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Otra luz para el libro gallego

La editorial Fabulatorio debuta con un volumen del fotógrafo Luis Díaz Díaz

Portada do libro
Portada do libro

A la editorial Fabulatorio la preceden un ideario, un juego de palabras nada banal y un vídeo que desde hace cuatro meses anuncia en la web www.fabulatorio.org su inminente aparición. El código deontológico es claro y manejable. Habla de producir poco pero bien, y de hacerlo en gallego, con los medios justos, ni uno más, y en pequeñas y medianas empresas de proximidad. El juego de palabras está en el nombre: fábula, por las historias, y laboratorio, porque hay que experimentar. El vídeo es seductor. Describe el proceso de fabricación de un libro conmemorativo de su propio nacimiento. Es una tirada mínima, solo 11 ejemplares, y poco convencional: papel desechado de un producto anterior y viejos tipos de plomo. Lo mejor es el final, cuando los operarios miran a cámara.

“Un libro cuidado es un libro que ha sido pensado, no un libro de lujo". Podría ser otro juego de palabras pero esta vez es una frase de Cibrán Rico, uno de los arquitectos y diseñadores que han puesto en marcha el sello. “A menudo se usan las ediciones numeradas y firmadas como un signo de exclusividad”, añade Suso Vázquez, la otra mitad del equipo. “En nuestro caso, no. Todos los libros, aunque valgan 12 euros, van firmados y numerados. Es una manera de representar ese cuidado”.

El primer título a la venta se presenta esta tarde en la librería Formatos de A Coruña. Antes de pensarse, encuadernarse y multiplicarse por 200, A casa do Oscar era un conjunto de fotografías de Luis Díaz Díaz en un viaje a Brasil. “Ni siquiera era una serie, sino más bien un trabajo de cazador”, explica Vázquez. “Le propusimos poner en relación esas imágenes, el paisaje, con la arquitectura de Oscar Niemeyer, y ahí nació el libro. La clave nos la dio una frase del arquitecto: lo más importante no es la arquitectura, sino la vida, los amigos y este mundo injusto que debemos cambiar”.

Para el estreno han utilizado Mais Grotesk, una tipografía creada por el diseñador gallego Marcos Dopico, pero a lo mejor echan mano de otra distinta en el próximo, del también fotógrafo Tono Mejuto. “Editar consiste en eso”, arriesga Rico. “Sin llegar siempre al grado de autoría, se trata de empaparse del contenido para llegar hasta la forma”. Quizá por eso aún no han definido colecciones para su catálogo. No descartan publicar ensayo o poesía, pero la prioridad es la cultura visual.

De momento, han previsto dos puntos de venta más allá de la Red: la librería del CGAC, en Santiago, y la propia Formatos. Les asusta más la imagen de un almacén lleno de libros que nadie lee que los molinos de viento de la reconversión que azota el sector. Al contrario, ven oportunidades en los nuevos modos de producción y difusión. Y además, no están solos. “La historia del libro en Galicia”, dice Vázquez, “está llena de luces. Desde la emigración hasta la actualidad”.