TEATRO | CRÍTICA DE 'TESTIMONI DE GUERRA'

Desde los ojos del huracán

La trágica historia de dos reporteros de guerra reales inspira a Pau Carrió una obra que sacude como pocas

Laura Aubert, en 'Testimoni de guerra'. En vídeo, escena de la obra.MAY ZIRCUS

Quedan pocas funciones para ver Testimoni de guerra en la sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya de Barcelona, pero he querido escribir estas líneas para pedir que gire por Cataluña y luego en castellano, por España. Está compuesta y dirigida por Pau Carrió, e interpretada por Pol López y Laura Aubert: pocos montajes como este me han sacudido dejándome con el pecho golpeado, con dificultad para respirar. Digo que la pieza está “compuesta”, y Carrió es más preciso utilizando el término “poemas dramáticos”. Dos periodistas que lanzan dos monólogos con ritmos de poemas violentos: ‘¿Ayudaste a la niña?’, centrado en los últimos días del fotoperiodista Kevin Carter, y ‘Desde el ojo del huracán’, varios fragmentos intensos de la vida de la corresponsal de guerra Marie Colvin, asesinada a los 56 años en 2012 por el ejército sirio, durante la cobertura de Homs.

Colvin, dice Carrió, era una fuerza: se atrevió a cubrir enfrentamientos armados en Oriente Próximo, los Balcanes, Chechenia, Sierra Leona, Sri Lanka y otros tantos nidos de muerte, hasta que encontró la suya. El sudafricano Kevin Carter fue el autor de una terrible foto: una niña flaquísima contemplada por un buitre en los días de hambre de la guerra de Sudán, en 1993. La foto, dice el dossier del TNC, fue disparada por Carter y publicada en el New York Times el 26 de marzo: el mismo día recorrió el mundo entero. Y recibió el premio Pulitzer, como la imagen que mejor representaba “los últimos 70 años de historia de la humanidad”. Hay una brutal ironía trágica: Carter ganó el premio por la foto, pero se multiplicaron las acusaciones e insultos de aprovecharse del dolor de la niña. Torturado por el alcohol y la culpa reiterada (“¿Por qué no ayudaste a la niña?”), el fotógrafo se suicidó a los 33 años, a los cuatro meses del Pulitzer.

Pau Carrió escribió los dos textos en la primavera de 2018. Lo primero que me llamó la atención fue el reparto: Pol López (Carter) y Laura Aubert (Colvin) se dieron a conocer como talentos de la comedia. Laura Aubert fue descubierta por Lluís Pasqual y revelada como la Llucieta de Els ferestecs. Luego alternaría más piezas dramáticas y de nuevo joyas de humor, entre las que las que destacarían una adaptación de L’hostalera (a cargo, sorpresa, de Pau Carrió) y ese mismo año (2017) La tendresa, la versión catalana del éxito de Alfredo Sanzol. Por su parte, Pol López saltó a escena con el personaje de Ivan i els gossos, que parecía un crío imaginado por un Dickens ruso. Otras piezas que no olvido: entre muchas, destaco El curiós incident del gos a mitjanit (quizás su mayor éxito), La calavera de Connemara y una conmovedora lectura de Esperando a Godot.

Era un viernes al anochecer, cielo oscuro, frío. Aire de inquietante templo del futuro, al borde de la muerte, con iluminación de Judit Colomer, iluminación de Raimon Rius. De camino a la sala Tallers pensé, siempre tan optimista: “Aquí habrán venido cuatro gatos”. A los cinco minutos el aforo estaba desbordado. Pero más me costó reconocer a López y Aubert. Habían desaparecido los cómicos: tenía delante a dos víctimas de la guerra en todos los sentidos. Dos formidables y tremendos trabajos físicos y psicológicos, como pocos se han visto. ¿Cómo respiran esos pulmones?

Casi podían sentirse sus labores agotadoras, transformadoras; la angustia, el peso de la guerra, de las balas. Y lo contrario: atravesar la contienda como si no estuviera sucediendo, como si simplemente cayeran a su lado. Nos hacen sentir esa oscuridad en sus cuerpos. Dos horas de teatro, a poca distancia de los espectadores. Dos horas sin entreacto: esto no puede pararse. Como aquella canción de Dylan, These Wheel’s On Fire, esa rueda está ardiendo.

El texto de Carrió recibió el Premio Quim Masó de Gerona a proyectos de producción teatral. ¡Qué texto, qué verdad, qué intérpretes! Kevin Carter lanza fogonazos filosóficos. Atrapo este: “El mundo que he aprendido a fotografiar es el que nuestra vida de sudafricanos blancos ha aprendido a esconder tras la cortina de la ignorancia selectiva. Un mundo que desaparece con el tiempo como una fotografía sin fijador. Un dolor ligero. ¿Se puede pesar el dolor?”. La oscuridad a través de las fotos de Carter: “Fotografiamos la guerra encubierta en los suburbios, las prisiones del apartheid, las celdas de la muerte. Gente matándose a machetazos. Un hombre hundiendo un neumático en llamas sobre el cuello de otro hombre que morirá ante ti, ardiendo. Cuantos más cadáveres había en mis historias, cuanta más sangre y violencia, más chicas guapas había a mi alrededor. ¿La muerte nos excita? Aquella noche me bebí una botella entera de bourbon”.

Marie Colvin fue especialista en el mundo árabe, reportera de guerra en el diario británico The Sunday Times. Cuando le preguntaban sobre su futuro decía que quería ser “la nueva Jacqueline Cousteau”. El 22 de febrero de 2012 fue asesinada por agentes del Gobierno sirio. También dijo: “Nuestra misión es informar de los horrores de la guerra con precisión y sin prejuicios”. Un fotógrafo sudafricano amigo, Joao Silva, pisó una mina y perdió dos piernas hasta las rodillas. Recordó, durante el entierro, que un diario publicó un titular preguntando ¿Marie Colvin no ha ido demasiado lejos?’. “Mi respuesta fue, entonces y ahora, que valía la pena”.

Testimoni de guerra. Texto y dirección: Pau Carrió. Teatre Nacional de Catalunya. Sala Tallers. Barcelona. Hasta el 31 de enero.

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