Leo Bassi dribla (otra vez) a Conde Roa

El Ayuntamiento cierra las puertas al humorista pese a la invitación del BNG

Bassi, ayer, vestido de gaiteiro ante el Ayuntamiento.
Bassi, ayer, vestido de gaiteiro ante el Ayuntamiento.ÓSCAR CORRAL

Se deslizó como pudo en el traje tradicional gallego, emulando a Conde Roa en su primer 25 de julio como alcalde de Santiago, y apareció puntual en el Obradoiro, a las diez y media, como solía hacer Fraga pero con menos gaiteiros. Leo Bassi había prometido asestar otro golpe al culto apostólico y aproximarse lo más posible al despacho del primer edil compostelano. Le debía una. Dos, en realidad. Primero se cargó su actuación prevista para el día 10 en el Teatro Principal y luego lo arregló en los micrófonos: “Leo Bassi me produce especial repugnancia”.

El clown cumplió a medias. A la catedral no quiso entrar “por respeto” a los creyentes, pero dejó al pie de la escalinata su corona de flores para Prisciliano, aquel obispo hereje ejecutado en el siglo IV que algunos estudiosos, además de Bassi, creen suplantado por Santiago en la famosa cripta. A la sala de prensa del Concello ni siquiera le dejaron acceder. Alcaldía había cerrado la puerta “por temor”. Dicho con las palabras del edil de Seguridade Cidadá, Albino Vázquez, por si el “acto de desagravio” que había organizado el BNG acababa convertido en un “acto de desobediencia”.

Por el edificio pasearon todos, eso sí, seguidos por un enjambre de periodistas: Bassi, su colega Iván Prado, de Pallasos en Rebeldía, y el anfitrión por accidente, el concejal nacionalista Rafael Vilar. La comparecencia se trasladó al local del BNG en la planta baja, y solo para medios. Se quedaron fuera las docenas de personas que habían recibido y jaleado al clown en el Obradoiro. Algunas llevaban pancartas y pedían la dimisión del alcalde, que a esa hora prestaba declaración en los juzgados. “Conde Roa, paga lo que debes”, decía una.

Aunque se cebó con el regidor, al que llamó “censor”, “patético” y “fascista”, entre otras cosas, instándole a pagar “todo lo que debe”, Bassi repitió varias veces que su guerra se libra en otra trinchera. “El PP es el portavoz de la Iglesia. Conde Roa solo es el mensajero, y yo no quiero matar al mensajero”, argumentó. “Lo más importante no es ya la libertad de expresión, sino la libertad de ver y escuchar lo que uno quiere. Cuando me llama repugnante, se lo está llamando también al público”.

Por la tarde, el payaso se llevó al auditorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación el espectáculo de la polémica. En lugar de una, dos sesiones. La primera la comenzó repartiendo preservativos bajo la apariencia de Benedicto XVI, con el auditorio prácticamente lleno. Para la segunda ya no quedaba aforo. Cuando Conde Roa decidió retirarle el permiso para actuar en el Principal, solo se habían vendido, según sus cuentas, diez entradas. Ayer tuvo 600 espectadores.

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