TEATRO | CRÍTICA DE 'LA COMEDIA DE MARAVILLAS'

Salud, gloria y pesetas

Lluís Homar dirige con presteza un resumen de nueve sainetes de Ramón de la Cruz hilvanados por Lluïsa Cunillé

Una imagen de 'La comedia de maravillas'.
Una imagen de 'La comedia de maravillas'.Sergio Parra

Una revista de sainetes metateatrales, una comedia musical de bolsillo y un ejemplo de que la mezcla de documental y ficción era moneda corriente en la escena dieciochesca. En La comedia de maravillas, producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Lluïsa Cunillé condensa en hora y veinte minutos nueve sainetes en los que Ramón de la Cruz muestra el día a día de los teatros en la década de 1770. Sus intérpretes originales hacían de sí mismos, se llamaban por sus nombres ciertos y representaban acciones donde los límites entre lo verdadero y lo fabulado resultan imprecisos. El autor madrileño escribió siete de ellos para la compañía del autor Eusebio Ribera, cuya rivalidad con la de Manuel Martínez reflejaron Larra y Barbieri un siglo después en su zarzuela Chorizos y polacos.

El teatro en el final del XVIII despertaba pasiones encontradas: la afición, que llevaba cintas con los colores de la compañía de la que era forofa, adoraba a sus figuras y a los nuevos fichajes. Hoy es imposible reproducir el juego que daban Josefa Figueras, Polonia Rachel, Gabriel Chinita, Josef Espejo y el resto de los polacos (como se denominaba a los cómicos de Ribera) representándose a sí mismos, pero no por ello estos sainetes pierden ingenio, impulso festivo, vigor humorístico, espíritu satírico ni sustancia metateatral. Xavier Albertí, dramaturgista de la CNTC, ha entreverado la función con músicas de revistas y zarzuelas de Chueca, un siglo posteriores, que aquí calzan de perlas, y Elisa Sanz y Pier Paolo Álvaro la han ataviado con ropas que son acertado crisol de épocas.

Lluís Homar, director de la CNTC, y su adjunto Óscar Valsecchi, llevan el espectáculo con presteza, en un expresivo escenario central, con el público a cuatro bandas, como solían ser los escenarios del Teatre Lliure del barcelonés barrio de Gracia que pisara Homar. Lluïsa Cunillé, responsable de la versión, recorta los nueve sainetes profusamente y confecciona con ellos una obra sin solución de continuidad, un puzle atinado en el que se echan de menos algunas de las piezas eliminadas: con uno de los sainetes hace la cabeza de la nueva criatura, con otro el tronco, con otros dos las extremidades, el quinto lo usa de corazón y del resto entresaca rasgos y detalles. En el amplio elenco cabe destacar la chispa de Carolina Rubio y el oído musical de Pablo Béjar, Raquel Varela y Miguel Ángel Amor.

La comedia de maravillas. Texto: Ramón de la Cruz / Lluïsa Cunillé. Dirección: Lluís Homar. Teatro de la Comedia. Madrid. Hasta el 14 de febrero.

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