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El debate

El Rocío y Doñana

La romería almonteña y el parque natural están condenados a entenderse, lo que queda por dirimir es en qué condiciones

Romeros en Sanlúcar de Barrameda.
Romeros en Sanlúcar de Barrameda.

El problema es el volumen, como pasa en casi todas las tensiones entre el hombre y la naturaleza. Un ejemplo: los biocombustibles, sobre el papel, parecían una buena idea. Cuando se usan para mover un vehículo se emite menos CO2 que con los derivados del petróleo. Y Europa implantó un plan para impulsarlos. Pero cuando se generalizó su uso en los países desarrollados, los expertos alertaron: para cultivar la soja o la palma con la que se obtienen muchos de esos biocarburantes se deforestan amplias zonas del planeta, que ejercían hasta entonces de sumideros de CO2. Era peor el remedio que la enfermedad. Y Europa ha rectificado y limitado su uso.

La tensión entre Doñana y la romería del Rocío (Huelva) es también una cuestión de volumen. En pocas horas, cerca de 45.000 personas y 4.000 vehículos atraviesan esta emblemática reserva europea de biodiversidad por sus tres caminos rocieros camino de la aldea almonteña. Y, cómo no, tiene impactos en el parque.

Según la última memoria del espacio natural (la de 2015), tras varios años de descenso del número de romeros por la crisis vuelve a haber un repunte. “El problema no es el Rocío. Es que cada vez somos más gente con mucha movilidad. Este mismo problema se puede extrapolar a la Tomatina, al turismo o a la recogida de setas en el monte”. Juanjo Carmona es el coordinador de la oficina en Doñana de la organización ecologista WWF. Su organización acaba de denunciar los daños en una zona importante para el lince ibérico en Aznalcázar (en el límite del parque) para acondicionar un paso para los peregrinos. También la desaparición de tres pollos de águila imperial supuestamente por la masificación de uno de los caminos que atraviesan Doñana.

Carmona recuerda que, en los años setenta del siglo pasado, eran 50 las hermandades del Rocío. Ahora, rondan las 120. Ese crecimiento de la afluencia a esta celebración, con siglos de historia a sus espaldas, ha sido paralelo a “la popularización del coche y el aumento del nivel de vida”. “Y crea impactos”, señala Carmona, quien apuesta por abrir el complicado debate sobre si se debe restringir la afluencia de romeros que atraviesan Doñana. “Se necesita que se siente mucha gente para debatir, pero sin extremismos”.

Eso sí, este responsable de WWF añade: “El Rocío no es uno de los problemas graves de Doñana; van a convivir y tienen que ser compatibles. El robo del agua sí es incompatible con Doñana. El dragado del Guadalquivir sí es incompatible con Doñana. Pero el Rocío y Doñana se van a tener que entender”.

Y la pregunta a responder sería: ¿qué volumen de peregrinos es compatible con la conservación de este tesoro patrimonio de la humanidad?

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