Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El relevo heredado del circo

Lara y Gaby Aragón rescatan el legado de sus antecesores, los Payasos de la Tele

Desde la izquierda, Gaby y Lara Aragón y Pimpollo.
Desde la izquierda, Gaby y Lara Aragón y Pimpollo.

Los Gabytos regresan a Bilbao seis años después. Entonces eran cinco, ahora solo son dos: Lara y Gaby, hijos del payaso serio, Gaby, y sobrinos de Miliki y Fofó, se han propuesto desempolvar la época de los Payasos de la Tele y contagiar a los niños del siglo XXI de la misma ilusión que atrapaba a sus padres frente a la pantalla. Conscientes del “honor y responsabilidad” que supone pertenecer a la saga Aragón, los dos hermanos han ideado Había una vez, un espectáculo circense teatral, sin animales y repleto de humor.

El marido de Lara, de nombre artístico Pimpollo, ha sido el último en incorporarse a la aventura circense. Su mujer y su cuñado llevan el humor en los genes, pero para él, la experiencia está siendo muy gratificante: “No solo por los niños, sino también por los padres y los abuelos. Ves que se olvidan de sus preocupaciones y se marchan felices”. Pimpollo asegura que se enroló en el circo “por amor” y que ver a los hermanos Aragón en acción es “un lujo, se nota que llevan 25 años en esto”.

“Todo lo que nos enseñó nuestro padre lo seguimos poniendo en práctica”, afirma Lara, “sobre todo el respeto que hay que tenerle al público, hacerles reír de forma sana, con chistes que entienden desde la abuela hasta el nieto”. Los números de Lara y Gaby son el hilo conductor a través de las dos horas de espectáculo. La primera parte está dedicada a las canciones de toda la vida, al circo tradicional; la segunda se sumerge en un cuento medieval y es la que conlleva mayor despliegue escénico: acrobacias, malabares, danzas aéreas, magia e ilusionismo.

La tropa acaba de actuar en San Sebastián, donde aseguran que la acogida ha sido fantástica: “Cuanto más cariño percibimos por parte del público, mayor es nuestro sentido de la responsabilidad”, afirma Gaby, solemne, la viva imagen de su padre. Aunque en un principio la carpa bilbaína se iba a desmontar el día 23, el Circo Alegría ha prorrogado sus funciones hasta el 1 de mayo por la buena acogida que han tenido hasta ahora por parte del público. El siguiente destino, Burgos. ¿Y después? “En el mundo del circo los imprevistos están a la orden del día”, cuenta Lara, “contamos con dos o tres rutas alternativas y da mala suerte desvelarlas”.

Con los hermanos Aragón se ponen en marcha casi un centenar de personas de 40 nacionalidades, entre artistas, bailarines y empleados. “El mundo del circo ha cambiado mucho desde los tiempos de nuestros tíos”, dice Lara, “ahora todo es más técnico, más cómodo”.

Los hermanos han intentado dar el salto a la televisión, pero lamentan la poca cabida que las cadenas le dan, hoy en día, al humor tradicional. “Pero no es por la leyenda negra que rodea a los Aragón”, aclara Gaby: “El ambiente entre los primos es fantástico. En la última primada familiar nos reunimos 72 personas”.