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El PSPV-PSOE, un juguete roto

Los socialistas valencianos exhiben su fragilidad interna ante el 12º congreso

Jorge Alarte y Ximo Puig
Jorge Alarte y Ximo PuigSCIAMMARELLA

Todos los partidos afrontan alguna vez congresos conflictivos, con un alto nivel de enfrentamiento interno, hasta de crispación. Le ha ocurrido al PSOE en su reciente congreso federal, con la alternativa entre Rubalcaba y Chacón. Lo que resulta anómalo es que la división se convierta en endémica, que anide de forma permanente en todos los procesos de renovación de la dirección y de debate de programas y estrategias. Es el caso del PSPV-PSOE, cuya trayectoria de congresos desde 1997 está marcada por la confrontación sistemática. Por eso hay serias razones para pensar que el problema del PSPV-PSOE es que está roto hace tiempo, como instrumento de representación institucional y engranaje de intervención política, y que no hay posibilidades de repararlo. Al menos mientras una buena parte de los dirigentes, no sólo rechace que el juguete está averiado, sino que se empeñe en sostener que es completamente normal su funcionamiento.

El perceptible malestar de fondo en el partido de los socialistas valencianos, pues, no procede tanto de la existencia de cuatro candidatos de cara a su 12º congreso como de la sensación que se abre paso de que las cosas no tienen remedio. “Perdíamos cuando el PSOE ganaba en toda España y perdemos cuando el PSOE pierde en toda España”, señala un cargo público valenciano para desmentir la idea de que un cambio de ciclo, propiciado por una derecha valenciana que se ve abocada a afrontar las consecuencias de su populismo desmedido y tramposo, en forma de ruina de las instituciones, de escándalos judiciales relacionados con la corrupción y de mala imagen colectiva, vaya a aupar sin más a los socialistas a la victoria electoral en 2015.

Se abre la sensación de que las cosas no tienen remedio

Aunque los candidatos y dirigentes repitan el mantra de que el PSPV-PSOE es un partido democrático que no teme al debate, nadie se lo cree. El de los socialistas valencianos es un partido en crisis. Tal vez los únicos que se han atrevido a reconocerlo así públicamente son los alcaldes y portavoces de la plataforma @una, que agrupa a jóvenes socialistas hoy en primera línea del reducido frente institucional. Acabar con los personalismos y la guerra de tribus para “recomponer la organización” y hacer que “el partido vuelva a ser útil, solvente y esté capacitado para salir de esta crisis interna”, en palabras de Toni Gaspar, alcalde de Faura y portavoz socialista en la Diputación de Valencia, es el objetivo.

La reflexión se sitúa más allá, o más acá, de las preferencias por Jorge Alarte o por Ximo Puig, los dos candidatos con auténticas posibilidades de ganar el congreso, o por Francesc Romeu o Manuel Mata, cuyas expectativas de contar con 105 avales para ser oficialmente candidatos parecen problemáticas. Es cierto que, entre alcaldes y diputados autonómicos, hay una mayoría que se inclina por la continuidad del actual secretario general. Lo expresaron en una declaración pública medio centenar de alcaldes y portavoces, encabezados por los regidores de Vila-real, José Benlloch, Ontinyent, Jorge Rodríguez, y Alcoi, Toni Francés. Se trata de aprovechar el trabajo de Alarte para ir “20 pasos más allá”.

De todas maneras, en las bases del partido hay un notable descontento con Alarte. No deja de ser la cara visible de las derrotas en las municipales y autonómicas de mayo del año pasado. El candidato a la reelección ha desatendido el contacto con sectores clásicos de opinión y no ha sabido crear equipo. Su concepción personalista de la gestión ha desperdiciado mucha de la capacidad de sus colaboradores y su improvisación ha causado tantas víctimas como malentendidos. Pensó que podía encarrilar la pacificación del partido pactando con su rival en el 11º congreso, Ximo Puig, y eso le hizo actuar de manera displicente hacia gente afín a su discurso de renovación. Son críticas que no sólo formulan sus adversarios, sino una buena parte de quienes le apoyan.

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Solos los alcaldes de la plataforma @una reconocen "la crisis interna"

Sin embargo, nadie puede negar, fuera del brutal frente mediático en su contra, —que no es precisamente un elemento menor en una escena política dominada por el férreo control que el PP ejerce en ese ámbito—, la coherencia de su compromiso en algunas cuestiones clave. Su lucha contra corrupción no es una broma. Alarte la ha afrontado con determinación y, hasta ahora, en su bagaje figuran la apertura de sumarios judiciales como los de la rama valenciana de Gürtel, que llevó a la dimisión nada más y nada menos que de Francisco Camps como presidente de la Generalitat; del caso Emarsa, que ya ha costado la cabeza a un vicepresidente de la Diputación de Valencia, o del fraude en las subvenciones de cooperación, por el que han sido imputadas 19 personas y destituidos cuatro cargos de la consejería y que amenaza seriamente el futuro político de Rafael Blasco. “Le hemos dado duro, con firmeza, a Camps y a la corrupción, evitamos que la derogación del trasvase Tajo-Segura condenara al ostracismo al socialismo alicantino para otra década, peleamos por Zarra para que allí no hubiera un almacén nuclear, intentamos poner encima de la mesa el único programa para sacar a esta tierra de la crisis económica, que ningún partido político ha presentado en la Comunidad Valenciana, peleamos para reconciliar nuestro partido con miles de valencianos y valencianas”, desgranaba el propio Alarte en un acto ante sus delegados al congreso.

La economía ha sido un flanco al que el secretario general del PSPV-PSOE prestó atención desde muy temprano, cuando todavía Camps proclamaba que la Comunidad Valenciana estaba preparada para ser “la primera en salir de la crisis”, Alarte hizo público su Programa para el saneamiento y la reforma de la economía valenciana y lo ha desarrollado en iniciativas políticas y parlamentarias frente al nuevo presidente del Consell, Alberto Fabra. Sus dos fichajes estrella para las Cortes Valencianas se han producido en ese terreno, precisamente, el exrector de la Jaume I, Francisco Toledo, y el profesor de la Universidad de Alicante Julián López Milla.

En las bases del partido hay descontento con Alarte

La crítica de Ximo Puig a su gestión se apoya en una minusvaloración de esos aciertos y se ceba en la falta de habilidad para crear equipos. “La gente no lo quiere”, dicen de Alarte los seguidores del alcalde de Morella y diputado en el Congreso, que encabeza una coalición cuyo núcleo más nutrido conforman aquellos que han seguido históricamente al ex presidente de la Generalitat Joan Lerma (mentor y uno de los principales hooligans de Puig) pero rechazan el apelativo de lermistas. Puig perdió el anterior congreso ante Alarte, pero ahora cuenta con el apoyo de los seguidores de Leire Pajín, que apoyó entonces al candidato vencedor. La oposición de Alarte a la moción con un tránsfuga que dio a Agustín Navarro la alcaldía de Benidorm distanció abruptamente a Pajín del secretario general.

A grandes rasgos, los días 30 y 31 de marzo y 1 de abril se reunirán en Alicante los 526 delegados con derecho a voto articulados en dos grandes bloques de unos 200 partidarios de Alarte y otros tantos de Puig, dos minorías lideradas por Mata y Romeu, que suman entre ambos más de un centenar de compromisarios, y un pequeño núcleo de dos o tres decenas de delegados de la plataforma @auna. El secretario general mantiene una apelación a hacer “un congreso distinto” y de unidad. Que gane él o lo haga Puig con poco más del 50% de los votos será un fracaso, sostiene. Puig, a su vez, promete un amplio acuerdo en torno al equipo una vez quede claro que él es el secretario general. Los intentos de acercamiento no han fructificado hasta ahora.

Los seguidores de Puig tratan de huir de la etiqueta de lermista

“Jorge Alarte puede haberlo hecho mejor o peor, pero Ximo Puig lleva un lastre que lo hace poco creíble. Si tienen que volver los de siempre, que no cuenten conmigo”, explicaba un alcalde socialista esta semana pasada en alusión al clásico aparato lermista del partido. El hecho de que pueda quedar descabezado el grupo parlamentario si gana Puig es otro argumento. “¿Vamos a repetir el escenario que se dio con Joan Ignasi Pla y que salió fatal?”, pregunta un dirigente, mientras en el PP rezan para que el adversario se haga un haraquiri que despeje el panorama de una legislatura antipática.

Por otra parte, del lado de Puig se insiste en que Alarte “no ha sabido construir un discurso público identificable, convertir al PSPV en una alternativa”. Mata, apoyado en el planteamiento de izquierdas y renovador de la plataforma Esperanza Socialista, muy activa en Internet, y Romeu, desde una opción que ha ido poniendo énfasis en la necesidad de pactar una nueva ejecutiva que sintonice con la dirección federal liderada por Alfredo Pérez Rubalcaba, buscan sus oportunidades en un congreso que se presenta muy abierto. El tipo de congreso que más difícil hará reparar el juguete roto de un partido que no encuentra la forma de cerrar filas para volver a ganarse el respeto de la sociedad.

Cuatro candidatos que pueden quedar en dos

JORGE ALARTE. Un dirigente renovador en tiempos de derrota. Nacido en 1973, Jorge Alarte se afilió en 1994 al PSPV-PSOE, cuando estudiaba Derecho en la Universitat de València, donde tuvo cierta relevancia como dirigente estudiantil. Su carrera política, sin embargo, se forjó en su pueblo, en Alaquàs, del que ya era concejal en 1995 y cuya alcaldía ocupó de 1999 a 2009. Había pertenecido en algun periodo a la ejecutiva del PSPV-PSOE, pero fue el prestigio ganado como alcalde lo que le aupó a la secretaria general del partido en septiembre de 2008, en un congreso en el que venció a Ximo Puig. Alarte, que irrumpió con un discurso de renovación, ha visto limitadas sus expectativas por la dureza con la que ha castigado la opinión pública al PSOE como consecuencia de las medidas que se vio obligado a adoptar José Luis Rodríguez Zapatero desde la presidencia del Gobierno para hacer frente a la crisis económica. Las derrotas en las autonómicas y locales y en las generales de 2011 situaron al PSPV-PSOE en sus niveles más bajos de apoyo, en sintonía con lo que ocurrió al PSOE en toda España.

XIMO PUIG. Una larga trayectoria desde los tiempos de Lerma en la Generalitat. En los años ochenta del siglo pasado, Ximo Puig, nacido en 1959 y periodista de profesión, ya era un político con experiencia. Diputado autonómico por Castellón en 1983, entre 1986 y 1995 fue el hombre de confianza del presidente de la Generalitat, el socialista Joan Lerma, de quien era director general de Relaciones Institucionales e Informativas. Alcalde de Morella, una ciudad que ha convertido en una especie de bastión del PSPV-PSOE, Puig ha ido, poco a poco, adquiriendo protagonismo en el sector lermista, hasta el punto de presentarse como alguien que niega cualquier adscripción de ese tipo. Puig ha sido diputado en las Cortes Valencianas varias legislaturas y desempeñó la función de portavoz parlamentario entre los años 2000 y 2003, un periodo complejo y oscuro en la interminable crisis orgánica de los socialistas valencianos. Perdió ante Jorge Alarte el congreso de 2008 y el año pasado optó por la candidatura al congreso de los Diputados. Coordinó la campaña del PSPV-PSOE para esas elecciones generales.

FRANCESC ROMEU. Un candidato con experiencia pero sin cargo institucional. Licenciado en Derecho por la Universitat de València, Francesc Romeu, afiliado en 1994, fue concejal de Silla, su localidad natal, durante dos mandatos. Formó parte de la gestora del PSPV-PSOE que presidió Diego Macià entre 1999 y 2000 y posteriormente fue diputado en el Congreso. Miembro de la ejecutiva federal y director de la Fundación Jaime Vera entre 2005 y 2009, dentro del equipo de José Blanco como vicesecretrario general, tiene su puesto de trabajo en Renfe, donde fue director corporativo de Accesibilidad. Optó sin éxito a liderar el PSPV en 2008. No tiene cargo institucional.

MANUEL MATA. De las primarias de Valencia al congreso de país. Abogado en ejercicio, Manuel Mata (1959) es un socialista de larga trayectoria. Adscrito a la corriente Izquierda Socialista, fue asesor en el Parlamento Europeo entre 1986 y 1987, concejal del Ayuntamiento de Valencia de 1989 a 1995 y portavoz de la ejecutiva del PSPV-PSOE que lideraba Joan Ignasi Pla tras un periodo dedicado a la actividad profesional. Entró en 2009, a mitad de la legislatura, como diputado en las Cortes Valencianas, donde estuvo hasta 2011. El año 2010 se enfrentó en unas elecciones primarias a Joan Calabuig por la candidatura socialista al Ayuntamiento de Valencia. Mata las perdió, pero es un ferviente defensor de este sistema de elección tanto de los candidatos como del secretario general. Es el único candidato que no concurrió en el congreso de 2008 a la secretaría general del PSPV-PSOE. Alarte, Puig y Romeu ya lo hicieron, aunque Romeu no tuvo avales suficientes y pactó entonces con Puig.

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