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crítica de danza
Crítica

Marina Mascarell: una inquietante y poderosa danza frente a la incertidumbre

La Danish Dance Theatre, con la coreógrafa valenciana al frente, propone un brillante discurso sobre la danza y la vida

Imagen de 'Bloody Moon', coreografía de Marina Mascarell para el Danish Dance Theatre.GORKA BRAVO (DFERIA)

El escenario, completamente despejado, deja ver toda su profundidad desde cualquier ángulo. Al fondo, una pared de metal pesado se abre, justo por la mitad (con su sonido correspondiente), y diez bailarines caminan en silencio hacia el centro. Comienza ¿la celebración? ¿la fiesta de la vida? Puede, pero no solo. En tal caso sería esa que precede a la tragedia, aunque no se sepa cuál (y no se sepa nunca). Porque una tensión apocalíptica, liviana y poderosa, cruza la obra.

Destaca enseguida el elenco poderoso y brillante. Que apabulla tanto en el derroche como en su contención; tanto con sus cuerpos diversos en edad y apariencia como con sus expresiones faciales. ¿Son individuos de un presente apocalíptico que bailan para celebrar o son criaturas del futuro que mueren si no bailan el dictado de alguien? ¿Son personas libres o reclutas?

Decir tanto en tan poco tiempo (en los cinco primeros minutos de la pieza) y, sobre todo, de una manera tan implícita, clara y con tantas lecturas, es sin duda un hermoso acierto de Bloody Moon (Luna de sangre), la obra que se presentó este jueves en el Centro de Danza Matadero, que ya ha pasado por San Sebastián y Barcelona. Fue la primera que la coreógrafa valenciana Marina Mascarell creó para la Danish Dance Theatre, importante compañía que dirige desde 2023. Y también es la más exigente en técnica de su repertorio, estrenado en grandes agrupaciones como el Ballet de Gotemburgo o el Nederlands Dans Theater.

En Bloody Moon, expresión que por cierto alude a todo tipo de malos presagios en leyendas y mitologías, la danza se va construyendo con los fuertes acentos de la banda sonora y del juego lumínico de unos focos que marcan el cambio de posiciones y desplazamientos; o con los dibujos de líneas y símbolos en negro sobre blanco que trazan el suelo y que funcionan como una partitura de movimientos. Todo en escena marca la coreografía y los diez cuerpos no binarios se ven obligados a interpretarla.

Otro sometimiento, el de las guerras y genocidios que destruyen el mundo actual, también se percibe con fraseos de danzas tradicionales del Levante árabe o esos colores de la bandera palestina que quedan como un rastro en el suelo al final. Un espectáculo inteligente, alejado del impacto superficial, y heredero de la sutileza y profundidad del discurso de Mascarell.

Bloody Moon

Coreografía y dirección: Marina Mascarell. Danish Dance Theatre. Centro de Danza Matadero. Madrid. Hasta el 11 de abril.

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