TEATRO | CRÍTICA DE 'EL MÈTODE GRÖNHOLM'

De vuelta a Grönholm

La obra que dio fama a Jordi Galceran ha vuelto a Barcelona con una nueva puesta en escena de Sergi Belbel, el mismo director que la estrenó por primera vez en 2003

Escena de 'El mètode Grönholm', dirigido por Sergi Belbel. En vídeo, tráiler de la obra.Vídeo: DANIEL ESCALÉ

En mayo de 2003 se estrenó El mètode Grönholm, de Jordi Galceran y dirigida por Sergi Belbel, en la sala Tallers del TNC de Barcelona. A las pocas semanas, los cuatro intérpretes (Jordi Boixaderas, Roser Batalla, Lluís Soler y Jordi Díaz) pasaron al teatro Poliorama de las Ramblas, donde permanecerían tres temporadas. Belbel acuñó una certera definición: “En el teatro hay fracasos, aventuras, éxitos y fenómenos. El mètode Grönholm entra en esta última categoría”. En mi crítica de entonces dije otra frase que tampoco estaba mal: “Si yo tuviera pasta, la metía en esta función, porque va a dar un montón de dinero”. Lástima que no pudiera hacer realidad mi deseo. Hagan ustedes cuentas: Grönholm acaba de volver al Poliorama a finales de 2020, dirigida otra vez por Belbel, y con un nuevo elenco, también elegido por el director, como sucede desde entonces por deseo de Galceran. Este es el nuevo y no menos estupendo reparto: Enric Cambray, Marc Rodríguez, Mar Ulldemolins y David Verdaguer.

Desde 2003, entre las veces que he visto la función y las que he anotado aquí y allá, necesitaría medio diario para echar la cuenta. Voy a lo esencial. En 2004, en el Marquina madrileño, se hizo la obra en castellano a las órdenes de Tamzin Townsend, con otro reparto notable. El mametiano Carlos Hipólito se llevó el gato al agua. E igualmente poderosos estuvieron Cristina Marcos, Jorge Bosch y Jorge Roelas. “¿Qué fue de él?”, le pregunto a Galceran. Me cuenta: “Un actor muy bueno que dejó la escena. Escribió dos comedias, estrenó una, pero no acabaron de arrancar”.

Coincido con Galceran en que Grönholm “es una máquina que misteriosamente sigue funcionando”. La única escena que me resulta un poco larga es la de los disfraces. “Quizás es la que, por alguna razón, te la sabes más”, dice. Y señala que tal vez tanto el reparto como el público sean más jóvenes. “Y el público por eso ríe con más fuerza”. Le digo: “Para mí, el texto es el mismo y el elenco sigue teniendo mucha fuerza”. Galceran: “Hay gags nuevos, o iguales pero contados de otros modos. Claro que, gustando todos mucho, la he visto tantas veces que para mí, en catalán, solo me viene a la cabeza el primer reparto, por aquello de que quien da primero da dos veces”. También recalca, sabiamente, que el reparto actual en el Poliorama gusta mucho porque son más jóvenes: “Me parece que tienen las edades de los personajes: los ejecutivos que luchan para abrirse camino. Luchan con ferocidad. Y, como el público, lo entienden todo perfectamente”.

Me recuerda Galceran que en Madrid volvieron a hacerla, en el Cofidis Alcázar y el Infanta Isabel. “Con Luis Merlo, Marta Belenguer, Vicente Romero y Jorge Bosch, que había pasado del Marquina. Nos tumbó la pandemia. Quizás volvamos a Madrid en febrero o marzo”. Galceran me contó algunos problemas anglosajones. Mike Nichols iba a dirigirla y murió dos días antes de hacer la primera lectura. En Los Ángeles hubo una producción, pero no pasó a Nueva York. Luego se hizo en Londres. “Se estrenó en el Menier Chocolate Factory. Nuestro padrino era Sam Mendes, amigo del director. Los actores eran buenísimos, pero a la crítica no les gustó la escena del transexual. Escribieron que aquello no era aceptable. A la mujer de Mendes también se le atravesó. Y no hubo manera de que muchos se arriesgaran a llevarlo a un teatro más comercial. O sea, que no pudimos tener críticas”. El dramaturgo me señala que la comedia volvió al Poliorama por la insistencia de Toni Albadalejo, el factótum de Anexa. “Haría ahora unos 14 años que no se montaba en Barcelona”, me dice. Y estoy de acuerdo con Galceran en que el reparto catalán actual es muy bueno. Marc Rodríguez, con un perfil entre ingenuo y encabronado, está impecable en ese registro inesperado. Y Mar Ulldemolins tiene peligro como una agente de MI6. Enric Cambray no se pasa un pelo. Y David Verdaguer tiene un lado de humanidad y otro implacable. ¿O nos lo imaginamos?

Jordi Galceran y el productor Jaume Buixó pusieron en escena Los asquerosos, adaptación de la novela de Santiago Lorenzo, que se ha estrenado en el madrileño Teatro Español, con el fenomenal Miguel Rellán y el buen tándem de Secun de la Rosa, dirigida por David Serrano, hasta el 24 de enero y luego gira. Y Galceran tiene en marcha otra nueva obra. “Le estoy dando los últimos retoques. Es la historia de cuatro chicas que se juegan el tipo subiendo una montaña. Aunque no lo parezca, es una comedia amable. Se llama Las alpinistas. No quiero estrenar hasta que pase la pandemia”.

Charlando, caemos en la cuenta de que Grönholm tiene ya casi 20 años. Volvió al castellano en el Marquina, con Juan Codina, Francesc Albiol, Toni Acosta y Rafael Castejón, en 2010. Y en montón de plazas. En Moscú, 15 años. En Alemania, de 10 a 12 años. A la salida, escucho a una pareja madura que dice: “Hay gente joven que la tiene que ver”. Galceran sonríe, orgulloso, humilde, feliz.

El mètode Grönholm. Texto: Jordi Galceran. Dirección: Sergi Belbel. Teatre Poliorama. Barcelona. Hasta el 28 de febrero.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS