Califato 3/4, a la verdad por el andalucismo

Mezclan la Feria de Abril con la música ‘rave’ y firman la banda sonora del ‘deep fake’ de Lola Flores. El grupo publica su segundo disco, ‘La contraçeña’

Los integrantes de Califato ¾, en la cárcel Modelo de Barcelona, en septiembre de 2020.
Los integrantes de Califato ¾, en la cárcel Modelo de Barcelona, en septiembre de 2020.CRISTOBAL CASTRO

A finales de septiembre del pasado año, nos citamos con Califato ¾ en la Modelo de Barcelona —son esa gente a la que debes conocer en la cárcel, sí—, donde iban a actuar en las fiestas de la Mercè. Tras media hora abriendo latas de cerveza y preguntando a cualquier humano que pasara cerca si era posible fumar allí, la banda confesó que la continuación del exitoso Puerta de la Cânne, uno de los discos más vanguardistas y a la vez socialmente relevantes que se han publicado en este país en mucho tiempo, ya estaba compuesto y grabado. “Nos juntamos el fin de semana del confinamiento, y en cuatro días lo sacamos. Por nuestra forma de funcionar, tenemos que quedar y vernos. Todo en poco tiempo y dedicándole muchas horas cada día. Si hacemos un disco quedando una vez por semana durante dos años no saldría algo que fuera nuestro rollo”, confesaban estos cinco andaluces con un bagaje previo como productores y músicos de electrónica, que decidieron juntarse y lanzar un potente mensaje de andalucismo y modernidad, de radicalidad y conciencia social, mezclando a Blas Infante con el hip-hop, a Lorca con el footwork, la Feria de Abril con la música rave, la Semana Santa con el dub. Esa idea de Andalucía como lugar pintoresco atrapado en el tiempo, mezclada con esa realidad —poco publicitada porque, si se hace popular, podría quitarle al asunto el encanto folk— que nos habla de Andalucía como un lugar en el que se entiende perfectamente lo nuevo, porque se coloca dentro, o al lado, de lo viejo, jamás delante o detrás.

“Estamos jodidos. Se nos acaban los ahorros y, si no podemos volver a tocar, nos vamos a tener que poner a cuidar viejos… “. Cinco meses después, sin renunciar a las cervezas ni al cigarrito, los integrantes de Califato ¾ nos atienden de nuevo, esta vez vía Zoom, para hablar sobre ese segundo largo, La contraçeña, que se publica el 28 de febrero, Día de Andalucía. “Como nos llevamos mejor ha funcionado mejor, los ingredientes son los mismos, pero ahora está cocinado de otra manera. Hemos quitado más samplers y metido más instrumentación. Si queríamos una marcha de Semana Santa, no sampleábamos, la componíamos. Eso nos hace más maduros. También hay mucha colaboración instrumental, hemos metido vientos, instrumentos raros, cosas que han enriquecido mucho el disco”, apuntan sobre un largo que tiene todo el aspecto de convertirse en un punto y aparte en la música de este país. En él se encuentran prácticamente los mismos elementos que convirtieron musical y conceptualmente Puerta de la Cânne en algo tan brillante como relevante, solo que mejor armados y expandidos a elementos nuevos como Camela o el acid house. Temas como esa marcha de Semana Santa hip-hop (hola, C. Tangana) que es la enorme ‘Çambra der huevê çanto’, la copla digital de la fabulosa ‘Pascual Duarte 33’ o el irresistible quejío fronterizo de la apabullante ‘Guahija playera’ nos hablan de un grupo que ha cumplido prácticamente todas las promesas que formuló en su anterior largo. El camino, eso sí, no ha sido fácil.

“O lo hacíamos o el grupo se disolvía por una cuestión económica”, intervienen cuando se les pregunta sobre qué ha significado para ellos que su tema ‘L’ambôccá’ apareciera en el célebre anuncio de la cerveza Cruzcampo, aquel del deep fake de Lola Flores que ha salido mencionado hasta en los telediarios y que no sabemos el impacto que va a tener en la popularidad del grupo, pero tenemos claro que debemos agradecerle la existencia de este segundo disco. “El anuncio ha hecho que podamos funcionar en 2020. Eso es lo principal. Pura supervivencia. Tuvimos nuestra disyuntiva moral, porque es una multinacional y tal. Tenemos nuestras ideas políticas y nos suponía cierta disonancia cognitiva. Pero también había muchos pros. Cruzcampo es un símbolo andaluz. Y que, como muchos símbolos andaluces, ha sido denostado. Si fuera de Cuenca, nadie odiaría esa cerveza. Empoderar ese símbolo estaba en sintonía con nuestro discurso”.

La irrupción del grupo en el panorama nacional ha ayudado a visibilizar una escena musical andaluza alrededor de los sonidos electrónicos más contemporáneos. Los componentes del colectivo —actualmente cinco: Curro, Chaparro, Lauren, Sergio y Esteban— han ayudado durante años a estructurar esa escena bajo el nombre de BSN Posse, S Curro o Digital Diógenes. Cuando se juntaron en una casa a cocinar, beber y hacer música durante unos días hace un par de años, se dieron cuenta de que no solo tenían un producto musical de empaque, sino que este podía armar un discurso intelectual alrededor de un nuevo andalucismo. “A ver, no somos los líderes de nada, porque si nosotros debemos liderar algo, mal vamos”, bromean al respecto. “No vamos en contra de lo que hay, no somos lo opuesto a Canal Sur, ellos son el medio oficial y nosotros nos nutrimos de ellos, les robamos. Hackeamos a Canal Sur. Nos sentimos cercanos a ese andalucismo que surgió de Internet. Con más humor y sin la caspa que ha tenido siempre el andalucismo de algunos partidos políticos. Salieron rana todos. Pero hay una nueva vertiente política y cultural que nos parece muy interesante. Gente que desarrolla la lengua andaluza y la gramática. Todo el mundo de los memes, grupos de música, marcas de ropa, colectivos y asociaciones. Hay mucha gente más en el plano ciudadano que en el político y creemos formar parte de ese movimiento”, comentan.

Han aprendido a estar en paz con todo un folclore en forma de losa metafísica con el que se les cargó de pequeños y que, con el tiempo, no solo han dejado de odiar, sino que incluso han abrazado. “Por ejemplo, la religión. Mira, si coges solo las ideas, el catolicismo es de izquierdas. Luego, la Iglesia ya es otra cosa… Está presente en nuestras vidas, con la Semana Santa, los pasos, las bandas… Lo que pasa es que, para nosotros, eso ya es tradición, no es solo religión. Al final todo va de intentar ser buena persona”.

Musicalmente, el trayecto de integración ha sido similar y en sintonía al que otros grupos recientes de este país han podido vivir con, por ejemplo, la zarzuela o el pasodoble. Califato ¾ forman parte de una nueva hornada de músicos que han entendido que, si un grupo español quiere tener sentido abrazando nuevos sonidos globales, debe hacerlo aportando tradición local. Si no, es uno más, uno que puede venir de Seattle o de Düsseldorf, y de esos ya hay muchos. Si ser cosmopolita en los noventa se definía por la capacidad para imitar lo que llegaba de fuera, en esta década se asimila lo de fuera con lo que uno lleva dentro. “Es que, mira, de la copla se puede coger algo. De pequeño igual reniegas porque te parece caspa, pero cuando creces aprendes a darle valor, a ver qué puedes sacar de todo eso. El folclore forma parte de nuestra cultura y lo reivindicamos todo. Para nosotros ese folclore es algo en constante movimiento, algo que muta. Lo viejo tiene la misma importancia que lo nuevo”.

La contraçeña. Califato 3/4. Breaking Bass Records.

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