio, no corre peligro, salvo complicaciones posteriores por alguna infección. “La cara la tiene completamente destrozada e incluso se han afectado a órganos importantes en la cara”, ha añadido la delegada en Collado Villalba, durante la presentación del primer plan integral de seguridad para este municipio. De momento no ha ido a visitar a la víctima ya que debe permanecer aislada.

El jefe del servicio de Cirugía Plástica, Reparadora y Quemados de La Paz, César Casado Pérez, ha explicado horas después que María Ángeles evoluciona de forma correcta dentro de la gravedad y que podrá recibir el alta en unas tres semanas. La paciente sufrió quemaduras de tercer grado en párpados, labios, boca y mejillas, ha precisado Casado, que ha añadido que una vez cicatricen las lesiones se le extirparán las partes afectadas y se le realizarán implantes de piel de su propio cuerpo.

Según ha informado esta mañana un portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, los agentes tratan de identificar y localizar al hombre que sobre las diez y media de la mañana arrojó un líquido abrasivo, posiblemente ácido sulfúrico, a la cara de María Ángeles en la calle del Río Ulla del barrio de Pueblo Nuevo. Los testigos que ayudaron a la mujer dijeron que ella acusó a su marido. Sin embargo, declaró por la tarde a la policía que este no fue el autor de los hechos y que no tuvo tiempo de reconocer al agresor. No descartó, sin embargo, que el agresor "sea del entorno" de su pareja, de quien se encuentra en trámites de separación. La policía ha tomado declaración al marido, Özgüi, un turco de 29 años, que ha negado ser el autor de la agresión y también tener cualquier relación con los hechos.

La agresión se produjo cuando María Ángeles, española y vecina de Ciudad Lineal, iba a comprar ropa a su hijo de siete años. Caminaba por el número 9 de la calle del Río Ulla cuando un hombre que estaba en la acera opuesta cruzó la calzada y le arrojó ácido sulfúrico a la cara y al pecho. “La mujer empezó a gritar en un tono desgarrador. Pedía ayuda y chillaba socorro”, explicó la propietaria de una farmacia cercana, María Jesús Sagasti.

Tras el ataque el agresor salió corriendo por la calle perpendicular de Amos de Escalante. Vestía una camiseta roja y pantalones vaqueros. Llevaba una gorra y zapatillas de deporte. Tenía el pelo largo y bigote. El primero en atender a la víctima fue Eduardo, empleado de una correduría de seguros contigua al portal en el que ocurrió el ataque. La mujer le cogió los brazos con las manos empapadas en el ácido y apoyó la cabeza en un hombro, causándole quemaduras leves. María Ángeles no paraba de pedir ayuda mientras intentaba quitarse el ácido de la cara. Tenía las prendas empapadas en la sustancia corrosiva, parte de la cual incluso cayó en una moto que estaba aparcada al lado.

“Su rostro cambió en cuestión de segundos”, relató la farmacéutica. “Se puso muy rojo y después comenzó a amoratarse la zona de la boca hasta que se hizo casi negra. Lo estaba pasando fatal. No paraba de sollozar”. Algunos viandantes querían echarle agua para calmarla, pero la facultativa lo impidió. De haberlo hecho así, se habrían agravado las quemaduras. “Nos dijo que había sido su marido y pidió que alguien fuera a recoger a su hijo, que salía a la una del colegio”, comentó otro testigo.

Cuando llegó el SAMUR, desnudaron a María Ángeles y le rociaron todo el cuerpo con diphoterina, un medicamento que frena la acción del ácido sulfúrico e impide que siga quemando la piel, según explicó un portavoz de Emergencias Madrid. La mujer estuvo consciente en todo momento, según varios testigos. Los médicos también aplicaron ese producto a las tres personas que la atendieron, en especial a Eduardo, que también fue trasladado a La Paz. Tenía quemaduras leves en los brazos y en el hombro y recibió el alta a primera hora de la tarde.

“Ha sido todo muy rápido y ella ha comenzado a sufrir quemaduras muy importantes en cuestión de segundos”, relató Tamara, la empleada de una tienda de congelados. María Ángeles trabaja como empleada de una zapatería en un centro comercial. Es la menor de dos hermanos. Se casó hace unos tres años. Es el tiempo que la pareja llevaba viviendo en casa de un tío segundo de la víctima. Ella tiene un hijo de siete años que estudia en un colegio cercano al lugar donde fue atacada la madre.

El marido, del que está en trámite de divorcio, acaba de reformar un local en el que ha abierto un bar. “Él ha ido a verla al hospital y está muy tranquilo. Dice que María Ángeles se encuentra bien”, relató el tío segundo de la víctima, Manuel Garrido. No había denuncias por malos tratos ni órdenes de alejamiento.

El familiar, no obstante, señaló que en los últimos 15 días había empeorado la relación dentro del matrimonio y que eran frecuentes las discusiones entre ambos. “Él vino tarde un día, muy nervioso y empezaron a gritarse”, contó Garrido. “Ella le preguntó si había estado tomando drogas. Yo creo que por ahí ha venido todo el problema”. Mientras, el perro de él, de nombre Duque, se movía entre las pertenencias de la familia en el piso del tío, en el barrio de Ascao. “Como muera mi sobrina, que es lo que más quiero en este mundo, y él esté detrás, lo echo de inmediato de mi casa”, concluyó el tío segundo, mientras enseñaba la foto del matrimonio y del hijo de siete años de María Ángeles.

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