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El Gordillo más gozoso

El CAC Málaga ahonda, por primera vez, en el trabajo en serie del pintor sevillano

Luis Gordillo, en el CAC Málaga junto a 'Serie limo' (1990). Ampliar foto
Luis Gordillo, en el CAC Málaga junto a 'Serie limo' (1990).

A los 77 años y con una sólida carrera a sus espaldas plantearse una exposición distinta a las anteriores parece difícil para un artista. Pero Luis Gordillo, siempre con un as en la manga, ha logrado el más dificil todavía al tomar la decisión de mostrar su lado “más gozoso”. Es decir, de rebuscar entre sus trabajos para reunir lo que él llama “pintura horizontal”: sus series, dípticos y polípticos.

Horizontalia, que se inauguró el viernes en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga, es un buen ejemplo de cómo el artista ha ido domando técnicas durante más de medio siglo y, en el camino, se le han ido quedando pequeños los formatos más convencionales. Gordillo, siempre analítico y muy crítico con su propio trabajo, enfrenta la “pintura vertical”, un cuadro individual en el que profundiza en el color buscando la perfección en cada una de sus capas, algo que le hace “sufrir mucho”, a su “pintura horizontal”. “Ahí no me proponía el descendimiento a los infiernos, como con la vertical, sino una transformación técnica de la pura imagen”, afirmó en Málaga Luis Gordillo, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981 e Hijo Predilecto de Andalucía desde el pasado febrero.

“Nunca me he planteado conseguir una síntesis entre estos dos métodos, porque tengo una división en la cabeza y debo ser consecuente conmigo mismo. El sufridor del análisis del color y la profundidad me da muchos resultados positivos; pero el posicionamiento horizontal es más divertido, es como diseñar o hacer un cómic”, desvela el artista sevillano, a quien el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid le dedicó una gran exposición en 2007.

El artista descubrió la parte divertida del arte con su “pintura horizontal”

“Cuando vivía en Francia, en los años cincuenta, hacía dibujos informalistas en un bloc pero no arrancaba las páginas porque en cada dibujo aparecía un elemento nuevo que me servía para el siguiente. Era algo así como una novela visual y me di cuenta de que no podía separar los dibujos cuando, ya en los setenta, me planteé exponerlos en una galería sevillana. La solución fue meterlos en bolsas de plástico y mostrarlos todos para mantener el sentido de la narración que, para mí, era más importante que las obras aisladas”, recordó para explicar el nacimiento de la horizontalidad en su producción.

En la obra de Gordillo nada es lo que parece. Su aparente informalismo, las casualidades, el corta y pega... todo está meditado al milímetro. Un control que se hace aún más estricto con los años. Un buen ejemplo de su obsesión por la excelencia son los tres polípticos con los que rinde homenaje al fotógrafo norteamericano Lee Friedlander en 2008, uno de los cuales —compuesto por ocho lienzos algunos pegados— puede verse en el CAC. “Hice estas tres obras, de cinco metros, a la vez. Iba intercambiando las unidades entre ellas, les daba la vuelta... con cada cambio creaba una energía nueva dentro de la obra que la transformaba y daba lugar a más cambios. De esta forma no todo lo tengo que poner yo, el cuadro trabaja contigo. Expuse los tres polípticos en Nueva York y en la Marlborough de Madrid, pero había algo por lo que yo no los tragaba. A nivel técnico sabía que estaban terminados y que funcionaban, pero yo seguía sintiéndolos como si estuvieran astillados, rotos. Sin embargo, en las últimas exposiciones que he tenido este año en Portugal empecé a sentir algo distinto, a reconocerlos como míos. Creo, sinceramente, que lo único que ha pasado es el tiempo, yo he cambiado”, reflexiona el artista cuyo lenguaje informalista y, después, pop se convirtió en faro para la generación de artistas que surgió en la Transición y, todavía hoy, es punto de referencia para muchos jóvenes creadores.

Aunque la cronología, según el artista, tiene en Horizontalia un valor “totalmente circunstancial”, entre la treintena de series que integran la muestra, que estará abierta hasta el 26 de agosto, hay una formada por fotos de carnet del propio artista tomadas en los años cincuenta, pero concebida como pieza bastantes años después.

La más antigua de las series expuestas es La pareja americuana (1975), una obra compuesta por 88 viñetas en las que parte de una fotografía de prensa de dos de los implicados en el caso Watergate sobre la que dibuja, oculta o interviene. Con la misma técnica en el mismo año presenta Secuencias edipianas, “la más compleja que he realizado de este tipo”, en la que combina fotos de un muñeco con otras del cantante Tom Jones en la playa y en la que aparece el mismo Gordillo haciéndole la foto al muñequito. Uno de los muchos guiños que hace este artista con cara de señor serio y alma de eterno aventurero.