El último eclipse del cine en Galicia

Un astrónomo catalán filmó el fenómeno hace cien años en Valdeorras

Secuencia fotográfica del estudio de José Sellier en A Coruña
Secuencia fotográfica del estudio de José Sellier en A Coruña

Josep Comas i Solà presumía de haber sido el primero— y tal vez el único a la altura en que publicó El cielo (1934)— en haber empleado una cámara de cine para registrar un eclipse total de sol. Si era cierto lo que el catalán había ido contando en varios artículos en la revista de la Sociedad Astronómica de España y América y más tarde en aquel libro sobre el firmamento, podía estar seguro de que su marca seguía imbatida, al menos en su país. Su eclipse atravesó el territorio peninsular el 17 de abril de 1912 siguiendo una línea imaginaria entre Porto y Gijón a través de la provincia de Ourense. Fue el último total visible desde el estado español.

La primera década del siglo XX fue generosa con los aficionados a la astronomía en España. Antes de que Comas i Solà filmase el que dice que filmó en Galicia, sus colegas ya habían podido observar dos eclipses totales en un corto espacio de tiempo, cosa infrecuente: uno el 28 de mayo de 1900 y otro el 30 de agosto de 1905. El que esperaban para la primavera de 1912 era singular. Primero, porque la península iba a ser la única región continental del planeta en la que se apreciaría en su fase total. Segundo, porque prometía ser escurridizo.

Si apareciera, la película del cielo de O Barco sería la más antigua de Galicia

Un año antes, el boletín de la sociedad astronómica publicaba ya algunas indicaciones. Francisco Iñíguez, director del Observatorio de Madrid, advertía de que la franja de totalidad iba a ser estrecha, unos diez kilómetros a lo largo del eje Porto-Gijón, y que el cénit del eclipse duraría muy poco, entre 0,6 y 8 segundos. Recomendaba algunas localidades, tres en Galicia: Viana do Bolo, Verín y O Barco de Valdeorras. En cuanto a los instrumentos, desaconsejaba el dibujo —no hay mano tan rápida— y el espectroscopio de rendija —cualquiera acierta—. Mejor, la cámara de fotos.

Comas i Solà corrigió a su colega con otro artículo en marzo de 1912. Reivindicaba el boceto (de memoria, eso sí) y subestimaba la capacidad de la fotografía. Creía que el tiempo de exposición no sería suficiente. Proponía la “cámara prismática cinematográfica” —una máquina convencional con dos prismas de flint o de cuarzo delante del obetivo— que ya había aplicado en 1905 para registrar el espectro de la luz solar. El lugar de observación también lo tenía claro: “Verín está fuera de la totalidad, pero muy cerca de ella, y parece que cuenta con fondas aceptables, por lo cual pudiera aconsejarse para hospedaje. La distancia se puede recorrer rápidamente en carruaje”.

Comas presumía de ser el primero en grabar con cámara de cine un eclipse total

El catalán preparó su artilugio y se desplazó a O Barco junto a su esposa y un operador de Pathé. En la crónica que envió a la revista confiesa que se equivocó en sus cálculos: debería haberse situado dos kilómetros más hacia el sur. Aún así, consiguió observar y documentar el eclipse, fugazmente total desde su posición. La temperatura cayó, Venus se dejo ver con claridad y la cámara prismática fue un éxito. Veinte segundos de filmación, equivalente a cien fotogramas, que describen “con toda su belleza y su esplendidez cómo las rayas de absorción van cambiando de aspecto, desaparecen, y surgen maravillosamente los arcos cromosféricos y luego se ocultan tras la cortina de luz”. Cien años después, la filmación de aquel fenómeno “decepcionante” para el público en general pero “importante” para los astrónomos, sigue desaparecida. De encontrarse, sería la película gallega más antigua de las que se conservan. Se rodó quince años después de Entierro del General Sánchez Bregua de José Sellier, considerada por la historiografía el brote más temprano del cine en España —en disputa con la hipótesis centralista, Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza-, pero anterior a Botadura del acorazado Alfonso XIII (1913) de Ibérico Films.

El estudio de Sellier en A Coruña también registró aquel eclipse. Pese a ser pioneros en la introducción del cinematógrafo en España, lo hicieron mediante la secuencia fotográfica que acompaña a estas líneas. Pertenece a la colección privada de Guillermo Escrigas, director del Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI), y con ella ilustra la filmoteca gallega su particular tributo a aquel fenómeno y su relación con el cine en Galicia. El próximo 17 de abril, en el centenario, proyecta El eclipse (1962) de Antonioni y The yellow bank (2010), de Sniadecki, que registra en China el eclipse solar más largo del siglo XXI. Ocurrió en 2009 y se prolongó durante seis minutos y 39 segundos. Comas i Solà habría hecho maravillas.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS