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Ataque Escampe rebusca en su cancionero para conmemorar una década como banda

El lleno del local constata la parte de verdad que hay en considerar a la banda fenómeno 'underground'

La música ambiental de la Sala Moon de Santiago, pasadas las doce de la noche del viernes, ofrecía lírica de Discépolo. “Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor, / ignorante, sabio o chorro, / generoso o estafador...”, reza el tango Cambalache que los Ataque Escampe decidieron dedicar, en ausencia, al presidente de Repsol YPF. Fue el preámbulo a hora y media de repaso por la parte de atrás de su cancionero, por piezas no grabadas y por la reescritura de sus primeras, ingenuas y heroicas, composiciones. O verdadeiro muro de Berlín, por ejemplo.

Celebraban una década en la carretera. Para ello llamaron a capítulo a una serie de colaboradores y cambiaron su repertorio habitual. Además, dejaron espacio para el debut de Fununcan —rock denso, oscuro, con un pie en el shoegaze, de Carral— y para Vicky Polard —entre Pearl Jam y los Arctic Monkeys stoner. Y se encontraron enfrente con casi 200 personas, de baja media de edad, que llenaron el local y constataron la buena parte de verdad que hay en considerar Ataque Escampe un pequeño fenómeno underground.

Con los años, la banda ha ido apelmazando su precario pero entrañable sonido en directo. El viernes era su noche y en canciones como Non hai lúa o Festa Malandrómica —el hip hop de Malandrómeda transmutado en emocionante vals country— disipó dudas. Con el bis incluso desataron un pogo inusual para una banda de tendencias acústicas. Pero, claro, A cabana do Tío Tom, de su gran Violentos anos dez (2011), funciona como un himno para estos tiempos salvajes: “Dás coa veciña que fuma no portal / e que renova a fe na democracia / escollendo crema facial”. Antes, los rugidos del público ya los había provocado O Leo, cruce de Iggy Pop y Xil Ríos y voz invitada en la prehistórca versión Ataque Escampe del clásico Xirarei: I wil turn.