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Los años en los que el deporte español dominó el planeta

No hay una explicación, pero, por accidente o magia, España se convirtió entre 2008 y 2016 en el vivero de la élite deportiva mundial

Andrés Iniesta, tras su gol en la final del Mundial de 2010.Alejandro Ruesga

Fueron los años de la crisis mundial, de la pérdida de miles de puestos de trabajo, del cierre de empresas y de cuando en las noticias empezaron a aparecer las imágenes de personas desahuciadas entre protestas de activistas y vecinos. Pero también fueron los años de la euforia deportiva, esos en los que España parecía que lo ganaba todo.

Fútbol

Cruyff, Guardiola, Iniesta y los cuatro jinetes de la apoteosis

El fútbol del siglo XXI es un torrente tumultuoso, y por debajo una larga corriente tranquila que brotó en España un año antes de la muerte de Franco, cuando el Barça le ganó 0-5 al Real Madrid y el encantador Johan Cruyff —­hijo mestizo de Di Stéfano y Pelé llegado de Holanda— nos abrió los ojos, y en 90 minutos hizo más por el balompié que cien años de evolución. La inercia fue imparable. El fútbol total dejó de ser una entelequia y 20 años después, Cruyff, de entrenador del Barça ya, lo llevó a su apogeo. Allí nació el Pep Guardiola sabio, futbolista y técnico, y en el jardín de La Masía florecieron Busquets, Iniesta, Messi, Xavi, adelantados de una generación que, conjuntada por Luis Aragonés, primero, y Vicente del Bosque, después, técnicos de sabiduría antigua y sentido común, vivieron entre 2008 y 2012 el quinquenio más brillante de la historia del fútbol español resumido en tres segundos de apogeo: el pase de Xavi a Fernando Torres en la final de la Eurocopa en el Prater de Viena; el gol de Iniesta a Holanda en la final del Mundial de 2010 en Sudáfrica y la gran fiesta final tras el 4-0 a Italia en la Eurocopa de 2012 de Ucrania y Polonia.

Baloncesto

Una fábrica de éxitos llamada Pau Gasol

Una ascensión irresistible, un líder comedido, de hablar suave y mirada centelleante. Inteligencia. Pau Gasol, un gigante de Barcelona, 2,13 metros de altura, llegó a la élite mundial como líder de los llamados júniors de oro del baloncesto español, el equipo que derrotó a Estados Unidos en el Mundial juvenil de 1999. Casi 30 años después, es uno de los dirigentes más respetados del Comité Olímpico Internacional (COI), organismo del que forma parte de su ejecutiva y que probablemente presidirá en el futuro. Entre medias, una carrera única en las canchas, un jefe persuasivo y convincente con compañeros y dirigentes, un estilo propio, que llegó a la NBA cuando solo un español, Fernando Martín, lo había hecho antes, y arrastró con él a sus compañeros de generación: Navarro, Calderón, Garbajosa, Rudy Fernández, Ricky Rubio y hasta su hermano Marc. Ganó dos anillos de titular con los Lakers (2009 y 2010), fue íntimo de Kobe Bryant y condujo a la selección española, que nunca había vivido nada igual, a dos finales olímpicas (2008 y 2012), a tres oros en campeonatos de Europa y a uno en un Mundial.

Tenis

Rafa Nadal, dios platino en la edad de oro del deporte

Conjunción astral, alineación planetaria. España se convirtió, durante unos años, en vivero ubérrimo de campeones. Los mejores del mundo coincidieron en un decenio que las autoridades políticas deportivas, tan ajenas como todos a las razones de su florecimiento, no dudaron en bautizar como la edad de oro del deporte español. Brilló más que ninguno Rafa Nadal, dios de Roland Garros (14 victorias entre 2005 y 2022), oro olímpico en Pekín 2008, protagonista ese mismo año de la que quizás fue la final más recordada de Wimbledon: victoria sobre Federer en cinco sets, casi cinco horas, casi noche cerrada en Londres, todos los elementos de la épica en un partido que puede ser el Borg-McEnroe del siglo XXI. Con Nadal fue como si todos los genios del deporte español se conjuntaran, como si seres únicos como Seve Ballesteros y su imaginación loca con el palo de golf o Miguel Indurain (seriedad, solidez, organismo privilegiado) le hubieran donado sus genes para construir su palacio: 22 títulos de Grand Slam, dos oros olímpicos, cinco Davis… El único deportista español que podría ser considerado el mejor de la historia en su deporte.

Motor

Sueños, victoria y llantas: la era de la cilindrada de fuego

El olor a gasolina quemada y el ruido explosivo de motores revolucionados era patrimonio de Fernando Alonso, el único piloto español de F1 campeón del mundo, hasta que en la segunda década del siglo, las motos, siempre un peligro latente, calentando motores, podría decirse, en cilindradas menores, tomaron el protagonismo a todo lo grande con el mallorquín Jorge Lorenzo, el primer español que, aun compartiendo Yamaha, se atrevió a desafiar, y derrotar, a Valentino Rossi, quizás el mejor de la historia entonces, en MotoGP. Lorenzo, y su chupachups siempre entre los labios, fue tres veces campeón del mundo en MotoGP (2010, 2012 y 2015), tres veces subcampeón y sumó 47 victorias en grandes premios. Si no hubiera existido Lorenzo, abriendo puertas, derribando complejos, no habría sido posible, quizás, la figura de Marc Márquez, el heredero que agrandó el reino hasta límites propios de las conquistas de Alejandro Magno, y la misma determinación sobre heridas y accidentes. Con sus siete títulos de MotoGP (más uno en 125cc y otro en Moto2, cuando aún era casi un niño), puede disputarle a Rossi el título de mejor de la historia.

Ciclismo

La gran racha de Contador en los turbulentos años del dopaje

Hasta 1991, en 77 años de historia, solo tres españoles —Bahamontes, Ocaña y Perico Delgado— habían ganado la grande boucle. En los 20 años que van de 1991 a 2010, nueve Tours tuvieron ganador español: los cinco de Indurain, el de Pereiro, el de Sastre y los dos de Contador. Pasada la placidez acelerada de Miguel Indurain, y su quinto Tour en 1995, el ciclismo mundial atraviesa un periodo turbulento con el misterio Lance Armstrong y su resaca. Pereiro gana de rebote, por descalificación de Floyd Landis, el Tour de 2006; y en 2007, Contador gana su primer Tour por la expulsión de Michael Rasmussen. El dopaje tiñe todas las victorias. En 2008, Carlos Sastre gana el Tour, una carrera en la que la Policía interviene con nocturnidad para detener a ciclistas en los hoteles y exhibirlos esposados camino de comisaría. En 2009, Contador repite y Armstrong regresa después de haberse retirado imbatido cuatro años antes, para descubrir la derrota que lo redima. El tercer Tour de Contador, que gana también tres Vueltas y tres Giros en nueve años, dura apenas tres meses de 2010 en su palmarés. Lo pierde por dopaje, como también el Giro de 2011.

Atletismo

Resistencia y persistencia: la clave de la victoria de Ruth Beitia

Como pasaba con los campeones de antaño, en el atletismo español no ha habido ni un antes ni un después de Ruth Beitia, campeona olímpica de salto de altura en los Juegos de Río 2016. Una joven zanquilarga de Santander a la que un entrenador metódico y entregado, Ramón Torralbo, convence de que puede llegar a tocar la luna en una especialidad en la que, ni en hombres ni en mujeres, España había destacado, aunque en la memoria de los viejos siempre está la imagen de Sagrario Aguado, uno de los primeros nombres del atletismo español, saltando a lo Fosbury en una piscina. Beitia, la única atleta española que se ha elevado por encima de los dos metros (2,02 es su récord, establecido ya en 2007, cuando tenía 28 años), encarna mejor que nadie los valores de resistencia y persistencia en un mundillo atlético en el que las principales rivales, las saltadoras rusas, eran sospechosas de recurrir a sustancias prohibidas. Y paciencia. No fue campeona olímpica hasta los 36 años, la coronación de una carrera de más de 10 años con varios títulos de campeona de Europa y medallista en campeonatos mundiales.

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