CRÍTICA TEATRAL | SHOCK 1 - SHOCK 2

El ‘shock’ no para de estallar

El director Andrés Lima y su tropa de autores y cómicos se atreven con todo en las dos partes de Shock

Una escena de 'Shock 2 (La tormenta y la guerra)', dirigida por Andrés Lima. En vídeo, tráiler de la obra.LUZ SORIA

Shock 1 (El cóndor y el puma) y Shock 2 (La tormenta y la guerra) no pueden contarse fácilmente: imposible resumir todos los rostros, las historias, las guerras, las traiciones de unos y otros. Hay muchos relatos latiendo en esta singular y valiente combinación de teatro, denuncia, humor y espacios de Sudamérica, EE UU y Asia. La aventura viene de lejos. Una cámara que viaja en un formidable tren de actores y actrices a toda máquina en el ciclo de los enfrentamientos. Muchos no estábamos o lo veíamos desde lejos, o veíamos lo que nos contaban los hermanos mayores desde Chile o Buenos Aires. O a través de lo que nos relataban en aquella época revistas como Triunfo, o las fotos que parecían estar allí clavadas. Dicho de otro modo: olfateamos el miedo. Luego, para apurar la metáfora, el olor del miedo combatía protegido por el tren de actores y actrices a toda máquina.

El director de ambas obras, Andrés Lima, formaba parte de la compañía de Animalario, que sabía ser a la vez Magic y a veces Tragic Circus (o combinados). Comenzó como actor y en seguida encontró a sus hermanos y hermanas. Ahí van algunas de la banda: El fin de los sueños (1999), de Alberto San Juan; Tren de mercancías huyendo hacia el oeste (2002), de Alberto San Juan, Juan Mayorga y Juan Cavestany; Pornografía barata (2002), de Lima; Alejandro y Ana (2003), de Mayorga y Cavestany; Hamelin (2005), de Mayorga; Marat-Sade (2007), de Peter Weiss; Urtain (2008), de Cavestany; Falstaff (2011), de Shakespeare; Penumbra (2011), de Cavestany y Mayorga; Capitalismo. Hazles reír (2013), de Cavestany. Y el ciento y la madre. Me viene ahora a la cabeza el señor Robert Altman, entre lo dramático y el humor negro, esto es, entre El volar es para los pájaros y Nashville. Lima y la banda juegan a tantas bolas que a veces ligan carambolas gloriosas, como el pasmoso y lírico Desde Berlín. Tributo a Lou Reed (2014), de Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró; y a veces fuerzan un poco la cuerda de la farsa y se le tensa, como en Los Macbez (2014), de Casvestany. O Andrés Lima se arriesga a verdaderas historias de fantasmas como Sueño (2017).

Animalario reía a carcajadas y pegaba buenos dentellazos. Aquí se mezcla todo. Shock 1 está escrita por Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga, y comienza con el auge de la doctrina monetarista de Milton Friedman y sus Chicago boys. Shock 2, con textos de los mismos autores, empieza donde termina la primera parte, en los años ochenta, con la revolución conservadora capitaneada en Europa por Margaret Thatcher y en EE UU por Ronald Reagan, y culmina con el primer gran shock del siglo XXI: la guerra de Irak, de la que España fue partícipe.

En ambas partes hay bastantes actores y actrices echando el bofe en el escenario. Ahí va el peligroso hit parade de muchos. Antonio Durán se juega el tipo interpretando a Allende, Pinochet, Borís Yeltsin y Carl Smith (y bastantes más). Natalia Hernández también juega a señoras tan indefinibles como Lucía Hiriart, Marta Sánchez, Ana Botella y Nancy Reagan. No son las únicas, desde luego. Esteban Meloni se convierte en Richard ­Helms, Jorge Videla y Marito Kempes, y repetición (pero distinta) del nuevo encuentro con Presley. María Morales corta el hipo interpretando a Margaret Thatcher y Hebe de Bonafini. Guillermo Toledo es Richard Nixon, George Bush padre e hijo y Ronald Reagan zampando a la Animalaria usanza. Más, más, más: el imparable Juan Vinuesa se transmuta en Milton Friedman, Henry Kissinger, José María Aznar, Jorgelino Vergara, El Mocito. Y no se pierdan a una actriz con el fuego de Alba Flores en los roles de mujer árabe, Minal y periodista. Y ahí va el dueto de Paco Ochoa: Tony Blair y Donald Rumsfeld.

Los episodios de Shock no solo atrapan por su narración periodístico-histórica, sino que además lo cuentan con extremo vigor. Hay pasajes que logran fijar cambios en espacios peligrosos, donde se mezclan la farsa y el miedo. Y hay momentos en los que las actuaciones de los intérpretes pueden resultar excesivas, pero están a favor de la comprensión y el pacifismo. ¡Adelante!

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