Los primeros poemas de Severo Sarduy, una joya inédita

‘Babelia’ adelanta varios textos escritos por el narrador y teórico cubano en su juventud, que la editorial Huerga y Fierro ha publicado bajo el título de ‘El silencio que no muere. Poemas (1953-1964)’

Severo Sarduy (a la derecha) junto a Jorge Luis Borges, en 1982.
Severo Sarduy (a la derecha) junto a Jorge Luis Borges, en 1982.PEPE FERNÁNDEZ

Después de 62 años todo es, en efecto, distinto. Hoy importa dar a conocer una muestra completa de los primeros poemas de Severo Sarduy (1937-1993), los que escribió y muchas veces publicó dentro y fuera de Cuba entre 1953 y 1964 pero que hasta la fecha no se han recogido en forma de libro. Conocíamos a su autor como el novelista innovador que innegablemente fue; también como ensayista y teórico estético y literario. Lo conocíamos como productor y locutor en Radio France, amén de pintor de vanguardia parisina; y desde luego, hacia el final de su vida, como poeta de deslumbrante facilidad lírica. Menos conocidos, sin embargo, son sus orígenes de escritor, que en Cuba fueron fundamentalmente los de poeta, y su temprana obra, que por décadas ha andado dispersa y no formó parte de la canónica edición de su Obra completa (1999). Tiene razón el poeta Andrés Sánchez Robayna cuando observa, en relación con esta primera fase de la obra de Sarduy, que “merece, ciertamente, un estudio particular”.

TRES

Caminando por siete mundos,

Recostado a un silencio,

Que no hay voz que lo rompa,

Ni ser que lo divida,

Inestable e inexacto,

Plástico,

En un móvil infinito,

Y un tiempo sin espacio,

Nueve dimensiones,

Cielo,

Abandonado al último acento,

Al último silencio,

Detrás,

Tierra,

Metido en la tierra y formando parte de ella,

Fósil,

Esperando un mensaje, un mesías,

Un Cristo con doce discípulos,

Última primer etapa

Alma o vida aún no liberadas

—Imposible—

Concibiendo un término,

Un cuadro,

Una imagen.

Aquí así, así ocho veces,

Mirando al sol y elástico,

Recogido al cuerpo.

Hoja.

Reloj.

reloj-hoja.

Sin una forma donde prolongarme.

Ni un instante para dormir sobre mí.

Todos los insectos, las rocas y las luces,

Vestidas con papel de periódico,

Callando al cielo, y con esto que no es más,

Que la foto de un hombre sumergido al alba,

Y clareando con ella,

Nueve dimensiones......... ¡¡Ya!!

NOCTURNO

La noche está callada.

Marte más rojo que nunca.

Las pencas de coco forman un ángulo recto.

.........., y yo .........................

seco,

caótico,

hundido en mí mismo.

CASI SIN MÍ.

¡Ven!

Tápame los ojos para verte como quiero.

Tápame los ojos para verte ............

...... toda de cristal y leche.

¡Este invierno sin lana!

¡ESTE YA!

¡Necesito hambre!

¡Necesito sed!

¡Necesito darme al ambiente mismo!

¡Quiero vivir!

¡Vengan! ¡Vengan!

¿Quién da más?

¡Aquí se subasta un hombre sin corteza!

Situado entre siete estrellas,

viviendo en un plano de nueve dimensiones.

Plástico.

Adolescente.

Un ángel dará la última primer voz.

¿Llevo dentro un mensaje?

ATLÁNTICO (1959-1964)

El amor es decir: “Ven a mi casa

y comparte conmigo la luz y la palabra.

Disfruta de mi paz, habla tu idioma

que es como el mío cuando tú lo hablas”.

El amor es decir: “Ven a mi mesa

a compartir el pan. Bebe de mi agua.

Enséñame el oficio de ser libre:

las palomas crecidas en el alba”.

Es alzar las banderas, es unirnos

en pie de Paz y combatir la guerra

marchar hacia una Aurora donde unidos

los hombres de otras tierras nos esperan.

El amor es decir “Ven a mi casa,

¡hermana, camarada, compañera!”

DEFINICIÓN DEL AMOR

Hoy comprendo que existe aún ese mundo

que había, como un libro, ya olvidado:

sobre varias ventanas, del profundo

balcón descienden flores, es dorado

el aire que presides. Me sorprendo

diciendo por ejemplo: “Te amo más

cada día, tú defines la Paz

y el acto de nombrarla”. (Hoy comprendo

que existe aún ese mundo). Nazco, encuentro

lentamente las cosas: una estrella,

el modo de nombrarte, el aire, el centro

primero del idioma o de la fe. Ya

reúno las palabras, hablo. Entro

en su violenta luz: La luna es bella.

CURAZAO 59

Jardín de los idiomas en el pecho de América,

navegas Curazao contra la costa ardiente,

—pez de fina madera y rosa de los vientos—

sobre tu puente gira la luna innavegable.

Jardín de la palabra, forjas en el liviano

rocío del idioma tu joya incandescente,

el cuarzo de tus bordes, como un grabado viejo

coronando la escueta rosa del papiamento.

Más que piedra o espuma tu costa resplandece

cuando serenos llegan, de mañana, los barcos

y estallan afiebradas las guitarras de tela.

Fuego y silencio esmaltan el mural de tu costa

donde furiosos brotan de repente los árboles:

las hojas como lanzas contra el aire golpean

y alejan de tus tierras para siempre la nieve.

PARÍS 60

Contra todos los idiomas,

contra ustedes, señores sapos, trilingües y políglotas,

contra la Real Academia de la Mala Lengua,

contra el seseo español,

contra el merci, merci monsieur y el monsieur merci bien,

contra los trapos del esperanto

el latinismo y las alhajas dialectales,

y especialmente contra la mano cubista del traductor

que cambia, como el banquero,

dracmas por dinares, rupias por chelines,

dólares por dólares por dólares.

Contra la jerigonza de las aduanas

y el jeroglífico de los sellos

echaremos al mar los pasaportes

y las fronteras y las bombas todas.

Sólo en ese silencio escucharemos

el diálogo del hombre, la marea

en las costas metálicas, la flecha

que traza en el asfalto una paloma,

y el rumor de las fábricas creciendo

bajo la carpa inmensa de la aurora.

Bajo la carpa inmensa de la aurora.

EN NOMBRE DE LA PAZ

Estoy tan confundido

que en el aire empañado veo un espejo,

que la luz se me rompe en las pupilas

cuando los ciegos cantan en el metro.

Que salgo al cielo tenso de la calle

y te escucho decir: Vamos, Severo,

escribe lo que ves. Y tu voz llega

más próxima y ardiente que mi pecho.

Sin embargo, estoy claro

en las pequeñas cosas, por ejemplo,

me gustaría convertir las armas

en juguetes de pan para los niños,

ir a tu lado, repartir la tierra,

enseñar el amor al enemigo,

hacer un alfabeto de columpios

para un parque infantil, ir los domingos

a conversar un poco de pintura:

“Este es Víctor Manuel, miren, amigos,

en la noche metálica de azules

los árboles de tiza, el amarillo”.

Sólo por estas cosas

hoy nombro el mar de estaño, el rostro ardiente

de los que esperan esta libertad

en la lluvia de azufre. Por la guerra

nombro la Paz inmensa y poderosa

creadora del cielo y de la tierra.

‘El silencio que no muere. Poemas (1953-1964)’, de Severo Sarduy. Edición y prólogo de Enrico Mario Santí. Huerga y Fierro, 2022.

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