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Un café con sus fantasmas

Las canciones de su quinto disco le han servido escucharse y “salir de la bruma”.

Maika Makowski, que acaba de acompañar a Echanove en ‘Desaparecer’, asegura que en la música se gana aún menos dinero que en el teatro

La cantante Maika Makowski. Ampliar foto
La cantante Maika Makowski.

Maika Makovski tenía 15 años y vivía en un estricto internado de Los Alpes. “No era una mala chica, aunque me faltaba disciplina. Cosa que no aprendí allí”, cuenta la cantante mallorquina en un bar a pocos metros de la Plaza Mayor, abriendo sus expresivos e inquietantes ojos negros. Allí, en aquel internado, su compañera de habitación, Haica, le regaló unas botas. Eran duras e irrompibles. “Las amistades que se tienen en esos sitios son inquebrantables”, cuenta Maika, a punto de cumplir 29 años y de atacar un sabroso pincho de tortilla. “Sigo conservando las botas. Las uso y no se han roto ni una vez”. Es la razón por la que a su quinto disco, publicado el pasado 3 de abril y cantado en inglés, lo ha titulado Thank you for the boots (gracias por las botas). “Es una manera de agradecer su ayuda a todas las personas que me han apoyado. Ellos son mis botas. El disco trata de la amistad, la conciliación y la autoamistad”.

Maika Makowski

Maika Makowski actúa el jueves 12 de abril en Ochoymedio Club (Mesoneros Romanos, 13).

Perdón, un momento, ¿autoamistad? “Sí, yo solo aspiro a hacer música íntima. Cuando tienes muchas armaduras y no te aceptas a ti misma eso es imposible. Ahora lo he conseguido y, poco a poco, he ido aceptándome. He salido de la bruma. Hace un tiempo las cosas me empezaron a ir mal en la cabeza y eso me hizo mirar demasiado para adentro. No me escuchaba. Estuve en terapia porque no tenía las herramientas para salir de allí”, cuenta sonriente. “Todavía me cuesta, pero procuro no vivir un mundo paralelo en mi cabeza. Intento vivir el presente y ser más física”. Las canciones de su nuevo disco le han servido, asegura, para sacar a los fantasmas, darles la mano y preguntarles su nombre y apellido. “Y tomar un café con ellos si hace falta”. También tienen una luminosidad y una dulzura, sin renunciar a lo violento, inéditas hasta ahora en sus anteriores discos. “Busco la luz de una forma menos radical que cómo lo hacía en el pasado”, dice. Viajemos pues al pasado y escarbemos en las razones. Bienvenidos a la asombrosa, compleja y enigmática vida de Maika Makovski. Caviar para cualquier psicólogo.

De madre andaluza y padre macedonio, sus progenitores se conocieron en un local de Mallorca. Él, trompetista balcánico, le sedujo a ella. De aquel “amor romántico” nació Maika, que hasta los 15 años vivió en Mallorca y estudió solfeo los sábados por la mañana. A los 15, se va al citado un internado de Los Alpes. A los 17, vive un año en Madrid, con su madre ya separada, y después casada otra vez con su padre. A los 18, vuelve a Mallorca, y doce meses después se marcha a vivir a Barcelona. Estudia Bellas Artes. Con 22, en 2005, publica su primer disco, Kradiaw. Y justo cuando tenía que salir al ruedo se va a vivir a Nueva York. Dos años. Desaparece. “Estaba harta de la música”, recuerda. “Nueva York me cargó las pilas”. Recuperada, publicó tres discos más. Hasta ahora.

“Soy actriz gracias a Lou Reed”

Desaparecer, dirigida por Calixto Bieito, ha sido el debut en el teatro de Maika Makovski. “Calixto quería una presencia masculina en el escenario: Juan Echanove. Y necesitaba una chica. Se le ocurrió que debía ser rockera y capaz de tocar las canciones que Lou Reed había hecho sobre textos de Poe. Me eligió a mí. Así que se puede decir que soy actriz gracias a Lou Reed”.

Maika vive en Barcelona pero ha pasado los últimos meses viviendo en un apartahotel en La Latina. La razón, haber sido el fantasma que acompañaba todas las noches al actor Juan Echanove en el teatro La Latina, durante la representación de Desaparecer, una obra de teatro dirigida por Calixto Bieito, que se cerró en Madrid el pasado 25 de marzo tras un año por toda España. Mientras Echanove daba vida a textos de Edgar Allan Poe, Maika, enigmática, sombría y espectral, vestida de blanco, al piano, los musicaba.

Falta la pregunta del millón: ¿Dónde se gana menos dinero en el teatro o en la música? “En la música, sin duda”, responde. “Durante muchos años no he podido ni sobrevivir de la música. En el teatro he entrado por la puerta grande. Nunca había hecho de actriz. Y ha sido un regalo excepcional. También en lo económico”. Ahora, tras el teatro, Maika vuelve a las tablas, pero con su guitarra, su banda y su espectáculo. El próximo jueves 12 de abril comienza la gira de casi 20 fechas.